Estado de Palestina

Para los adolescentes de Palestina, deslomarse y arriesgar la vida trabajando en los túneles es la única opción

Imagen del UNICEF
© UNICEF/NYHQ2012-0874/El Baba
Los palestinos de 17 años trabajan en un túnel con el contrabando de grava bajo la frontera entre Egipto y Gaza. Los túneles se emplean para el contrabando de bienes no disponibles en Gaza desde el comienzo del bloqueo en 2007.

Por Catherine Weibel

GAZA, Estado de Palestina, 9 de enero de 2013. En la pequeña parcela de tierra que discurre por la frontera sur de Gaza con Egipto se oye el estruendo de los generadores, entre cientos de tiendas de campaña blancas plantadas en un paisaje de arena y ruinas acribilladas de balas.

Situadas en los márgenes del municipio de Rafah, las tiendas esconden las entradas a los túneles bajo la frontera que se han utilizado para el contrabando de alimentos, combustible y materiales de construcción desde el comienzo del bloqueo hace cinco años. Según Israel, algunos túneles se emplean para el contrabando de armas hacia Gaza.

Dentro de una de las tiendas, una decena de adolescentes está sentada alrededor de un gran agujero, a la espera de que emerja a la superficie el último de sus amigos. El túnel, abierto en el suelo con refuerzos de madera, es lo suficientemente alto para que un hombre quepa de pie con la cabeza inclinada.

Los accidentes son abundantes. Desde 2009 han fallecido ocho niños y otros tres han resultado heridos en derrumbamientos, electrocuciones, ataques aéreos y explosiones de bombonas de gas.

Ver a niños que trabajan en los túneles no es algo raro, pero nadie sabe cuántos son. Para muchos propietarios de los túneles es más fácil contratar a niños, menos propensos a quejarse de las condiciones de trabajo o de la paga. Los progenitores argumentan no tener otra opción que enviar a sus hijos a trabajar en los túneles para ayudar a alimentar a la familia.

¿Túneles o tumbas?

A Mohammed* (16 años) lo enviaron a trabajar en los túneles cuando cumplió 14 años. "Una mañana, mi madre me cogió en brazos y me abrazó, entre lágrimas. Dijo que era un hombre y que desde entonces ya no iría a la escuela, sino que tendría que trabajar porque mi padre era demasiado viejo para encontrar trabajo", comenta. "Me obligaron a abandonar la escuela y acabé en un túnel".

Mohammed apenas puede abrir los ojos mientras habla, su frágil cuerpo está entumecido por el cansancio. "La primera vez que llegué al túnel, me asusté y lloré", recuerda. "No quería trabajar bajo tierra. El túnel parecía una tumba. Uno de los trabajadores me dio un pequeño comprimido para relajarme".

La pastilla era Tramadol, un analgésico de leve base opiácea y calidad deficiente, importado a través de los túneles desde Egipto. Se ha convertido en una droga popular en Gaza y puede resultar muy adictiva. Muchos niños que trabajan en los túneles afirman consumirla regularmente. "A veces me duele mucho el cuerpo, pero no obstante debo ir a trabajar, así que tomo la pastilla", afirma otro adolescente.

“¿Qué opción me queda?”

Mohammed gana 120 sheqalim (unos 30 dólares estadounidenses) por deslomarse en cada turno del túnel. Según dice, pudo haber encontrado trabajo en la construcción pero el salario es sólo un tercio de lo que gana actualmente. "Me gustaría ser electricista, pero no sé cómo lo voy a lograr", reflexiona.

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Mohammed* (17 años) llama a los trabajadores a la superficie mediante un cable de comunicación en un túnel. Según afirma, su familia le pidió que dejara la escuela por los túneles cuando por motivos de edad su padre no podía trabajar.

El amigo de Mohammed, Ahmad (16 años), continúa yendo a la escuela todos los días después de su turno de noche. "Mi maestro dice que debería dejar de trabajar en el túnel, ¿pero qué opción me queda? No puedo dejar a mi familia sin el pan sobre la mesa", se lamenta y añade que no deja de dormirse en clase. "Me temo que, al final, no me gradue nunca en la escuela".

Arriesgar la vida

Mohammed y Ahmad recuerdan que casi perdieron la vida juntos en el derrumbe de un túnel. "Supimos que la ayuda iba de camino y que quedaba algo de aire, pero una de las bombonas de gas que transportábamos tuvo un escape y nos asfixiábamos", recuerda Mohammed. "Nos entró el pánico y pensamos que íbamos a morir". Se rescató a los niños a tiempo, pero Mohammed estuvo hospitalizado una semana.

Según Mohammed, su primo -que trabajaba en otro túnel- no tuvo tanta suerte. "Las bombonas que transportaba explotaron cuando encedió un cigarrillo y murió", dice calmadamente el niño. "Odio las bombonas. No quiero transportar otra en mi vida, pero tengo que trabajar".

Saqer es educador en un espacio acogedor para los adolescentes de Rafah, que cuenta con el apoyo de UNICEF. Según cuenta, se cruza a veces con los niños que trabajan en los túneles y los persuade para que dejen su empleo.

“He convencido a un adolescente para que, en cambio, trabaje en una fábrica de botellas y ahora trato de encontrale una formación profesional, pues no quiere volver a la escuela", comenta el educador. El adolescente todavía trabaja en los túneles de vez en cuando porque resulta más rentable.

Desde que se relajó levemente el bloqueo en 2010, la cifra de túneles ha disminuido y el trabajo empieza a escasear. "No voy bajo tierra tan a menudo como antes", expone un trabajador de los túneles de 15 años de edad.

No parece tener claro si eso es algo bueno o malo.

*Todos los nombres se han cambiado para proteger las identidades.


 

 

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