Malí

Los programas de salud comunitarios ponen a los niños desnutridos de Malí en la senda de la recuperación

Por Rita Ann Wallace

BAMAKO, Malí, 22 de mayo de 2012. No lo pensarías al verla, pero Bintou Traoré tiene 18 meses de edad. Es muy pequeña para su edad porque su cuerpecito no ha recibido los nutrientes necesarios para crecer normalmente.

VÍDEO (en inglés): 14 de marzo de 2012. El corresponsal de UNICEF, Bob Coen, informa sobre un programa de UNICEF que presta asistencia a niños desnutridos en Malí, azotado por la sequía. Foto: © UNICEF Mali/2012/Coen  Véalo en RealPlayer

 

Bintou lucha por sobrevivir en Malí, donde una escasez aguda de alimentos no sólo le afecta a ella, sino a muchos miles como ella. Su madre se mudó a Bamako y dejó a Bintou a cargo de su abuela, que tiene el mismo nombre que la niña.

Una sequía prolongada ha arrasado la ya seca región africana del Sahel. Las cosechas fueron baldías y la estación de "vacas flacas" –cuando el alimento de la última cosecha ya se ha agotado– se ha anticipado. En los mercados hay alimentos pero los precios son demasiado altos para los más pobres, como la abuela de Bintou.

Más allá de lo impensable

Cuando Traoré llevó a Bintou al hospital de Mopti, la niña estaba tan débil que apenas podía alzar la cabeza.

“Al llegar aquí, Bintou ni siquiera podía sentarse", comentó Traoré. "No paraba de toser y tenía diarrea constantemente".

Imagen del UNICEF
© UNICEF Mali/2012/Coen
A Bintou Traoré (18 meses) la llevó su abuela hasta una clínica respaldada por UNICEF en Mopti (Malí). Le fue disgnosticada desnutrición aguda grave.

En el hospital, y demasiado débil para comer, a Bintou le fue diagnosticada desnutrición aguda grave, una condición que puede ser letal. Empezó de inmediato un tratamiento con leche terapéutica suministrada por UNICEF, que recibía ocho veces al día.

Bintou no es la única. Existen miles de niños como ella en todo Malí. Los campos están yermos. Las cosechas, escasas en un principio, se han agotado. Bintou vive cerca de Mopti, en la frontera con la tumultuosa región del norte donde el conflicto sobre el terreno ha provocado el desplazamiento de sus hogares de cientos de miles de personas. A esto se añaden los astronómicos precios de los alimentos, por lo que resulta fácil comprender cómo la capacidad de las familias pobres para sobrellevar la situación se estira más alla de lo impensable.

Según UNICEF, más de 3,5 millones de personas en Malí necesitarán asistencia alimentaria este año, la mitad de ellos serán niños y niñas. De estos, se estima que de 175.000 a 220.000 niños menores de cinco años corren el riesgo de padecer desnutrición aguda grave. A escala nacional, la prevalencia de la desnutrición aguda infantil en el mundo asciende al 10% y excede los niveles de alerta de las Naciones Unidas.

Llegar a los más vulnerables

Los niños son especialmente vulnerables en esta crisis y sucumben más rápidamente a la desnutrición, pues están en peores condiciones de afrontar la falta de alimento. Un niño desnutrido es más proclive a contraer otras enfermedades que debilitarán aún más su cuerpo y agotarán sus fuerzas, en una espiral descendente que demasiado a menudo acaba de manera trágica.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Mali/2012/Coen
Bintou se recupera de la desnutrición aguda grave. Está sentada con su abuela que tiene el mismo nombre, en el hospital de Mopti (Malí).

UNICEF trabaja para prevenir esta situación mediante el apoyo al ministerio de salud para la capacitación y equipamiento de los trabajadores de la salud comunitarios como Belko Traoré (sin lazos de parentesco con la familia de Bintou).

Este trabajador de la salud va de poblado en poblado evaluando la desnutrición en los niños, educando a los progenitores sobre los modos para reconocer los síntomas de la desnutrición y enseñándoles que una pronta intervención salvará las vidas de sus hijos.

“Somos el enlace entre la población y el centro de salud", afirmó Traoré. "Las personas que se enfrentan a la desnutrición piensan a menudo que les costará mucho dinero llevar a sus niños al centro de salud por lo que los animamos a hacerlo".

Para la pequeña Bintou, los síntomas son positivos.

“Cuando llegamos por primera vez no se podía sentar, ni mantener la cabeza erguida", señalaba su abuela. "Pero ahora, gracias a Dios, puede sentarse correctamente, mantener la cabeza alzada y tiene ganas de comer".


 

 

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