Malasia

La educación lleva esperanzas hasta el apartado interior de Malasia

Imagen del UNICEF
© UNICEF Malaysia/2009/Nadchatram
Andi, el hijo de 11 años de la indígena penan Meriam Anyie (a la derecha), y sus compañeros de clase utilizan ordenadores para aprender inglés como parte del programa suplementario de lectura respaldado por el Ministerio de Educación de Malasia y UNICEF.

Por Steve Nettleton

En vísperas de la celebración el 20 de noviembre de 2009 del vigésimo aniversario de la Convención sobre los Derechos del Niño, un histórico acuerdo internacional sobre los derechos humanos básicos de todos los niños y niñas, UNICEF presenta una serie de artículos acerca de los avances logrados y los obstáculos que quedan por superar. A continuación, uno de esos artículos.

LONG LUTENG, Malasia, 16 de noviembre de 2009 – Meriam Anyie nació en lo profundo de la selva tropical del Borneo malasio. Como miembros del grupo étnico penan (indígenas del estado nómada de Sarawak), ella y su familia pasaron la mayor parte de su vida en la selva, y a lo largo de su infancia jamás vivieron en una misma casa de forma permanente.

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Sin embargo, hoy casi todos los 10.000 penan de Sarawak han abandonado sus ancestrales hábitos nómadas y viven en pueblos y ciudades.

La señora Anyie y su marido están criando cuatro hijos en Long Luteng, un pequeño pueblo situado sobre las onduladas colinas de un bosque milenario. Miri, la ciudad principal más cercana, se encuentra a varias horas en bote o en vehículos de cuatro ruedas.

Y por primera vez en su vida, la señora Anyie va a la escuela con 30 años cumplidos.

Llegar hasta las “personas primitivas”
Aunque Malasia ha conseguido aumentar la asistencia y la calidad de la educación en toda el país, todavía tiene que afrontar tasas de matriculación más bajas de lo normal en zonas rurales apartadas, en las que generalmente la educación infantil se descarta para que los niños ganen dinero trabajando.

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Meriam Anyie (a la izquierda), madre de dos niños y con 30 años cumplidos, asiste por vez primera a la escuela a través de un programa de alfabetización para adultos dirigido a grupos de madres y padres indígenas de Malasia.

La señora Anyie se ha matriculado en un programa de alfabetización para adultos llamado KEDAP. Se trata de un proyecto piloto del Ministerio de Educación malasio que pretende llegar hasta los remotos orang asli, o “personas primitivas” de Malasia.

Al ofrecer una educación básica a los padres, KEDAP se propone ayudarles a entender el valor de la enseñanza para sus hijas e hijos.

“Ahora conozco el alfabeto y puedo leer, escribir y contar hasta 20. Ahora puedo ayudar un poco a mis hijos en su tarea”, dice la señora Anyie.

La demanda de educación
A diferencia de otras escuelas en zonas mucho más accesibles, la escuela primaria de Long Luteng se enfrenta a algunos problemas. Hay estudiantes que tienen que caminar durante horas para poder asistir a las clases. Aun así, la clase de alfabetización para adultos tiene tal demanda que muchos padres se encuentran en lista de espera.

Su éxito es consecuencia directa de un esfuerzo llevado a cabo desde hace tiempo, y respaldado por UNICEF, por incrementar las tasas de matriculación y los logros educativos en zonas rurales, especialmente entre las niñas y niños orang asli de la Malasia occidental y las niñas y niños indígenas de las regiones apartadas de los estados de Sabah y Sarawak del Borneo malasio.

La iniciativa está de acuerdo con los principios de la Convención sobre los Derechos del Niño. El artículo 29 de la Convención establece el derecho de cada niño a una educación que le ayude a desarrollar al máximo su personalidad, talento y aptitudes. El artículo 30 de la Convención protege los derechos de las niñas y niños de minorías indígenas, incluido el derecho a aprender y practicar su propia cultura, lengua y religión.

“Quiero que triunfen”
El director la escuela de Long Luteng Edward Nullie Anggun está orgulloso de que el centro cuente con una asistencia de casi el 100%. Auspiciada por el programa de incentivación del Gobierno para estimular las oportunidades educativas de las niñas y niños penan, la escuela ofrece a sus estudiantes educación gratuita, incluidos los libros de texto y los uniformes escolares.

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Ahora que ya sabe leer gracias a la alfabetización para adultos, Meriam Anyie puede ayudar en las tareas escolares a su hijo de 11 años Andi y a su hija Cindy, de nueve.

Anggun describe su mensaje a los estudiantes: “Sólo si estudian podrá cambiar su situación, porque con una buena educación podrán conseguir mejores trabajos, y con trabajos mejores podrán tener una vida mejor”.

Cuantos más padres, o cuantas más madres como Anyie, aprendan la importancia que tiene la educación, más niños y niñas podrán estudiar y aumentar su potencial.

“Espero que mi hijo y mi hija alberguen en sus corazones alguna ambición”, dice Anyie. “Quiero que triunfen. Quizás mi hija pueda llegar a ser enfermera … Y mi hijo Andi profesor… Me harían muy feliz”.


 

 

Vídeo (en inglés)

El corresponsal de UNICEF, Steve Nettleton, informa de los programas de promoción educativa dirigidos a la población indígena del Borneo malasio.
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