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| Lanee, de 13 años, fue escogida por su maestra como ‘hermana mayor’ de Nadia, una alumna de primer grado. Lanee ha tomado con seriedad su nueva función y se siente orgullosa de ella. |
Por Sabine Dolan y David McKenzie
MANJAKANDRINA, Madagascar, 11 de julio de 2005 – Lanee, una jovencita de 13 años que vive en esta pequeña aldea, ahora tiene una nueva e importante responsabilidad: ser la ‘hermana mayor’ de Nadia, una compañera de escuela de primer año. El nuevo papel de Lanee implica ser un apoyo para Nadia y también su amiga. Lanee deberá caminar a la escuela todas las mañanas con su ‘hermana menor’, jugar con ella durante los recreos y ayudarle con los deberes escolares.
Lanee toma con seriedad esta responsabilidad. “Por la mañana, después de alistarme, salgo a recoger a Nadia”, dice. “Le lavo los pies, le cepillo el cabello y reviso su mochila para asegurarme de que no le falte nada. Luego, la tomo de la mano y caminamos juntas a la escuela”.
“Al llegar a la escuela, todas las clases ya están en fila. Entonces, llevo a Nadia a la suya y luego me voy a la mía”.
La estrategia ‘niña-a-niña’
El programa de ‘hermanas mayores’, que comenzó en Madagascar en 2001 como un proyecto piloto con apoyo de UNICEF, busca que las niñas no dejen de estudiar. Las maestras identifican a las alumnas de primer grado – las ‘hermanas menores’ – que parecen estar en mayor riesgo de abandonar la escuela, y forman parejas con ‘hermanas mayores’ de cuarto y quinto grados. Las niñas más grandes se comprometen formalmente a apoyar y ayudar a sus compañeras más pequeñas.
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| A Nadia, que está en primer grado, le gusta ir a la escuela. Su ‘hermana mayor’, Lanee, le ayuda a hacer las tareas escolares. |
Además de caminar hasta la escuela con sus ‘hermanas menores’ y de ayudarles con las tareas, las ‘hermanas mayores’ aconsejan a las más pequeñas sobre medidas de higiene y habilidades sociales, y les ayudan a sentirse seguras de sí mismas en el salón de clase.
“Entre las niñas de este programa, la deserción ha disminuido notoriamente”, dice Noro-Rakoto Joseph, Oficial de Educación de UNICEF. “La responsabilidad de ayudar a las más pequeñas, y de ser un modelo para ellas, hace que las niñas mayores no solo se sienten mucho más motivadas, sino también orgullosas y contentas”.
El entusiasmo de Lanee refleja el orgullo y la alegría de ser ‘hermana mayor’. Ella supervisa permanentemente los progresos de Nadia. “Ella es muy seria y trabaja bien en clase. Cuando le enseño algo, lo entiende con facilidad”.
Las iniciativas del gobierno y la ayuda de UNICEF marcan la diferencia.
Durante los dos últimos años, el gobierno de Madagascar, en cabeza del Presidente Marc Ravalomanana, ha tomado importantes medidas para transformar la enseñanza y hacer que todos los niños y las niñas tengan acceso a la educación. Entre las iniciativas más recientes están:
La tasa neta de escolarización en Madagascar ha mejorado en los últimos años. Aparte del programa de ‘hermanas mayores’, la ayuda de UNICEF en este campo incluye la construcción de letrinas y puntos de agua en las escuelas primarias, pues la falta de servicios adecuados de agua y saneamiento contribuye a la deserción escolar. Como parte del esfuerzo para que los niños y las niñas permanezcan en la escuela durante el ciclo completo, de cinco años, UNICEF también promueve contratos entre los progenitores, los estudiantes y los maestros.
Como resultado de estas y otras iniciativas, el número de niñas que asisten a la escuela en Madagascar es igual al número de niños, aunque la probabilidad de que las niñas de las zonas rurales terminen el ciclo de la primaria sigue siendo inferior a la de los niños.
Vídeo (en inglés)
Lanee, una jovencita de 13 años de la aldea de Manjakandrina, en Madagascar, describe sus nuevas responsabilidades como ‘hermana mayor’ de Nadia, una compañera de escuela de primer año.
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