Estado de Palestina

Los equipos de ayuda psicosocial de UNICEF ofrecen socorro a los niños y niñas palestinos en Jerusalén oriental

Imagen del UNICEF
© UNICEF Occupied Palestinian Territory/2010/Izhiman
Nariman Farhan, de 56 años, juega con sus nietos frente a su casa en el vecindario de Sheikh Jarrah en Jerusalén oriental.

JERUSALÉN ORIENTAL, 22 de noviembre de 2010 – En Cisjordania y en la Franja de Gaza, la ocupación militar marca el ritmo de la vida diaria. Niños y niñas de todas las edades se enfrentan a la violencia, el confinamiento, la falta de oportunidades y las dificultades económicas.

En esta situación, los equipos psicosociales de UNICEF proporcionan instrumentos a las familias para manejar la situación. “Nuestro lema es ‘si no eres parte de la solución, eres parte del problema’”, dice Laila Atshan, experta psicosocial de UNICEF.

Como mujer ciega que es, Atshan conoce bien las dificultades. “Trabajamos con ellos para mantener su cordura”, explica. “Tratamos de encontrar un espacio para el juego”.

Una vida en la incertidumbre

En el vecindario de Sheikh Jarrah, en Jerusalén oriental, algunas familias han perdido ya sus casas y otras se encuentran en riesgo de desalojo. “Esto ha afectado gravemente a los niños”, comenta Atshan. “Cuando la casa desaparece en minutos y los progenitores no pueden proteger a la familia, todos los aspectos de la vida familiar se ven afectados”.

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Huda Farhan, de 12 años, frente a la casa de su familia en Sheikh Jarrah, Jerusalén oriental.

Nariman Farhan vive en una casa de dos habitaciones, con otros 19 miembros de su familia hacinados en un espacio muy pequeño. Justo a las puertas, donde ha plantado cuidadosamente flores y cactus, espera el conflicto. Sobre la familia pesa una orden judicial de desalojo.

Huda es la hija de Farhan, tiene 12 años y resume la situación: “Quieren quitarnos la casa. Nosotros queremos quedarnos. Da miedo”.

Asistencia mediante el juego

“Los niños y niñas que se encuentran en la situación de Huda generalmente tienen problemas para concentrarse, sufren miedo y creen que cualquier cosa les puede pasar”, explica el asesor psicosocial Roula Obeid, que trabaja con YMCA, un aliado de UNICEF en Jerusalén oriental.

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© UNICEF Occupied Palestinian Territory/2010/Izhiman
Nahida Idkedek, de 40 años, con sus hijos Nadin, Walid, Ahmad y Touleen, de 10, 15, 12 y 2 años de edad respectivamente, en su casa en Jerusalén oriental.

Para abordar estos problemas, UNICEF y sus aliados –con fondos del departamento de asistencia humanitaria de la Comisión Europea, la Organismo Canadiense de Desarrollo Internacional, el Banco de Palestina y otras organizaciones– hacen hincapié en la terapia mediante el juego para ayudar a que los niños aprendan a expresarse .

Los hermanos Walid y Ahmad, 15 y 12 años respectivamente, y Nadine Idkedek, de 10, saben que les pueden expulsar de su casa en cualquier momento. Aunque sus ojos se iluminan cuando les preguntan sobre una excursión que hicieron a la playa con YMCA. “Tendría que haberlos visto en el agua, jugando”, dice Amal al-Qassem Abu Hasnah, presidenta del Foro de mujeres de Sheikh Jarrah. “Fue un cambio completo”.

Marcar la diferencia

Los equipos psicosociales que reciben apoyo de UNICEF en el Territorio Palestino Ocupado brindan apoyo de distintas maneras a los niños y a sus cuidadores: por medio de sesiones de orientación de grupo, asesoramiento individual, intervenciones de emergencia, educación reestructurada y orientación entre compañeros. Últimamente, sin embargo, la respuesta psicosocial es un elemento secundario ante la necesidad de resolver el acuciante problema del desplazamiento.

”Estamos profundamente preocupados de que niños y niñas cuyos progenitores y abuelos han sufrido ya episodios de desplazamiento a gran escala tengan que estar sometidos a la humillación derivada de los desalojos forzados y las demoliciones de casas”, explica Jean Gough, Representante Especial de UNICEF, en alusión a las familias de Sheikh Jarrah.

Sin embargo, hasta que se ponga fin a los desalojos y las demoliciones, UNICEF trata de marcar la diferencia en las vidas de estas familias.


 

 

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