Iraq

La restauración de las escuelas y la confianza de los niños tras los embates de la violencia

Imagen del UNICEF: Sadr City, Baghdad, UNICEF
© UNICEF Iraq/2008
Los niños y niñas del vecindario Ciudad Sadr de Bagdad comienzan a regresar a clases tras varias semanas de violentos enfrentamientos entre las fuerzas armadas y los grupos de milicianos iraquíes.

Por Claire Hajaj

AMÁN, Jordania, 23 de mayo de 2008 – Cuando se desataron los violentos enfrentamientos entre las fuerzas militares iraquíes y las milicias de Ciudad Sadr, la Escuela Primaria de Niñas Bagdad de ese vecindario de la capital de Iraq sólo tenía unos pocos meses de existencia.

Al finalizar los combates, el fuego de los morteros y los cohetes habían dejado a la escuela prácticamente en ruinas. La directora del establecimiento, Zainab Kadhum, y el personal del mismo habían logrado que las niñas regresaran a salvo a sus hogares, pero no habían podido hacer nada para salvar de la destrucción a lo que hasta entonces había sido un entorno en el que las niñas iraquíes podían recibir educación de buena calidad pese a la inseguridad que azotaba al país.

“La escuela quedó reducida a escombros”, explica la Sra. Kadhum. “Las niñas vienen a rendir sus exámenes finales, pero tratamos de que lo hagan lo más rápidamente posible para evitar que pasen mucho tiempo en un edificio a punto de desmoronarse. Un terremoto, y hasta un bombardeo en las inmediaciones, podría ser la causa de que las niñas quedaran enterradas bajo las ruinas de la escuela”.

Una treintena de escuelas de Ciudad Sadr han sufrido daños debido a la violencia. Cuando las escuelas volvieron abrir sus puertas, tenían las ventanas destrozadas, los pupitres y asientos destruidos y los inodoros quebrados. Naturalmente, los alumnos y alumnas estaban muy nerviosos y asustados. Muchos padres decidieron que sus hijos no fueran a la escuela a pesar de que en la región se había firmado una declaración de cesación del fuego.

Vivir con temor

“Para nosotros, la guerra significa temor e incertidumbre”, comenta Mohammed, un niño de 15 años que vive con su familia en el corazón de Ciudad Sadr. “La guerra significa hogares destruidos, personas muertas y heridas, bombardeos aéreos, cañoneos y cortes de luz. Cuando se combate en las calles no podemos salir de las casas ni caminar por donde vivimos”.

Ciudad Sadr, que ocupa una superficie de algo más de 1,5 kilómetros cuadrados, es una zona densamente poblada y uno de los vecindarios más pobres de Bagdad. Ciudad Sadr ha sido escenario de algunos de los enfrentamientos más violentos desde 2003, cuando comenzó la guerra en el Iraq. Una reciente operación militar mediante la cual el Gobierno trató de expulsar a las milicias armadas desencadenó en diversos puntos del vecindario combates casa por casa. Esos enfrentamientos dejaron aisladas a muchas familias, desplazaron a muchas personas y dieron lugar a la escasez de agua, medicamentos y alimentos.

“Los combates tuvieron graves consecuencias para nosotros”, comenta Mohammed. “No hemos tenido agua ni electricidad. Como se han colocado bombas a la vera del camino principal, ni siquiera los automovilistas particulares se atreven a transitarlo. Cuando comienzan a estallar los cohetes y los proyectiles de mortero, mi padre nos hace refugiar en una habitación de la vivienda donde podemos escondernos hasta que nos parece que no corremos peligro”.

A veces, ni siquiera esas precauciones son suficientes. Recientemente, un cohete hizo impacto junto al hogar de Mohammed. La explosión destruyó los cristales de las ventanas y el auto de la familia y le causó lesiones al padre de Mohammed. El Gobierno del Iraq calcula que este conflicto ha dejado un saldo de unos 2.600 heridos y lesionados.

Restaurar la confianza de los niños

Los equipos de UNICEF han colaborado sobre el terreno con las autoridades locales en la distribución diaria de agua potable por medio de camiones cisterna del organismo internacional. También se entregó agua y suministros médicos a los hospitales de la ciudad, lo que alivió en cierta medida las tareas de los exigidos médicos y enfermeras, que debieron atender a un elevado número de heridos y lesionados.

A medida que disminuyen las dificultades para prestar servicios a la población afectada, UNICEF ha comenzado a restaurar las escuelas de Ciudad Sadr, muchas de las cuales estaban en situación precaria aún antes de que se desatara el conflicto, ya que carecían de agua corriente, electricidad y saneamiento adecuado.

“Reparar escuelas requiere más que construir con cemento y ladrillos”, dice Mette Nordstrand, a cargo de las labores de educación de la Oficina de UNICEF en el Iraq. “También tenemos que restablecer la confianza de los niños y niñas en el valor del educación, y hacerlo en un ambiente de inestabilidad. Pero cuando prestamos ayuda a un escuela, les estamos diciendo a esos niños y niñas que lo que aprenden es importante para su futuro y que la escuela es un buen lugar para hacerlo”.

UNICEF suministra artículos y elementos esenciales para la educación a las nuevas escuelas y repara los establecimientos que han sufrido daños. El desafío más grande, sin embargo, consiste en ayudar a que cicatricen las lesiones psicológicas que la violencia ha causado en los niños y niñas.

 “Aunque nuestras escuelas están ahora en mal estado, yo espero que mejoren”, dice Mohammed. “Estoy seguro de que otros niños deben sentir tristeza cuando se enteran de lo que nos sucede a nosotros. Es que nadie quiere que los niños sufran y vivan en situación de crisis”.

Anwulika Okafor colaboró con este artículo desde Nueva York.


 

 

Vídeo (en inglés)

23 de mayo de 2008:
Anwulika Okafor, corresponsal de UNICEF, informa sobre los efectos de la reciente violencia en la educación de los niños y niñas de Bagdad.
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