Pakistán

Las mujeres y los niños afectados por el ciclón Yemyin encuentran refugio en espacios seguros

Imagen del UNICEF
© UNICEF Pakistan/2007/ Simeon
Sayani y su hija, de siete años de edad, regresan a su hogar tras permanecer en el Espacio acogedor para los niños, niñas y mujeres que estableció UNICEF en la aldea de Mureed Babbar.

Por Fatima Raja

PROVINCIA DE SINDH, Pakistán, 10 de enero de 2008 – Hace seis meses, cuando el ciclón Yemyin castigó a la región sudoccidental del Pakistán, unas 17.000 mujeres quedaron expuestas al abandono, los malos tratos y la violencia. Esas mujeres, que habían perdido todas sus pertenencias como consecuencia del desastre natural, carecían de documento nacional de identidad que les permitiera obtener compensación por los perjuicios sufridos.

Sayani, madre de dos hijos, y su esposo perdieron su hogar y su ganado debido a las inundaciones que provocó el ciclón. Recientemente, Sayani comenzó a realizar trabajo voluntario en el Espacio acogedor para los niños, niñas y mujeres de su aldea, Mureed Babbar, que recibe apoyo de UNICEF.

“Antes sabía muchas cosas, pero no tenía manera de describirlas”, explica Sayani. “Desde que comencé a venir aquí he aprendido a tratar todas esas cuestiones con confianza en mí misma y con firmeza”.

Un ámbito seguro y acogedor

En los nueve distritos de Baluchistán y Sindh que resultaron afectados por las inundaciones funcionan actualmente 54 Espacios acogedores para los niños, niñas y mujeres. En estos centros, los niños y jóvenes disponen de espacio para sus actividades recreativas y las mujeres tienen la oportunidad de relacionarse entre ellas y de obtener apoyo psicosocial.

Las actividades que se llevan a cabo en esos espacios varían desde las manualidades hasta la capacitación para la vida activa. En el centro de Mureed Babbar, Sayani enseña bordado tradicional, y recientemente comenzó a vender sus creaciones en el mercado de la región.

UNICEF y sus aliados colaboran con las organizaciones no gubernamentales y las autoridades locales en la distribución de botiquines de higiene. También prestan ayuda con los servicios sociales básicos, como el reemplazo de documentos extraviados y la inscripción de los nacimientos.

“Este centro es como mi hogar, y se encuentra en mi propia aldea”, comenta el marido de Sayani, que inicialmente tenía dudas acerca del trabajo voluntario de su esposa pero que ahora apoya el proyecto. “Los niños vienen aquí a jugar en un entorno seguro y mi esposa enseña manualidades. Me gustaría mucho que este espacio siguiera funcionando”.

Un sitio de la comunidad

Sharam Khatoon, movilizadora comunitaria de Mureed Babbar, recuerda que comenzó a notar cambios positivos en la comunidad apenas tres meses después que empezara a funcionar el centro.

“Cuando llegué a esta aldea, todos permanecían en sus hogares”, rememora la Sra. Babbar. “Los daños había sido tan enormes que los pobladores estaban alelados, retraídos y aislados”.

El personal de los Espacios acogedores para los niños, niñas y mujeres, que se financian mediante contribuciones del Comité Nacional de Holanda en pro de UNICEF, está compuesto exclusivamente por voluntarios y voluntarias como Sayani. Los espacios se establecen en edificios ya existentes con la esperanza de que el proyecto resulte sostenible y que sirva para potenciar a las comunidades donde funcionan.

“De esa manera, se trata de un espacio que les pertenece. Es un sitio de la comunidad”, señala Kamleshwer Lohana, que coordina el proyecto para Indus Resource Centre, una organización aliada de UNICEF.


 

 

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