Panorama: Líbano

La historia de Hassan: “Todos tenemos sueños”

Por Lynn Hamasni

Aunque alejado del miedo y el peligro de los conflictos que quedaron atrás en su patria, un joven sirio se enfrenta a muchas vicisitudes viviendo como refugiado en el Líbano.

TAL AL ABIAD, Baalbek, el Líbano, 30 de enero de 2014. Hassan tiene 13 años de edad y nunca ha pisado una escuela.

Hassan se encuentra perdido entre dos países. Su padre es de Siria y su madre del Líbano, pero él no existe, oficialmente, en ninguno de los dos países.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Lebanon/2014/Noorani
Hassan, de 13 años, vive bajo la carpa de un precario asentamiento del Líbano, donde las lluvias recientes, las preocupaciones por tener que encontrar refugio y un trabajo para ayudar a mantener a su familia le están pasando factura.

Los padres de Hassan no registraron su nacimiento en la República Árabe Siria. Cuando sus padres se divorciaron, la situación se complicó. Sin documentación oficial, ni a él ni a sus hermanas, de 16 y 12 años, se les concedió la ciudadanía siria. Ninguno de los tres pudo ir a la escuela.

Hace dos años, la madre de Hassan decidió traer a la familia al Líbano, lejos de la violencia del conflicto sirio, con la esperanza de que allí las cosas irían mejor para ella, sus hijas y su hijo.

“Allí en nuestra tierra había bombardeos y tiroteos por todas partes”, recuerda Hassan. “No me sentía a salvo. Cuando llegué al Líbano me sentí más seguro. Me quedé con el ‘tío’ Rabah, que vive aquí en una carpa con su esposa”.

“Nosotros no tenemos a nadie”

Desde el comienzo de la crisis, el Líbano ha acogido al mayor número de refugiados sirios de la región. Según la Agencia de la ONU para los Refugiados, en el Líbano más de 858.000 personas se han inscrito o están esperando hacerlo. El gobierno libanés calcula que el número total de refugiados, inscritos o no, es superior a un millón*.

Muchos refugiados sirios que llegan al Líbano se asientan en zonas cercanas a las de sus familiares que llegaron antes que ellos. Pero Hassan y su madre no tenían familia a la que acudir. El “tío” Rabah y su esposa los acogieron y les ofrecieron cobijo y protección.

“Él no es tío mío de verdad”, explica Hassan. “Pero cuida de nosotros como si fuéramos su familia y sus hijos. El tío Rabah llegó al Líbano en septiembre del año pasado. Nos ayudó porque no teníamos a nadie”.

El día a día

Pero encontrar albergue es solo una de las preocupaciones de Hassan. Cada vez son más las niñas y los niños refugiados sirios que tienen que trabajar para mantener a sus familias. Para ellos, la perspectiva de estudiar desciende de la lista de prioridades a una posición todavía más baja.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Lebanon/2014/Noorani
El padre de Hassan es de Siria y su madre del Líbano, pero él no existe, oficialmente, en ninguno de los dos países. Al carecer de documentación oficial, Hassan no ha asistido nunca a la escuela y el conflicto sirio no ha hecho sino empeorar su compleja situación.

“Mi madre trabaja de sirvienta a media jornada”, dice Hassan. “Quiero encontrar trabajo para ayudarla. Ya había trabajado antes en una herrería, pero lo dejé porque el propietario de la tienda no me abonaba el sueldo a tiempo y a veces ni siquiera me lo pagaba”.

Hassan se pasa el tiempo buscando trabajo. Lo ha intentado como limpiabotas, lustrando y limpiando zapatos en la calle. “Pero ahora con la lluvia, no es posible”, se lamenta.

Aunque Hassan ha visto muchas penurias, todavía tiene esperanzas y sueños. “Cuando pienso en Siria, no veo sino miedo y muerte”, dice Hassan.

“Por eso quiero hacer algo con mi vida para superar todos estos sentimientos. Por ahora, me limito a vivir el día a día”.

“Como todos los seres humanos, tenemos sueños; a veces los cumplimos y a veces no. De momento, no pienso, solo actúo. Pero confío en que algún día podré abrir un pequeño negocio o una tienda de comestibles, algo que me ayude a establecerme aquí y a ganarme la vida”.

*El cálculo del Gobierno libanés incluye a los trabajadores sirios y sus familias y a otros sirios con medios económicos que no se han inscrito en ACNUR (la Agencia de la ONU para los Refugiados).


 

 

Fotografía UNICEF: Crisis siria

 

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