Malí

Un esfuerzo conjunto para llegar a los niños desnutridos de Malí

Los exámenes de nutrición están llegando a los niños vulnerables de Malí a través de un programa de divulgación que recibe apoyo de UNICEF y del Departamento de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea (ECHO).  Descarga este vídeo

 

Por Alex Duval Smith

Una alianza entre el Departamento de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea y UNICEF tiene como objetivo prestar apoyo a las comunidades en el tratamiento de la desnutrición y proporcionar alimentos más nutritivos para sus hijos.

BANCOCOUROU, Malí, 14 de mayo de 2014 – El paludismo es siempre una mala noticia. Pero puede que la altísima fiebre que supuso para ella haya salvado la vida de Sogona, una niña de 2 años. “Gracias a la fiebre yo supe que mi hija estaba enferma”, dice Aminata Kanté. “En la mezquita donde voy a rezar escuché que iban a venir algunos médicos. Así que lleve a mi hija. De esta forma nos enteramos que también sufría de desnutrición”.

Imagen del UNICEF
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Un trabajador de promoción de la salud mide la circunferencia de la mitad superior del brazo de un niño como parte del examen para detectar casos de desnutrición.

En una visita de rutina a Bancocourou, que se encuentra a 35 km de Bamako, la capital de Malí, los trabajadores de salud han llegado para evaluar si los niños padecen desnutrición, para ofrecer consejos sobre alimentos e incluso para revolver la olla con las madres de las aldeas. La visita es posible gracias a la financiación del Departamento de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea (ECHO) y a los trabajadores de promoción de la salud del Comité Internacional de Rescate, un aliado de UNICEF.

Théophane Traoré, oficial de nutrición de UNICEF en Malí, dice que la alianza entre ECHO y UNICEF es fundamental para llegar a tiempo a los niños desnutridos. “Esta alianza se debería reproducir y fortalecer por todo el país”, dice.

Marcar la diferencia

En el sur de Malí, la financiación de ECHO permite a UNICEF adquirir y distribuir medicamentos y alimentos terapéuticos. ECHO financiera también una ambulancia para transportar a los niños más enfermos y a sus madres a fin de que reciban asistencia de emergencia. El Sr. Traoré añade: “El apoyo de ECHO marca una diferencia real para prevenir recaídas y mejorar la calidad del servicio”.

En Malí hay una alta tasa de desnutrición aguda. La región de Koulikoro, donde se sitúa Bancocourou, es una de las más afectadas. El caso de Sogona fue descubierto después de que ella y su madre asistieran toda una mañana a un taller de cocina y a una sesión de información. Se repartió una receta y las madres la prepararon juntas en una olla grande. Denominada laro, se trata de una papilla realizada con ingredientes esenciales y localmente disponibles: pescado o maní para darle consistencia, maíz o harina de trigo para aportar energía, y cebollas, tomates y sal. La receta incluye la combinación adecuada de alimentos necesarios para una comida altamente nutritiva. Se preparó laro suficiente para que cada familia pueda llevarse un recipiente a casa.

Luego, junto a docenas de otros niños de Bancocourou, Sogona hizo fila bajo un árbol para que los trabajadores la pesen, midan su altura y examinen la circunferencia de la parte superior de su brazo. La cinta especial para medir tiene varios colores: verde, amarillo y rojo. El Sr. Traoré coloca la cinta sobre el brazo de la pequeña niña de dos años y la aprieta: el resultado de Sogona, 110 mm, indica que se encuentra en la zona roja.

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Unos niños reciben la pasta terapéutica Plumpy’nut para el tratamiento de la desnutrición.

“Después de la sesión informativa y del taller de cocina, pudimos evaluar el estado nutricional de 210 niños. Entre ellos, encontramos 21 cuyos brazos medían menos de 125 mm”, dijo el Sr. Traoré. “De ellos, siete, incluida Sogona, tenían sólo 115 mm, lo que nos indica que hay casos de desnutrición grave aguda, que es preciso remitir inmediatamente al centro de salud más cercano”.

Tratamiento terapéutico

Al día siguiente, el padre de Sogona, el pescador Sébou Doumbia, sube a su motocicleta y conduce a su mujer y a su hija al centro de salud, que se encuentra a 21 km de distancia. “Cuando llegamos, desvistieron y pesaron a Sogona, y luego me dieron medicamentos contra el paludismo y Plumpy’nut para ella. A todas las madres nos dieron jabón y nos dijeron que nos laváramos las manos antes de dar Plumpy’nut a nuestros hijos”, dice Aminata.

El Sr. Traoré es optimista sobre el caso de Sogoma. Aunque tiene paludismo, solamente pesa 8,5 kg y su brazo mide 110 mm, ha respondido bien a la prueba de apetito. “Consiste en dar a los niños un sobre de alimentos terapéuticos y de ver cómo se lo comen”, dice. “Si terminan el sobre en 45 minutos, por lo general nos sentimos confiados de seguir el tratamiento fuera del hospital. Sogona podrá ir a casa con el medicamento que necesita y un suministro de Plumpy’nut que debe tomar tres veces al día. En una semana queremos que visite de nuevo el centro de salud para ayudarle a restablecer un peso saludable”.

Otros no tienen tanta suerte; en un centro cercano de remisión, el Sr. Traoré ve a niños que han sido admitidos porque su desnutrición ha alcanzado una etapa grave. Hay casos de emaciación, marasmo y kwashiorkor, una forma de desnutrición vinculada a una falta de la cantidad suficiente de proteínas.

Con emaciación y una forma de infección de las vías respiratorias, Aminata Kamara, de un año, fue admitida hace cinco días con marasmo, una desnutrición causada por un rápido deterioro en la alimentación y caracterizada por una grave reducción de grasa y de músculo. Su madre, Mariam, dice que es la primera vez que una de sus tres hijos ha sido diagnosticada con desnutrición.

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Unos trabajadores de salud preparan laro, una papilla nutritiva a base de ingredientes locales.

Antes de acudir al centro de remisión en la ambulancia financiada por ECHO, la madre y la hija habían procurado los consejos de un herbolario, que administró en la frente de la niña una pasta tradicional hecha a base de un fruto salvaje machacado. El personal médico no considera que este tratamiento sea perjudicial, pero le administran leche terapéutica e inyecciones de antibióticos.

“Es un gran alivio estar aquí”, dice la Sra. Kamara. “Mi hija no quería tomar la leche de mi pecho. Ahora está recibiendo tratamiento y a mí también me dan comida. Todo es gratis y no estoy preocupada”.

Causas fundamentales

El Sr. Traoré dice que los niños como éstos, con desnutrición grave aguda e infecciones asociadas, tienen que ser sometidos a un tratamiento en dos fases. “Por lo general, será necesario tratarles con antibióticos para combatir la infección respiratoria, por ejemplo. También necesitarán leche terapéutica para recuperar algo de energía y reestablecer un metabolismo que ha pasado por un estado de confusión. Sólo después de esa etapa es posible comenzar a ocuparse del peso, con la incorporación gradual de Plumpy’nut” dice.

Como indica el Sr. Traoré, aquí se producen tres causas de desnutrición: la falta de seguridad alimentaria, el acceso limitado los servicios de salud y hábitos que a veces son perjudiciales, como no dar leche materna a los recién nacidos durante los seis primeros meses de vida. No resulta fácil abordar las causas fundamentales, que están vinculadas a la pobreza y el clima, y exigen un cambio estructural. Pero lo que podemos hacer es informar a las madres sobre los mejores enfoques que conocemos para impulsar al máximo las posibilidades de sus hijos”, dice.

De vuelta en Bancocourou, la familia Doumbia se ha acomodado en una galería para comenzar de nuevo la nutrición. Sogona quiere que su padre le dé la comida. El pescador sostiene el laro, la papilla realizada en la sesión de cocina del día anterior. Su madre se compromete a prepararlo sistemáticamente. “No estoy acostumbrada a preparar esta receta”, dice. “Conozco otra en la que se utilizan ingredientes diferentes. Pero ahora voy a cambiarme al laro para garantizar que mi hija suba de peso y no vuelva a sufrir desnutrición”.


 

 

Fotografía UNICEF: Construyendo seguridad nutricional

Alianza de UNICEF y la Unión Europea

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