Panorama: Líbano

En Líbano, los refugiados sirios sufren penurias y sienten temor por los familiares que dejaron atrás

Por Simon Ingram

AL FAQIHA, Líbano, 7 de mayo de 2012. La pequeña aldea de Al Faqiha se encuentra en la cima de un monte en uno de los rincones más recónditos del valle de Bekaa, una fértil franja de tierra que se extiende a lo largo de la frontera oriental de Líbano. Se trata también de la región más cercana a Siria, el atribulado vecino de Líbano, lo que la convierte en el refugio natural de las familias sirias que huyen de los disturbios en su patria.

VÍDEO (en inglés): abril de 2012. Simon Ingram, corresponsal de UNICEF, informa sobre la difícil situación de los refugiados sirios en Líbano.  Véalo en RealPlayer

 

Entre los refugiados llegados más recientemente a Al Faqiha figura Um Karim*, madre de siete niños, que tomó la decisión de huir cruzando las montañas en el aterrador momento en que se desencadenaron los violentos enfrentamientos en su vecindario.

“Junté a todos mis hijos y emprendimos la huida", recuerda. "No tuvimos tiempo de recoger nada, ni siquiera nuestros documentos de identidad. Cruzamos valles y montañas hasta llegar aquí".Su marido, que trabaja de taxista, no logró escapar junto al resto de su familia. Um Karim no ha sabido nada de él desde que se alejó de su hogar.

Tratar de salir adelante

Cuando Um Karim y sus hijos –dos de los cuales aún no saben caminar y el mayor ya ha cumplido 14 años– llegaron a Al Faqiha, una familia de la localidad les facilitó una habitación en la que viven la mujer con todos sus hijos. El cuarto cuenta con muy poco mobiliario y no tiene calefacción, de manera que la mujer y sus hijos carecen de protección ante el frío viento que sopla desde las laderas de las montañas cercanas.

Tampoco hay mucho que comer. Um Karim señala a un rincón de la habitación donde hay varios envases de plástico que contienen arroz, lentejas, mermelada y otros alimentos básicos.

Imagen del UNICEF
© UNICEF/NYHQ2012-0239/Kate Brooks
Ameera [nombre ficticio] en el valle de Bekaa (Líbano). Ameera huyó de Siria junto a su marido y su hijo cuando su aldea comenzó a ser objeto de intensos bombardeos. Durante la huida, la mujer recibió graves magulladuras por haber sido arrojada desde un camión.

“Nos hacen falta muchas cosas", apunta la mujer. "Sobrevivimos, pero ésta no es la manera en que vivíamos en Siria. Damos gracias a Dios. Y tratamos de salir adelante".

Pese a que las autoridades libanesas ofrecieron a los niños sirios la posibilidad de asistir a las escuelas locales, ninguno de los hijos de Um Karim acude a clase.

Temor por los familiares que quedaron en Siria

Muchas de las familias sirias refugiadas en la región cuentan historias similares de estoicismo y capacidad de recuperación frente a las penurias, las pérdidas y la incertidumbre. Las evaluaciones más recientes sugieren que en el valle de Bekaa han hallado refugio unos 8.500 desplazados sirios. En total, el número de personas sirias que se encuentran en Líbano supera las 22.000.

Algunas, como Ameera* (24 años), muestran las cicatrices de lo que han sufrido. El rostro de Ameera aún está cubierto por las magulladuras que sufrió cuando fue arrojada del camión en el que huía con otras personas de su aldea, cuando ésta era blanco de un intenso bombardeo.

Imagen del UNICEF
© UNICEF/NYHQ2012-0234/Kate Brooks
Um Hashem [nombre ficticio] se lleva la mano al rostro en el valle de Bekaa (Líbano). Su hogar en Siria fue destruido y ella tuvo que huir a Líbano.

Para quienes están en Líbano desde hace más tiempo, la mayor preocupación consiste en asegurarse la subsistencia.

“Aquí, mi marido no tiene trabajo", comenta Salwa*, madre de tres niños. "Recibimos alguna ayuda, como alimentos enlatados. Algunos parientes nos han provisto de algunos muebles, pero el alquiler es muy caro y en la casa hay mucha húmedad. Le conseguí un empleo a mi hijo, que gana el equivalente de 10 dólares por día. Eso ayuda a pagar el alquiler".

Um Hashem*, una mujer de más de 60 años, vive en Líbano desde hace más de un año y pertenece a una agrupación de familias sirias desplazadas. Aunque acepta que su vida no es fácil, lo que más le preocupa es la situación de su hijo y otros hombres de su familia que aún permanecen en Siria.

“Le agradecemos a los libaneses habernos recibido y suministrarnos arroz, aceite y otras cosas", dice. "Pero no pasa un día sin que me preocupe por lo que está sucediendo en mi país".

*Se han cambiado los nombres de los refugiados que se mencionan para proteger su identidad.


 

 

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