Kenya

Diario de campo: Testimonio directo de la crisis en el Cuerno de África

Camino a Dadaab: Tres historias que la arena no podrá enterrar

Por Manuel Moreno

DADAAB, Kenya, 6 de agosto de 2011. Hoy es el primer día de las cuatro semanas de misión con UNICEF en Dadaab. Un día común de sol, arena abrasadora y bofetadas intermitentes de polvo y viento en la cara. Andar unos metros con una pequeña mochila es tremendamente costoso, las fuerzas se te escapan muy rápido, los pies se te hunden en la arena haciendo que a cada paso la respiración se haga más agotadora.

VÍDEO: Vea este vídeo de UNICEF, en el que Manuel Moreno, trabajador de UNICEF, lanza el mensaje de agradecimiento desde los campos de refugiados de Dadaab y confirma que la ayuda está llegando.

 

Enfrente del centro de recibimiento de Ifo, donde se forman largas colas de recién llegados, conocí y entrevisté a tres familias, que forman parte de la media de 1.300 refugiados diarios que llegan a Dadaab. Compuesto por tres campamentos -Hagadera, Ifo y Dagahaley- y albergando a más de 400.000 desplazados, Dadaab se presenta como el campo de refugiados más grande del mundo.

El área de Dadaab se levanta en un entorno semidesértico en el noroeste de Kenya, a 100 km de la frontera y fue creado hace 20 años tras estallar la guerra civil en Somalia. Desde entonces, miles de cientos de personas, han ido llegando y se han asentado para huir de los conflictos armados de toda la región de África oriental. Llegan agotados, hambrientos y apenas con lo puesto. Un 80% de estos desplazados son mujeres y niños.

Nada más llegar, todos son registrados y auscultados por médicos para analizar su estado físico.  Aquí reciben la primera ración de alimentos que les tiene que durar 21 días, así como utensilios de cocina básicos y mantas. Durante esos 21 días, a la espera de ser oficialmente registrados y convertirse en asilados, se asientan en el extrarradio de los campamentos, fabricándose cabañas con palos, cartones, plástico o cualquier otra cosa que les proteja del inclemente sol y el viento.

Las condiciones en el extrarradio son terribles, la carencia de servicios básicos se hace notar al igual que la falta de información general a dichos servicios.

Dadaab: la diferencia entre vivir o morir

Imagen del UNICEF
© UNICEF/Kenya/Moreno
Nour Manur y su esposa Howa Mohamed junto a sus tres hijos a la espera de ser registrados y recibir su racion alimentos para 21 días en Dadaab (Kenya).

Las historias que los desplazados traen consigo son sobrecogedoras. Son las historias de los que no corrieron la suerte de llegar con vida a Dadaab. Son historias que nunca oímos y que quizás nunca conoceremos, pero que especialmente por ello nunca deberemos olvidar. A las afueras de Mogadishu, la joven Riyaq, madre de 3 hijos y dos gemelas de 7 meses, Riyaq y Damas, tuvo que tomar una decisión de la que dependería la vida de ella y la de su familia.

El marido de Riyaq abandonó a su familia dos meses atrás y nunca más volvió. Por lo que Riyaq, sin esperanzas, sin dinero y sin familia en la capital, decidió que era hora de emprender el camino a Dadaab, buscando a alguien que se apiadara de ella y les llevara en algún medio de transporte.

Apenas unas horas de distancia en coche de la frontera con Kenya, una de las gemelas, Damas, cayó gravemente enferma con una aguda diarrea... Riyaq era consciente de que si no se daban prisa en ingresar en el hospital al bebé, tendría pocas oportunidades de sobrevivir.

Hace veinte días,  Nour Manur y su esposa Howa Mohamed tomaron una decisión de la que dependerían sus vidas y la de sus cuatro hijos: emprender el largo camino a pie que separa su aldea en el sur de Somalia del país vecino (Kenya), con la idea de cruzar la frontera en busca de asilo en Dadaab.

Imagen del UNICEF
© UNICEF/Kenya/Moreno
Riyaq en el servicio de recibimiento de Ifo, en Dadaab (Kenya), con sus dos hijas gemelas, Riyaq y Dima, tras huir del hambre en su Somalia natal.

La decisión de partir a pie hasta Dadaab rondaba las cabezas de Nour Manur y Howa Mohamed desde hacía varios meses. La supervivencia en Dansoor, localidad situada a casi 400 kilómetros de Dadaab, se estaba haciendo imposible. A causa de la insoportable sequía, su pequeño huerto, que apenas dio maíz y otras verduras aquel año, estaba a punto de secarse y su rebaño, lejos de proliferar, fue menguando poco a poco.

Además, muchos de sus vecinos ya tomaron la misma decisión días atrás, abandonando sus tierras en busca de un futuro de esperanza.

Nour Manur y Howa Mohamed, acompañados de sus dos hijas Munina y Nima de 4 y 2 años respectivamente, y sus dos hijos Abderraman y Osman de 8 y 2 años respectivamente, recogieron los pocos alimentos de que disponían, embotellaron la escasa agua que podrían cargar y empacaron sus pertenecías.

Durante el camino, a veces tenían suerte y un coche les transportaba un pequeño trecho, pero la mayor parte del tiempo hacían el recorrido a pie. Una infernal travesía a Kenya donde, vulnerables frente a los soldados, a los acosos y los asaltos de bandidos, fueron pasando los días a menudo sin llevarse a la boca agua o alimento alguno.

El día en que la pequeña Munina de 4 años cayó enferma llevaban recorridos 15 días de camino. Munina empezó a sufrir dolores de estómago insoportables, los músculos de las piernas apenas le respondían y le era imposible poder enderezarse para dar tan siquiera un simple paso.

Se encontraban muy cerca de la frontera, quizás a un día o dos y muy cerca de Dadaab. Allí fue donde a Munina le abandonaron las fuerzas, apagándosele la vida poco a poco... Munina fue sepultada bajo un montón de arena por sus padres, su hermana y sus dos hermanos, a unos 120 kilómetros de Dadaab.

La respuesta de UNICEF

UNICEF se centra en el desarrollo de intervenciones integradas en los aspectos que atañen a la supervivencia y el desarrollo infantil, de modo que la organización y sus aliados están trabajando con las autoridades locales.  Entre otros proyectos que comenzarán en las próximas semanas, se han enviado medicinas a los centros de salud y suministros de nutrición, realizado campañas integradas de vacunación y facilitado el acceso a agua potable y saneamiento, así como construido aulas provisionales en los extrarradios de los campamentos.

Son por estas historias, por aquellos que en sus tumbas quedaron por el camino, que la comunidad internacional debe actuar y no doblegar sus fuerzas en la lucha por los derechos humanos y la justicia. Por desgracia, en el centro de recibimiento de Ifo no llegué a conocer a la pequeña Munina, ni a la mujer de Ibrahim Kushu, quien fue sepultada por su marido en presencia de sus tres hijos. En cambio, sí conocí a Dima, la preciosa bebé de la joven Riyaq, quien por suerte llegó a tiempo de ser tratada en el centro de salud de Ifo.

En toda la región del Cuerno de África, UNICEF calcula que será necesario ampliar las operaciones a lo largo de seis meses y poder llegar a los niños en las zonas afectadas por la sequía con asistencia preventiva y de emergencia. Mientras tanto, sigo en busca de esas historias tan frágiles y a la vez tan valientes que la arena no podrá enterrar.


 

 

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