Liberia

Las comunidades de acogida de Liberia apoyan la educación de los niños refugiados de Côte d’Ivoire

Oportunidades a partir de la crisis

Por Priyanka Pruthi

GRAND GEDEH, Liberia, 20 de julio. En un país que todavía se está recuperando de una guerra civil ruinosa –un lugar donde muchas personas no tienen acceso a la electricidad, ni al agua potable ni a la atención de la salud– cientos de comunidades han abierto sus puertas a los refugiados de la vecina Côte d’Ivoire.

VÍDEO (en inglés): Priyanka Pruthi, corresponsal de UNICEF, informa sobre el apoyo prestado en las comunidades de acogida de Liberia a la educación de los niños y niñas refugiados que han huido del conflicto en la vecina Côte d’Ivoire.  Véalo en RealPlayer

 

Ocho meses después de que una crisis política estallara en ese país, más de 150.000 marfileños permanecen en Liberia. La mayoría de ellos son acogidos por familias en las remotas aldeas que salpican la frontera entre Liberia y Côte d'Ivoire.

En la escuela pública C. Barker Gaye situada en Zleh Town, una de las comunidades fronterizas, los estudiantes de Liberia comparten sus patios y salas de clase con refugiados de Côte d’Ivoire como Sophie (nombre ficticio), de 13 años.

Desplazados por la violencia

Imagen del UNICEF
© UNICEF Liberia/2011/Scott
UNICEF y sus aliados están proporcionando a miles de niños de Côte d’Ivoire refugiados en Liberia servicios de enseñanza primaria y suministros, así como educación para la primera infancia.

“Mis padres estarían orgullosos de ver que tengo buenas notas en la clase de matemáticas aquí”, dice Sophie, que no sabe dónde están su madre ni su padre, ni tampoco cuándo los volverá a ver. “No tengo noticias de ellos. No he sabido nada de ellos desde hace mucho tiempo”, explica.

Los miembros de la familia de Sophie se encontraban entre los cientos de miles de desplazados por la violencia que se produjo tras las elecciones presidenciales en Côte d’Ivoire en diciembre pasado. Huyeron de su casa en Abiyán, temiendo por sus vidas. Sophie llegó a la frontera con Liberia con su hermana pero ambas quedaron separadas de sus padres

“El viaje fue muy largo”, recuerda. “Caminamos durante todo un día. No había agua ni comida en el camino. Yo tenía mucho miedo, estaba tan oscuro... No vimos a nadie durante muchos kilómetros”.

Consuelo en los libros

A medida que Sophie trata de encontrar un camino en una tierra extraña, su único consuelo se encuentra en los libros y la compañía de sus nuevos amigos.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Liberia/2011/Scott
Más de 450 niños y niñas de Côte d’Ivoire asisten a clase en esta escuela primaria de Zleh Town, ubicada en Grand Gedeh (Liberia).

Cerca de 450 niños de Côte d’Ivoire estudian junto a ella en la escuela C. Barker Gaye, que recibe apoyo del Gobierno de Liberia. Los programas académicos oficiales para los estudiantes de Liberia imparten por la mañana, y las clases para los estudiantes de Côte d’Ivoire por la tarde. El turno especial fue organizado por UNICEF junto con su aliado Plan Internacional.

UNICEF ha promovido el uso de los edificios escolares del gobierno para proporcionar servicios educativos a los niños refugiados en Liberia. Recientemente, el Ministerio de Educación emitió un reglamento que permite a las escuelas públicas celebrar clases de recuperación dirigidas a los niños de Côte d’Ivoire, en un esfuerzo por evitar que pierdan el año escolar.

“Nos aseguraremos de que haya programas de aprendizaje acelerado, clases de recuperación y escuelas de verano, y que se centren en el mayor número de niños y niñas refugiados”, expone , Francesca Bonomo, Coordinadora de educación para situaciones de emergencia de UNICEF en Liberia. “Vamos a realizar una tarea de promoción ante el Gobierno de Côte d’Ivoire para garantizar que los certificados que se han expedido a los niños en Liberia sean aceptados en Côte d’Ivoire una vez que regresen los estudiantes”.

La educación: un salvavidas

UNICEF también ha adquirido el programa de estudios de Côte d’Ivoire y lo ha distribuido entre los condados principales de Liberia. Además, ha identificado a profesores de Côte d’Ivoire entre los refugiados y les ha capacitado para que ayuden a los niños a afrontar estas difíciles circunstancias.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Liberia/2011/Scott
UNICEF y sus aliados han organizado clases para los refugiados de Côte d’Ivoire en los edificios de las escuelas gubernamentales de Liberia.

La escuela está demostrando ser un salvavidas para miles de niños que se sienten perdidos, como consecuencia de un conflicto que les ha expulsado de su lugar de origen. La rutina les ha dado un sentido de familiaridad y normalidad a pesar de la confusión.

Aunque los niños de Côte d’Ivoire están empezando a sentirse más cómodos en su nuevo entorno y a descubrir una fuerza interior para creer que lo peor podría haber terminado, la presión sobre los limitados recursos de las personas que les acogen es cada vez mayor. La infraestructura educativa de Liberia es demasiado limitada como para dar cabida a la afluencia de refugiados.

“Hay una necesidad urgente de proporcionar a los estudiantes una protección adecuada”, explica Mateo Flomo,  Oficial de Educación de UNICEF. “Hay escasez de agua potable y saneamiento. No hay suficientes bancas o materiales en las aulas y esto lleva a que los alumnos se encuentren hacinados”.

“Con la moneda que pagues…”

Incluso aunque las circunstancias han puesto a prueba la capacidad de la escuela pública de Zleh Town, los estudiantes y los maestros de Liberia dicen que están dispuestos a contrarrestar la presión como sea necesario.

“No son los primeros en ser refugiados”, dice la maestra de segundo grado Filomena Quiah. “Nosotros mismos fuimos refugiados en África durante muchos años. Fuimos a la escuela allí, enviamos a nuestros hijos a la escuela y obtuvimos una educación antes de regresar a nuestro país. Así que cuando esto les ha ocurrido a ellos, tenemos que aceptarlo”.

Su sentimiento se refleja en todo el recinto escolar. Las historias de apoyo y de supervivencia son asombrosas.

“Hay cinco refugiados que viven en mi casa pero como no hay espacio para todos ellos, y además mi madre, mi abuelo y mis hermanas… yo tengo que dormir a la intemperie, en el campo”, dice un estudiante de 18 años. “Es muy difícil para nosotros. Yo soy el único que está estudiando y también el que obtiene los ingresos para mi familia. Pero nosotros los liberianos decimos: ‘Con la moneda que pagues, te pagarán’. Así que lo que les ha pasado hoy a ellos nos puede pasar a nosotros mañana. Por eso tenemos que cuidarlos”.


 

 

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