Kenya

La historia de Ekalale: Los servicios ambulatorios de salud salvan vidas en Turkana, al noroeste de Kenya

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© UNICEF Kenya/2011/Gangale
Después de su visita semanal al dispensario de Kakwanyang, Longor Akal y su hijo Ekalale descansan en su casa del poblado de Lokitoeliwo, situado en Turkana, al noroeste de Kenya.

Por Tim Ledwith

CONDADO DE TURKANA, Kenya, 17 de noviembre de 2011. Longor Akal ha conducido a su hijo Ekalale a una de sus visitas habituales al dispensario y centro ambulatorio de salud de Kakwanyang. Ekalale tiene alrededor de un año y es pequeño para su edad pero sonríe y hasta da unos pasos cuando su madre lo pone en el suelo. Se recupera de una desnutrición aguda grave.

Akal (20 años) es muy tímida para hablar, así que su hermana mayor Agnes nos cuenta su historia. Las hermanas viven con su familia en el pequeño poblado de Lokitoeliwo, a unos dos kilómetros de distancia, explica. Aunque siempre fueron pastores nómadas, su estilo de vida ahora es sedentario después de perder la mayor parte de su ganado debido a la prolongada sequía que sacude el noroeste de Kenya.

En julio de este año, según Agnes, las pocas cabras que quedaban ya no producían leche. El dinero que ganaban dejó de ser suficiente para comprar alimentos. Ekalale creció débil, enfermo y deshidratado. En agosto, su madre y su tía lo llevaron al centro ambulatorio.

En su primera visita, la enfermera Lawrence Kisagan comprobó la relación entre el peso y la altura de Ekalale y la circunferencia del brazo. Estos dos indicadores clave del estado nutricional confirmaron que el bebé padecía una desnutrición grave. Inmediatamente ingresó en el programa de alimentación terapéutica del centro ambulatorio.

Salud, inmunización y nutrición

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En su choza ubicada en el poblado de Lokitoeliwo situado en Turkana, al noroeste de Kenya, las hermanas Agnes (izda.) y Akal Longor fabrican escobas para ayudar a generar ingresos, puesto que perdieron el ganado con el que obtenían su sustento.

El dispensario de Kakwanyang se encuentra a media hora en vehículo al noreste de Lodwar, la ciudad más cercana, y para llegar a él es necesario recorrer los caminos de tierra llenos de baches del condado de Turkana, una zona con una baja densidad de población. El dispensario pone los servicios de salud al alcance de los niños y las familias, que de otra manera tendrían que caminar durante cuatro horas al hospital de distrito de Lodwar para recibir atención.

El Gobierno de Kenya estableció el centro ambulatorio de dos habitaciones en el mes de julio, con la ayuda de UNICEF y otros aliados. Al igual que otras instalaciones similares repartidas por todo Turkana, éste se estableció como respuesta a una serie de riesgos para la salud –incluidos los brotes de cólera– que se ven agravados por la sequía y la falta de acceso al agua potable. Una preocupación adicional fue la necesidad de mejorar la cobertura de inmunización sistemática.

Fundamentalmente, los centros también tienen en cambio el objetivo reducir la tasa de desnutrición grave entre los niños menores de cinco años de Turkana, que se ha incrementado hasta un 37% en algunas zonas. De ahí que en el dispensario de Kakwanyang se integren la salud, la vacunación y la nutrición.

Alimentación terapéutica

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La enfermera Lawrence Kisagan verifica la circunferencia de la parte mediana superior del brazo de Ekalale para evaluar su recuperación de la grave desnutrición que padecía, como parte del programa de alimentación terapéutica para pacientes ambulatorios en el dispensario de Kakwanyang ubicado en Turkana, al noroeste de Kenya.

Ekalale es uno de los seis niños con desnutrición grave que reciben tratamiento ambulatorio en el dispensario: un tratamiento que se aplica en forma de Plumpy’nut, un alimento de alto valor nutritivo a base de pasta de maní que proporciona UNICEF.

Para los niños como él, que llegan al centro ambulatorio con desnutrición grave pero sin serias complicaciones médicas, los alimentos terapéuticos listos para consumir se pueden utilizar en casa. Las familias llevan a sus hijos al dispensario para que les pesen y les examinen en citas semanales, y para reponer sus suministros de Plumpy’nut.

“Hemos acudido a todas nuestras citas”, dice Agnes, la tía de Ekalale, y el estado del niño refleja ese compromiso. “Al principio no respondía al tratamiento pero poco a poco ha mejorado”, añade.

Cuando los niños con desnutrición grave han alcanzado el peso ideal para su edad y altura en dos visitas semanales consecutivas, se les da de alta del programa ambulatorio. En agosto, Ekalale pesaba 5 kilogramos. Ahora se acerca a su objetivo de peso de 6 kilos y casi se ha recuperado totalmente.

“Es un gran avance”

La ayuda que recibe del dispensario de Kakwanyang no termina una vez que Ekalale recibe el alta médica en el centro de alimentación terapéutica. Más bien al contrario, sigue beneficiándose de un programa de alimentación suplementaria que recibe apoyo de UNICEF.

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Agnes Longor carga con su sobrino Ekalale mientras camina a casa con su hermana Akal hacia su poblado en Turkana, al noroeste de Kenya, después la revisión médica semanal del niño en el dispensario de Kakwanyang.

La enfermera Kisagan sugiere que los esfuerzos para prevenir la desnutrición aguda grave están dando sus frutos, ya que los ingresos para recibir alimentación terapéutica eran mucho más frecuentes cuando llegó hace unos meses.

“Hay una gran mejora”, dice. “Al principio, era terrible”.

Soluciones sostenibles

La Representante de UNICEF en Kenya, Olivia Yambi, señala que las intervenciones establecidas intensamente desde julio se basaban en los programas existentes en Turkana. La gran diferencia ha sido trabajar en las comunidades donde viven los niños en situación de riesgo.

Sin embargo, Yambi advierte que las perspectivas a largo plazo para los niños como Ekalale y sus familias de pastores todavía son inciertas. En medio de la sequía recurrente, el aumento de precios de los alimentos y el conflicto sobre el ganado, el agua y otros recursos escasos en Turkana, su forma intemporal de vida pende de un hilo.

En algunos casos, los pastores Turkana están cambiando su situación y en lugar de depender totalmente de los animales plantan cultivos de sorgo o de otro tipo siempre que es posible. Muchas mujeres, incluidas la madre y la tía de Ekalale, también tejen y venden cestas y escobas para generar algunos ingresos. A pesar de estos esfuerzos, alrededor de un tercio de todas los hogares en el condado dependen de ayuda alimentaria para sobrevivir.

“Tenemos que aprovechar esta situación”, dice Yambi. “para obtener más soluciones sostenibles”.


 

 

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