ÚNETE POR LA NIÑEZ

Liberia

Historias reales

Los niños soldados de Liberia: entre la desesperación, la explotación y el terro

MONROVIA, agosto de 2003 - Nadie diría que James*, un adolescente alto, bien vestido, de sonrisa amable, pudiera matar a alguien, y sin embargo eso es precisamente lo que tenido que hacer este joven liberiano para salvar la vida.

" Me llamaban Capitán Jefe de Guerra," contó James en una entrevista concedida en mayo en Monrovia, la capital de Liberia. "Si pienso en ello me siento mal. Me refiero a lo que hice."

La historia de James es una historia de desesperación, explotación y terror. Sin embargo, gracias a la ayuda del UNICEF, James consiguió escapar de la línea del frente y reintegrarse en la sociedad, y a principios de mayo se encontraba estudiando en la capital de Liberia.

En estos días, Monrovia y sus alrededores se han poblado de niños soldados, al mando tanto de los rebeldes como de las fuerzas gubernamentales, que portan orgullosos sus fusiles automáticos. El UNICEF confía en que niños como James muestren a los demás con su ejemplo lo que podrían conseguir cuando acabe la guerra, y que otros niños se animen imitarlo.

La historia de James comenzó en 1991, cuando los rebeldes llegaron a Lofa, el pueblo en el que vivía con su familia. Los rebeldes golpearon a su padre y lo metieron en la cárcel. Cuando le pidieron que se uniese a ellos, tenía sólo seis años y temió por la vida de su padre si no hacía lo que le pedían.

Los rebeles se llevaron a James al monte con unos 175 niños más, la mayoría mayores que él, y les enseñaron a todos a luchar. Aprendieron a arrastrarse con sus AK-47, Berettas y metralletas Uzi por el piso bajo alambres de espino, a limpiarlas y a disparar.

Durante cinco años James luchó en las líneas del frente con los rebeldes, hasta alcanzar el rango de subcomandante de escuadrón, y comenzaron a llamarle Capitán Jefe de Guerra.

Los rebeldes los drogaban, a él y a los demás niños, para que fuesen capaces de obedecer sus órdenes.

" A veces realizábamos misiones denominadas 'Capturar y Destruir', en las que se nos ordenaba no dejar nada en pie ni a nadie con vida. Otras veces realizábamos misiones denominadas 'Operación Saltamontes', en las que debíamos atacar una posición desde varios ángulos simultáneamente", relató James.

James señaló que probablemente no habría sido capaz de hacer las cosas que hizo si no hubiera sido por las drogas.

"La mayor parte del tiempo actuaba bajo los efectos del opio y del valium. Las drogas impedían que sintiera dolor, e incluso me hicieron sentir que era otro el que hacía todas esas cosas horribles", explicó.

En diciembre de 1996, cuando James tenía 11 años, se alcanzó un acuerdo de paz y James consiguió dejar atrás su vida de soldado.

Con la ayuda de un programa de desmovilización patrocinado por el UNICEF, James y otros 4.300 niños soldados liberianos han conseguido reintegrarse en la sociedad. James se estableció en Monrovia, donde recibió ayuda psicosocial, sensibilización sobre el VIH/SIDA y conocimientos prácticos sobre cómo tener hábitos higiénicos saludables.

Lo que es aún más importante, la ayuda de la organización no gubernamental Crusaders for Peace, que cuenta con el apoyo del UNICEF, hizo posible que James regresara a la escuela. Antes de que a finales de mayo la ciudad se sumiera en la guerra, James estaba en el octavo curso y quería ser doctor.

No se sabe nada del paradero de James desde que la guerra se extendió por Monrovia y se cerraron las escuelas.

El UNICEF desea expresar su profunda preocupación por la continua explotación y abuso que sufren los niños y niñas en el conflicto armado que vive Liberia, y confía poder regresar al país en cuanto paren los combates para retomar su trabajo de contribuir a desmovilizar y reintegrar en la sociedad a los niños soldados.

* James no es su verdadero nombre.


 

 

Búsqueda