Malawi

En Malawi, la educación ofrece esperanzas a un joven que trabaja

Imagen del UNICEF
© UNICEF/2008/Chinyama
Brian Kamwendo recibió ayuda de la Iniciativa de la juventud activa en pro del progreso social, una organización no gubernamental que presta asistencia para que los niños y niñas que trabajan en el servicio doméstico puedan asistir a la escuela. La Iniciativa cuenta con el respaldo de UNICEF.

Por Victor Chinyama

BLANTYRE, Malawi, 1 de octubre de 2008 – La vida de Brian Kamwendo es una saga de adversidad, tenacidad y esperanza; un drama conmovedor, si no desalentador, cuyo último capítulo, deseamos, tendrá un final glorioso.

Brian Kamwendo nació en 1988 en Malawi meridional. Hijo único, perdió a su padre al día siguiente de su nacimiento y fue criado por su madre, que trabajaba de empleada contable en una empresa de seguridad de la zona. Brian, cuyo hogar disfrutaba de una buena situación económica para los estándares de su comunidad en uno de los países más pobres del mundo, tuvo una infancia feliz y disfrutó de la atención y ternura de su madre.

Pero el mundo en que vivía Brian se desmoronó con la muerte de su madre, en 1997. Brian continuó viviendo con su padrastro hasta 1999, cuando éste también falleció. Brian, de 11 años de edad, quedó a cargo de su abuela, que lo llevó a vivir a su aldea. La vida de Brian cambió para siempre.

El pesado trabajo de un niño

Brian tuvo problemas para ir a la escuela, pero en 2002 su desempeño había sido lo suficientemente bueno como para que le seleccionaran para continuar sus estudios secundarios. Lamentablemente, su abuela carecía de medios para pagar la matrícula y Brian no pudo asistir a clases. Su situación pone de relieve la necesidad de que todos los países eliminen las cuotas escolares, para que ningún niño o niña tenga que dejar de estudiar, como le ocurrió a Brian.

“Fue entonces que decidí venir a Blantyre a buscar empleo”, recuerda Brian. “Me contrataron como empleado doméstico en Bangwe, donde ganaba 400 kwachas (unos 2,80 dólares) por mes. Ganaba tan poco que no podía ahorrar nada”.

El trabajo de Brian era pesado, ya que todos los días debía levantarse a las cuatro de la mañana. Encendía el fuego, preparaba el desayuno y barría y fregaba el piso. Luego iba al mercado a comprar alimentos, y al regresar preparaba el almuerzo y lavaba los platos.

A la tarde, debía lavar y planchar la ropa a mano y preparar la cena de la familia. Debido a que vivía con sus empleadores, tenía que trabajar los siete días de la semana.

Mejores condiciones de trabajo

En 2003, Brian solicitó ayuda al concejal de su jurisdicción, quien lo remitió a la Iniciativa de la juventud activa en pro del progreso social (AYISE), una organización no gubernamental que ayuda para que los niños y niñas que se desempeñan como trabajadores domésticos puedan ir a la escuela y que realiza gestiones para que disfruten de mejores condiciones laborales. La ONG cuenta con el respaldo de UNICEF.

AYISE solicitó a los empleadores de Brian que permitieran que el niño asistiera a clases, que le aumentaran el sueldo mensual a 1.500 kwachas (unos 10 dólares) y que redujeran sus horas de trabajo a cuatro por día. Cuando los empleadores rechazaron el pedido, AYISE le aconsejó a Brian que dejara su trabajo.

“No tenía dónde ir”, comenta Brian. “Pero mientras daba vueltas buscando un sitio donde albergarme me tropecé con un antiguo vecino de mi aldea que había sido amigo de mi madre y que se mostró dispuesto a ser mi tutor”.

“Quiero ir al escuela”

En 2004, Brian inició sus estudios en la Escuela Secundaria Comunitaria de Bangwe. Un año después recibió su certificado básico en educación  y obtuvo las mejores calificaciones de su clase. Además, la iniciativa AYISE se hizo cargo del costo de su educación.

“En 2006, mi tutor perdió su empleo y debió regresar a la aldea”, recuerda Brian. “Tuve que dejar de estudiar y mudarme con él, porque no tenía otro sitio dónde quedarme. En 2007 regresamos a Blantyre y pude continuar mi educación escolar”.

“Me siento muy agradecido a AYISE por el apoyo que recibí de esa organización. Sin ese respaldo, no sé qué habría sido de mí”, termina diciendo Brian. “A veces siento temor por el futuro, pero quiero ir a la universidad y recibirme de doctor. Lo único que puede frustrar ese sueño es la falta de dinero”.


 

 

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