Kirguistán

Después de la violencia, en Kirguistán reina una delicada calma

Informe desde la calle Alisher Navoi

Imagen del UNICEF
© UNICEF/NYHQ2010-1334/Estey
En la calle Alisher Navoi, en la zona meridional de la ciudad kirguisa de Osh, una mujer rompe en llanto al rememorar sus experiencias durante el reciente conflicto. A sus espaldas, las ruinas de varios edificios derrumbados.

Por Rob McBride

OSH, Kirguistán, 1 de julio de 2010 – Es una escena que se repite vivienda tras vivienda a lo largo de la calle Alisher Navoi. Lo único que queda de algunos edificios son los muros carbonizados. Otras edificaciones están completamente derrumbadas. Y muchas muestran los impactos de los proyectiles disparados durante los intensos tiroteos.

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La calle Alisher Navoi cruza un vecindario uzbeko pobre en el que el mes pasado se registraron los peores episodios de la violencia étnica en esta ciudad. Rodeados por los testimonios de la devastación, en esta calle se forman pequeños grupos de hombres, mujeres y niños, muchos de ellos con un gesto atónito o resignado en sus rostros.

Cuando comienzan a hablar de los sucesos que fracturaron su comunidad hace algunas semanas, afloran rápidamente emociones muy intensas. A veces se manifiestan en palabras de ira y a veces en lágrimas de profunda desesperanza.

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Muradillo, de cinco años de edad, se aferra a la mano de su madre, Dilya, en la calle Alisher Navoi, en un vecindario de la ciudad kirguisa de Osh que quedó reducido en gran parte a escombros y cenizas. El niño todavía tiene dificultades para conciliar el sueño.

Temores y recuperación

Dilya, una mujer del vecindario, resume en pocas palabras la tensión que aún embarga a la comunidad y el carácter frágil de la relativa paz que reina en esta parte de la ciudad.

“Ayer, Muradillo regresó a casa corriendo", cuenta Dilya refiriéndose a su hijo de cinco años de edad. "Estaba muy agitado porque había visto a un hombre kirguiso a quien no conocía y pensó que era alguien que venía a atacarnos".

Pasará mucho tiempo antes de que Muradillo y los demás niños del vecindario puedan jugar en las calles libres de toda preocupación.

Algunos de los heridos y lesionados durante los episodios de violencia aún reciben tratamiento en el hospital provincial de Osh. En las camas del pabellón de hombres hay pacientes con heridas de armas de fuego que contemplan el cielor raso con la mirada perdida. Y en el vecino pabellón de mujeres se recuperan lentamente otras víctimas de la violencia, como Tursunai Mamanova.

"Lo que queremos es paz"

“Lo que queremos es vivir en paz con nuestros vecinos", dice Mamanova con la voz alterada por la emoción. "Quiero que todos, inlcuido el Gobierno, sepan que lo que queremos es paz".

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Un trabajador de UNICEF conversa con los vecinos de la calle Alisher Navoi de la ciudad de Osh, en la región de Kirguistán que sufrió los peores efectos de los recientes enfrentamientos.

En las calles de Osh, donde aún no se ha levantado el toque de queda, reina una calma tensa. Son pocas las partes de esta ciudad que no sufrieron daños durante los días de violencia. De hecho, frente al portón de entrada del hospital provincial se pueden ver los restos de las viviendas y tiendas que fueron incendiadas durante los disturbios.

El hospital fue el epicentro de la respuesta a la crisis y la violencia que provocaron miles de muertos, ya que en ese establecimiento recibieron tratamiento más de 1.500 heridos y lesionados.

“UNICEF fue una de las primeras organizaciones que nos ayudó en los días iniciales de violencia", comenta Gulbara Kenjebayeva, Subdirectora del hospital. "Los botiquines y los materiales e instrumentos quirúrgicos que nos suministró resultaron fundamentales para que pudiéramos prestar ayuda en los campamentos de desplazados y, posteriormente, en toda la comunidad".

Llega la ayuda de emergencia

La ciudad de Osh recibirá en breve mucha más ayuda, que será distribuida por UNICEF, otros organismos de las Naciones Unidas y diversos aliados locales por medio de varios programas que se organizan rápidamente en todos los vecindarios.

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© UNICEF/McBride
Varios camiones de transporte de suministros de socorro de UNICEF destinados a los refugiados que regresaron a Kirguistán cruzan el puesto fronterizo de Dustlik, en el límite entre Uzbekistán y Kirguistán, en dirección a la ciudad de Osh. Los vehículos forman parte de un convoy de ayuda humanitaria de varios organismos de las Naciones Unidas.

Un convoy de las Naciones Unidas proveniente del vecino Uzbekistán ya ha traído varias toneladas de suministros. UNICEF, por su parte, envió ocho camiones cargados con 40 toneladas de suministros para los refugiados que regresaron la semana pasada de Uzbekistan a la región meridional de Kirguistán. Los gobiernos de ambos países organizaron un "corredor de paz" para que el convoy de ayuda humanitaria de las Naciones Unidas pudiera cruzar la frontera y llegar a Osh, que se encuentra en la zona de Kirguistán que sufrió los peores efectos de la violencia.

El cargamento de UNICEF contenía artículos esenciales de salud e higiene, como medicamentos, botiquines de prevención y tratamiento de la diarrea y suplementos nutricionales y de vitaminas para los niños.

Apoyo psicológico a los niños

Sin embargo,  más grave aún que la destrucción material que sufrió Osh es el daño emocional y psicológico que padece la población.

“Lo importante es ayudar a restablecer la confianza entre los diversos sectores de la comunidad y de la población en las instituciones", señala Samphe Lhalungpa, Jefe interino de UNICEF en Kirguistán.

En ese sentido, UNICEF será un aliado fundamental del Gobierno y la comunidad, ya que prestará apoyo psicológico y social a los niños y ayudará a garantizar que las escuelas sean ámbitos seguros. UNICEF también ha hecho un llamamiento a los donantes internacionales para que ayuden a recaudar los fondos necesarios para financiar esas actividades con carácter urgente.

Las futuras labores de reconstrucción

Parte de la respuesta de UNICEF a la crisis consistirá en crear ámbitos acogedores para los niños en diversos puntos de Osh. “En la medida de lo posible, recibiremos en esos ámbitos a niños de diversos orígenes étnicos", explica Lhalungpa, “porque esa es una manera de comenzar a restablecer la confianza en la comunidad".

Tras una visita de inspección al vecindario de Alisher Navoi, donde observó la destrucción con sus propios ojos, Lhalungpa también hace hincapié en algunos aspectos positivos. "En algunas comunidades —y me refiero a comunidades de composición étnica diversa— los habitantes cerraron las calles y se ayudaron los unos a los otros durante una semana. Lo que afirmaron de esa manera fue que se oponían a esa carnicería, que vivían juntos y que se iban a prestar ayuda mutuamente".

Por lo que se ve en la calle Alisher Navoi y en el resto de Kirguistán meridional, es evidente que la confianza será uno de los elementos más importantes de las futuras labores de reconstrucción.


 

 

Vídeo (en inglés)

1 de julio de 2010: El corresponsal de UNICEF, Rob McBride, informa sobre la devastación sufrida por los habitantes de la ciudad de Osh, en Kirguistán, y acerca de la respuesta de UNICEF ante la crisis.
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