Pakistán

La infancia atrapada en las zonas de conflicto armado necesita ayuda

Imagen del UNICEF
© UNICEF Pakistan/2009/ Grusovin
Maryam, de 12 años de edad, y su abuela, tuvieron que permanecer en su aldea durante los dos meses que duró el conflicto armado.

Por Shandana Aurangzeb Durrani

MINGORA, Pakistán, 10 de agosto de 2009 - Maryam, una niña de 16 años de edad, se acurruca junto a su anciana abuela Musakhel, en el hospital central de Mingora, que recientemente reabrió sus puertas.

A fines de mayo, el Gobierno ordenó a los habitantes de Mingora que evacuaran sus hogares. Pese a que el resto de su familia huyó, Maryam permaneció en la aldea junto a su abuela y su padre durante los dos meses que duró el conflicto armado.

Debido al éxodo de la mayor parte de la población del distrito de Swat, la aldea de Maryam fue invadida por perros salvajes que fueron finalmente eliminados por efectivos del ejército.

"Mi abuela no me dejaba salir a la calle porque temía que los perros me fuera a devorar", comenta la niña con los ojos llenos de lágrimas.

Sufrimiento físico y mental

Ghafoorzada, por su parte, recuerda los relatos de Musakhel, su suegra, sobre los temores que padecieron ella y su nieta, quienes de noche no podían conciliar el sueño debido al miedo que les causaba el estruendo de los bombardeos.

Los habitantes de la región que quedaron atrás sufrieron graves daños físicos y mentales. Durante esos dos meses, la población careció de servicios de atención de la salud y el 11% de las escuelas resultaron destruidas o dañadas, incluso una cuarta parte de las escuelas primarias de niñas.

"El bombardeo que sufrió nuestra aldea fue tan intenso que yo estaba segura de que íbamos a morir", dice Musakhel. "Aún hoy me cuesta creer que hayamos sobrevivido".

La vida en la zona de conflicto

Los que permanecieron en sus aldeas durante el conflicto armado carecían de electricidad y agua corriente y vivieron bajo un constante y estricto toque de queda. Debido a la escasez de alimentos, las familias dependían de las verduras y frutas que podían cultivar y de los alimentos que habían almacenado antes del recrudecimiento del conflicto.

"Mi padre recogía ramitas y hojas secas para hacer fuego y cocinar", rememora Maryam. "Y yo caminaba hasta el arroyo para recoger agua".

"¡Mi hija ha perdido tanto peso!", exclama la madre de la niña con lágrimas en los ojos. "Cuando regresé a buscar a Maryam no la reconocí".

La vida vuelve a la normalidad

Hasta el 7 de agosto habían regresado a los distritos de Swat y Bruner unos 760.000 habitantes. Sin embargo, aún hay unos 1,3 millones de personas que continúan desplazadas.

UNICEF colabora con el restablecimiento de los servicios de salud, nutrición y educación, así como la restauración del suministro de agua y saneamiento y la creación de ámbitos donde se brinde protección a los niños y niñas que regresan a sus hogares. Para poder financiar esas labores de apoyo a los niños y niñas desplazados, así como a los que vuelven a sus lugares de origen, UNICEF ha solicitado 53 millones de dólares, de los que ya ha recibido 40.

Tras seis meses de ausencia,  Maryam es inmensamente feliz pues regresó recientemente a la escuela.

"Me siento muy contenta de ver a mi maestra y algunos de mis amigos", afirma. "Ahora puedo jugar de nuevo con ellos y podemos estudiar juntos".


 

 

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