Kenya

Tras el conflicto postelectoral, miles de niños y niñas no pueden ir a la escuela el primer día de clases

Imagen del UNICEF
© UNICEF Kenya/2007/Otieno
Un aula semivacía en la Escuela Primaria Ayany, en Kenya. Miles de niños y niñas han resultado desplazados debido a la violencia postelectoral, que también ha impedido que asistan a clases.

Por Juliett Otieno y Pamella Sittoni

NAIROBI, Kenya, 24 de enero de 2008 – La violencia que se desencadenó tras las disputadas elecciones presidenciales del año pasado ha sumido en el caos a muchos pobladores de Kenya.

Las graves consecuencias de los disturbios sobre la educación se reflejan claramente en que miles de niños y niñas desplazados no fueron a la escuela al reanudarse recientemente las clases.

En la Escuela Primaria Ayany, cerca de Kibera, solamente 15 o 20 alumnos han acudido a clase en lugar de los 75 que habitualmente estudian en cada aula. La directora de la escuela, Elisheba Khayeri, rompió con la tradición y obvió la formación matutina y la ceremonia de izamiento de la bandera.

Debido a que la escuela aún carece de trabajadores sociales, los propios docentes debieron brindar orientación psicológica a los niños y niñas víctimas o testigos de la violencia.

“Todos los alumnos presentes sufren. Nos pareció que debíamos dedicar la primera jornada de clases a compartir experiencias antes de iniciar el programa de estudios”, comentó la Sra. Khayeri.

Los que sufrimos somos nosotros

Algunos de los alumnos y alumnas que se mantuvieron informados sobre los acontecimientos relacionados con las elecciones dieron a conocer sus opiniones y formularon preguntas. Joshua, de 12 años de edad, manifestó su desencanto por que los dirigentes no hubiesen logrado llegar aún a un acuerdo acerca de los pasos y las medidas para devolver la paz a esta nación africana.

“Los que sufrimos somos nosotros. Hemos sido testigos de enfrentamientos violentos y todavía estamos atemorizados. Mientras no se encuentren soluciones, no sabemos qué nos deparará el futuro”, dijo Joshua.

Leah Asego es una maestra que está al frente de un grupo de apoyo que presta ayuda a los niños en la escuela. Desde que se desató la violencia, la docente ha dado albergue en su hogar a 15 niños y niñas.

“Muchos de ellos vivían solos o con sus hermanos”, explicó la Sra. Asego. “Decidieron albergarse en mi hogar debido a que varias viviendas de su vecindario fueron incendiadas. Tenían mucho miedo. Algunos se quedaron conmigo hasta principios del nuevo año. Me alegra mucho verlos hoy en la escuela”.

Atención a la educación, no a la violencia

Muchos niños y niñas perdieron sus uniformes escolares cuando se vieron obligados a huir de sus casas por razones de seguridad. La Sra. Khayeri explicó que la escuela acepta a todos los estudiantes desplazados aunque asistan a clase sin el uniforme escolar.

Además, la docente expresó su gratitud por que aún haya una escuela en la que los niños y niñas puedan seguir estudiando.

“Esta escuela funcionó como centro electoral, y al estallar la violencia algunas personas trataron de incendiarla. Pero intervinieron los jóvenes de la zona, ex estudiantes de la escuela, y lograron alejar a la muchedumbre y salvar el edificio”, señaló la Sra. Khayeri.

Mientras en todo el país se siguen realizando esfuerzos para resolver el conflicto por medios pacíficos, en la Escuela Primaria Ayany la atención no se centra en la violencia sino en que los niños y niñas regresen a las aulas.


 

 

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