Panorama: México

Los niños y niñas trabajadores migrantes de México no reciben educación y carecen de un entorno seguro

Imagen del UNICEF
© UNICEF/2007/Ramos
Este niño de 10 años del Estado de Sinaloa, México, ha trabajado como peón agrícola migrante estacional desde que tenía 7 años.

Por Thomas Nybo

ESTADO DE SINALOA, México, 2 de marzo de 2007 – Para los trabajadores agrícolas migrantes, el día de trabajo comienza a menudo mucho antes de que salga el sol. Hoy, Javier y unos cuantos otros trabajadores se reúnen en torno a un fuego hasta que llegue el jefe y les diga que comiencen a trabajar.

Javier (nombre ficticio) solamente tiene 10 años, pero ha estado trabajando por temporadas en estos campos desde que tenía 7 años. Las próximas ocho horas de su vida las pasará recogiendo ajíes picantes. Por su trabajo, ganará el equivalente a siete dólares de los Estados Unidos.   “Cuando llegamos al campo, comenzamos a llenar los baldes con ajíes”, dice. “Tenemos que quitar los tallos con los dedos. El jefe nos asigna un número para saber cuánto hemos avanzado. Cuando terminas de llenar el balde, te pregunta cuál es tu número”.  Una vez que Javier acaba su trabajo, tiene que ir a la escuela organizada por la compañía que les emplea a él y a su familia. Allí estudia durante dos o tres horas y luego regresa al campamento para reunirse con su familia y dormir algo antes de que comience el nuevo día.

Los migrantes son una “minoría excluida”

Todas las temporadas de cosecha, alrededor de 300.000 niños y niñas de 6 a 14 años emigran hacia el norte de México junto a sus familias, contratadas para trabajar en los campos. La mitad de estos niños y niñas comienza a trabajar a los 10 años, y el número es más elevado a medida que son mayores.  Solamente 1 de cada 10 niños y niñas trabajadores acude a la escuela, y muy pocos terminan la educación primaria. Los trabajadores agrícolas migrantes llegan a Sinaloa en septiembre u octubre y trabajan allí hasta mayo.

Imagen del UNICEF
© UNICEF video
Alrededor de 300.000 niños y niñas emigran hacia el norte de México junto a sus familias durante el tiempo de las cosechas y muchos terminan trabajando en los campos.

La mayoría de los niños y niñas que trabajan en los campos no solamente carecen de educación, sino que también se enfrentan a peligros considerables. En enero, David Salgado Aranda, de 9 años, murió atropellado por un tractor cuando recogía tomates.  UNICEF considera que proteger a los niños y niñas contra la explotación es fundamental para asegurar su derecho a la supervivencia y a una educación de calidad.

“El hecho de que sean migrantes significa que se trasladan de un lugar a otro, y por ello nadie se siente completamente responsable de resolver sus necesidades básicas y proteger sus derechos”, dice la Oficial de Protección de la Infancia de UNICEF, Theresa Kilbane. “Su educación se encuentra a un nivel diferente que la educación que se les ofrece a los niños y niñas de la localidad. Por ello, viven como una minoría excluida dentro del país”.

Un largo camino por recorrer

Teniendo cuenta las necesidades educativas especiales de los niños y niñas migrantes, UNICEF está trabajando para mejorar la calidad de su educación mediante el suministro de conjuntos escolares, libros y otros materiales. El Embajador de Buena Voluntad de México, César Costa, ayudó recientemente a distribuir mochilas y conjuntos escolares entre los niños y niñas que viven en un campamento de trabajadores migrantes.

Aunque hay algunos ejemplos que revelan una buena cooperación entre el gobierno, los propietarios de las plantaciones y las comunidades locales para proporcionar educación y un entorno seguro a los niños y niñas migrantes, todavía se necesita hacer mucho más.

“La cuestión ahora es ampliar considerablemente la cobertura para llegar a todos los niños y niñas”, dice la Sra. Kilbane. “UNICEF promueve alianzas con el sector privado, el sector público, el gobierno y la sociedad civil, para unirse y marcar la diferencia en favor de estos niños y niñas que han sido tradicionalmente excluidos en México”.

Pero muchas compañías no quieren cooperar con estas instituciones para mejorar las condiciones de vida de los trabajadores migrantes. Todavía queda mucho por hacer hasta que niños como Javier puedan recibir una educación de calidad.

Michael Klaus contribuyó a esta historia desde México DF.


 

 

Vídeo

13 de febrero de 2007: 
La corresponsal de UNICEF Carolina Ramirez informa sobre los niños trabajadores migrantes del Estado de Sinaloa, en México.
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