Panorama: Líbano

En el Líbano, una emergencia dentro de una emergencia

Imagen del UNICEF
© Mark Stedman/Photocall Ireland
En un improvisado asentamiento de refugiados de la región Bekaa, en el Líbano, Donncha O'Callaghan, Embajador de UNICEF en Irlanda, sostiene en sus brazos a un bebé de 8 meses, Ismael, mientras la madre le explica el estado físico del niño.

Por Miriam Azar

Para los refugiados sirios dispersos por todo el Líbano, la falta de agua potable y el aumento de la inseguridad alimentaria han hecho que los niños, sobre todo los de menor edad, se vuelvan más vulnerables a las enfermedades transmitidas a través del agua y a la desnutrición.

BEIRUT, Líbano, 2 de julio de 2013 – En un remoto asentamiento al norte del Líbano, justo a pocos kilómetros de la frontera siria, los gritos de los niños se escuchan por todas partes.

Acabamos de llegar con un pequeño equipo de UNICEF Irlanda y enseguida nos hemos fijado en una visión inesperada y perturbadora: dos niños muy pequeños y frágiles en estado de desnutrición.

Ismael, de ocho meses, mira fijamente al vacío. Según su madre, sufre diarrea crónica y vómitos. Un hombre se acerca con su pequeña hija Aisha, a la que le sobresalen los huesos del pecho. El padre nos dice que la niña ha perdido el apetito.

“Lo que más me impresiona de estos niños –de la misma edad que mis dos hijas– es verles esas muñecas tan diminutas, con esos huesecitos tan pequeños”, dice Donncha O'Callaghan, Embajador de UNICEF en Irlanda y estrella del rugby en su tierra natal, que se encuentra rodeado por niños del asentamiento. “Uno se pregunta qué haría si estos niños fueran suyos, y la respuesta es que haría cualquier cosa que estuviera a su alcance. Estos niños necesitan nuestra ayuda a toda costa”.

El agua, una prioridad

Los refugiados nos cuentan que aquí la principal necesidad es el agua.

La demanda de agua ha crecido de manera considerable, comparada con lo que era hace un año por estas mismas fechas. El pasado junio, 22.530 sirios se registraban o aguardaban su inscripción como refugiados. A día de hoy, el número de personas se ha disparado hasta 572.000.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Lebanon/2013/Azar
Un padre refugiado sirio muestra el estado de sufrimiento de su hijo producido por la pérdida de apetito.

“La diarrea aquí es un problema tremendo, con más y más adultos y niños que la contraen. El agua está contaminada pero no tenemos elección, necesitamos beber”, dice Mustafa. Él es el jefe del campamento y antiguo propietario de una compañía de transportes en Siria.
“Mi futuro ya no me importa”, añade. “Pero sí el de estas niñas y niños”.

Cuando pregunto a los niños de dónde sacan el agua que beben, una joven señala hacia un chorro turbio. En el agua hay basura, y las cercanas canalizaciones abiertas de aguas residuales poseen un alto riesgo de contaminación. El pozo está desprotegido de las aguas estancadas.     

“Con la llegada de las altas temperaturas del verano, necesitamos mitigar la probabilidad de brotes de enfermedades producidas por las aguas, ofreciendo mejores accesos a un agua potable segura”, dice Talal Tabikh, especialista en Agua y Saneamiento (WASH). “Esto es urgente, especialmente en los asentamientos de tiendas de campaña que están esparcidos por todo el país y tienen una cobertura sanitaria y de agua potable inadecuadas”.

Alimentarse de papas

Una de las personas refugiadas a la que conocemos es Amina. Nos invita a su tienda de campaña, donde vive con sus cuatro hijos, con edades comprendidas entre los 12 y los 18 años. Su marido murió y la casa que tenían en Siria fue destruida.

Imagen del UNICEF
© Mark Stedman/Photocall Ireland
Amina, una viuda, huyó de Siria al Líbano con sus cuatro hijos. Sin nada de dinero, lucha para darles de comer.

Amina nos dice que, como no pueden permitirse una cocina de gas, para hacer fuego recogen leña. Y que, como no tiene dinero, recogen papas del campo situado detrás del asentamiento. Ha mandado varias veces a su hijo de 17 años en busca de trabajo pero no ha encontrado nada.

La desesperación de Amina es evidente. Rompe a llorar y se cubre la cara con las manos sollozando. Sus hijos permanecen en silencio. La niña de 12 años fuerza una sonrisa mientras los ojos se le llenan de lágrimas.

Una respuesta para salvar vidas

Siguiendo la misión trazada, UNICEF y sus asociados –el Ministerio de Salud Pública, la Asociación local Más alla de las ONG, y la ONG internacional Primera Urgencia de Ayuda Médica Internacional (PU-AMI en sus siglas en francés)– organizan una respuesta inmediata.

Se envía una clínica móvil al día siguiente, y para conseguir agua segura se suministran pastillas de cloro, filtros y depósitos de agua. Se rehabilita el pozo contaminado y se excavan fosos para el agua sucia y letrinas de emergencia.

Para hacer frente a la desnutrición, UNICEF ha recibido alimentos terapéuticos y suplementarios con los que tratar la desnutrición aguda severa y moderada. Se ha comenzado la formación de personal técnico y paramédico y se van a establecer siete centros para el tratamiento de la desnutrición a través del Ministerio de Salud Pública y de su red de difusión.     

Tras haber sido llevados al hospital para un tratamiento inmediato, Ismael y Aisha se encuentran en condición estable y recuperándose lentamente. Es muy probable que sobrevivan porque fueron tratados a tiempo.

No son frecuentes los casos de desnutrición en el Líbano. Para comprender mejor esta situación, prevenirla y responder a ella, a mediados de julio se llevará a cabo una valoración del estado de desnutrición.

El reto es enorme, puesto que los refugiados de Siria están esparcidos por unos 1.400 pueblos del Líbano. Para frenar esta silenciosa emergencia dentro de una emergencia, la ayuda tendrá que ser ágil y creativa si lo que se pretende realmente es una intervención para salvar vidas.


 

 

Fotografía UNICEF: Agua, Saneamiento e Higiene

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