Nepal

Las mujeres “intocables” del Nepal disfrutan de oportunidades que nunca tuvieron en el pasado

Imagen del UNICEF
© UNICEF Nepal/2006
Nemni Sada es una de las cuatro mujeres provenientes de sectores en situación de desventaja que forman parte del Comité Ejecutivo de la Cooperativa de Mujeres de Usha Kiran de Gaighat, Nepal.

La principal publicación de UNICEF, el Estado Mundial de la Infancia 2007, trata este año sobre el doble dividendo de la igualdad entre los géneros. Durante las semanas previas a la fecha de presentación del informe, el 11 de diciembre, ofreceremos una serie de historias sobre niños, mujeres y hombres que han cuestionado los estereotipos y superado la discriminación y la pobreza para lograr una vida mejor para ellos y sus familias.

DISTRITO DE UDAYPUR, Nepal, 26 de diciembre de 2006 – Se trata de una mujer “musahar” de 45 años de edad del Distrito de Udaypur, en el Nepal, madre de cuatro hijos y esposa de un marido convaleciente. O, por lo menos, esa sucinta descripción constituía su única identidad hasta hace cuatro años.

“Nunca me llamaban por mi nombre, que es Nemni Sada”, explica la mujer. “Ahora, hasta sé cómo se escribe”.

La Sra. Sada pertenece a la casta musahar, que significa literalmente “comedores de ratas” y que constituye el grupo en situación de mayor desventaja del Nepal. A los integrantes de esa casta se les considera “intocables”, lo que en el firmemente estratificado sistema de castas hinduista significa que son demasiado impuros y contaminados para que se le considere seres dignos.

La vida de los musahares está determinada por los prejuicios sociales, especialmente en las regiones rurales. Generalmente se les ignora, insulta e impide ingresar a los templos y las viviendas de las personas de castas más elevadas, y cuando comen o beben en público deben hacerlo utilizando utensilios separados.

Doble discriminación

Según los resultados del censo de 2001, en el Nepal hay unos 172.000 musahares, lo que representa el 0,74% de la población del país. En su mayoría son analfabetos, viven en las márgenes de los pueblos y las aldeas y se ganan la vida realizando las labores más despreciables por los salarios más bajos.

Durante toda su vida, la Sra. Sada ha sido víctima de una doble discriminación. Por una parte, ha sido tratada con desdén por los integrantes de las castas más altas porque es musahar, y por otro se la consideraba inferior aún en su comunidad, debido a que es mujer.

Aunque la Sra. Sada necesitaba con desesperación trabajo para mantener a su pobre familia, sólo conseguía empleo ocasionalmente, debido a que en su comunidad las mujeres deben permanecer en sus hogares. En las ocasiones en que lograba trabajar, solía recibir 2,5 kilos de arroz sin descascarar por día de trabajo en los campos, y le entregaba a su marido todo lo que ganaba. Sus hijos nunca fueron a la escuela.

La promoción de la independencia financiera

Sin embargo, todo eso cambió cuando la Sra. Sada ingresó en la Cooperativa de Mujeres de Usha Kiran de Gaighat, una agrupación autosuficiente que recibe  apoyo del Gobierno del Nepal y UNICEF. Se trata de una de las cooperativas que tienen como objetivo otorgarles mayor autonomía a las mujeres haciéndoles conocer sus derechos y los de sus hijos e hijas, dándoles la oportunidad de manifestar sus opiniones y alentándoles a que tomen decisiones. Estas cooperativas fomentan la independencia financiera de sus integrantes al brindarles capacitación laboral y préstamos.

Mediante uno de esos préstamos, la Sra. Sada pudo adquirir dos lechones y poner en marcha su primera empresa comercial. Un año más tarde obtuvo un pingüe beneficio cuando vendió los cerdos.

“Jamás había tenido tanto dinero”, comenta.

Ese dinero no sólo representó la independencia financiera de la Sra. Sada, sino que le granjeó el respeto de las demás mujeres de la comunidad, muchas de las cuales decidieron ingresar en la cooperativa.

“Hasta mis hermanos, que antes me trataban con desdén, ahora me piden ayuda”, comenta la Sra. Sada.

Ejemplo en su comunidad

Hari Maya Shahi, que ha presidido la cooperativa desde su nacimiento, se siente muy feliz por el éxito de la Sra. Sada. “Cuando la conocí, era una mujer muy tímida, que nunca hablaba en las reuniones”, recuerda la Presidenta. “Ahora presta ayuda con los trámites judiciales a otras mujeres de su comunidad”.

Esto resulta bastante asombroso si se tiene en cuenta que hasta hace muy poco la Sra. Sada ni siquiera podía mirar a la cara a las personas de castas más elevadas.

Hoy en día, la Sra. Sada es una de las cuatro mujeres provenientes de sectores de la población en situación de desventaja que integran el Comité Ejecutivo, órgano que tiene a su cargo todas las decisiones relacionadas con la cooperativa. La Sra. Sada se ha convertido en un ejemplo para la comunidad musahar, ya que inspira a otros miembros de la misma a integrarse en la sociedad en general.

Un sueño más

“El hecho de que nos podamos sentar y comer todas juntas demuestra lo mucho que hemos avanzado en los últimos 10 años", comenta Lila Suyel, otra integrantes del Comité Ejecutivo proveniente de la casta de los "intocables".

“Antes, nadie podía beber del agua que habíamos tocado", agrega la Sra. Suyel, quien comenta que su marido ha comenzado a aceptar a regañadientes sus nuevas responsabilidades financieras y sociales. "¡Imagínese que a veces hasta me preparan la comida!", exclama entre risas.

La Sra. Sada, que recientemente recibió capacitación profesional como partera, está muy ocupada en la construcción de una vivienda de ladrillo de dos ambientes. Guarda la esperanza de que su hijo mayor, que trabaja en una empresa de tractores, se case y vaya a vivir con ella. Su hija mayor ya está casada y su hijo e hija menores todavía van a la escuela.

La Sra. Sada dice que todos sus sueños se han hecho realidad excepto uno. "Quiero que estudie", dice mientras acaricia a su tímido hijo de cinco años. "Quiero que sea el primer funcionario de gobierno que salga de nuestra comunidad".


 

 

Política de UNICEF sobre igualdad de género y potenciación del papel de mujeres y niñas

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