Panorama: la India

Diario de operaciones

17 de julio de 2004: Las inundaciones en el Asia meridional causan estragos, se cobran vidas y desplazan a millones de personas

Imagen del UNICEF
© UNICEF/Ranjan Rahi
En el estado de Bihar (India), una familia en una balsa improvisada con troncos de plátano.

Las lluvias y las inundaciones que han arrasado el Asia meridional en la estación de los monzones, han matado a numerosas personas y dejado a millones de otras desplazadas en la India, Bangladesh y Nepal. Las inundaciones han asolado aldeas, arruinado campos de cultivo y continúan suscitando riesgos de enfermedades transmitidas por el agua, como cólera y disentería, que pueden afectar a los niños y las mujeres.

El UNICEF y sus aliados en la India, Bangladesh y Nepal están tratando de aportar suministros de emergencia para ayudar a las víctimas de las inundaciones.

Este fin de semana, las inundaciones siguieron causando estragos en Bangladesh y la India. El Oficial de Comunicaciones del UNICEF, Anupam Srivastava, que cubre los estados de Bihar y Jharkhand (India), ofrece un informe directo sobre la situación en Bihar.

Imagen del UNICEF
© UNICEF India/2004/Rahi
Patrullando las zonas inundadas

Por Anupam Srivastava
MUZAFFARPUR, estado de Bihar (India), 17 de julio de 2004 - La carretera es la línea de supervivencia: es el hogar, el cuarto de baño, el retrete, el comedor, el lugar de protestas y demostraciones; pero cuando se inunda, también es el sitio donde se incineran los cadáveres, víctimas de la mortífera estación de los monzones este año.

Los sobrevivientes en Bihar están en un dilema: o bien abandonan sus viviendas parcialmente sumergidas, o bien permanecen en ellas, a riesgo de morir ahogados o por inanición o enfermedades. A medida que sigue subiendo el nivel de las aguas en gran parte del estado, están desapareciendo los alimentos y el agua potable. Este viernes 16 de julio se desmoronó una importante represa cerca de Samastipur, distrito que hasta ahora no había sido gravemente afectado.

Acompañamos a un regimiento del Ejército, encargado de tareas de socorro y rescate. Ayer entregaron láminas de plástico y un kilo de alimentos a cada familia visitada. Emprendemos nuestro itinerario en lo que fue una autopista nacional, pero ahora está completamente intransitable en algunos sectores.

A los pocos minutos, nos detenemos abruptamente. Un periodista de regreso nos dice que estalló un combate entre dos grupos armados, uno que quería excavar la carretera para que el agua se escurriera de un costado al otro, y reducir así el nivel en su propio costado; el otro grupo se resistía, porque quería mantenerse al abrigo. Al parecer, hubo nutridos disparos de armas de fuego.

A pocos minutos de haber comenzado nuestro viaje, se transforma el panorama. En lugar de la vegetación lujuriante a la que estamos acostumbrados, nos vemos rodeados por lodazales que se hacen cada vez más fangosos a medida que avanzamos.

La escasez de alimentos es sólo uno de los numerosos peligros que amenazan a las poblaciones inundadas

Llegamos a una estación de ferrocarril; la circulación de trenes se interrumpió hace una semana. Es el último lugar seco antes de un vasto espacio inundado. Cuando la gente ve vehículos del Ejército y el UNICEF, acuden corriendo. Muchos son niños. “En los últimos tres días no tuve nada que comer”, dice Ramlal, un niño de 10 años que apenas puede sostenerse sobre sus piernas. Una niña, de aspecto febril, pregunta “¿Nos han traído algo de comer?”.

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© UNICEF/Ranjan Rahi
A lo largo de la carretera Darbhanga-Muzaffapur, donde se han refugiado miles de personas, una familia trata de proteger sus cereales contra la lluvia.

Las zonas que estamos visitando no se habían inundado durante 20 años. La gente carecía de toda preparación. Usamos botes para rescatar quienes quieren ir a zonas secas. Cuando el bote se aleja de la orilla, nos vemos repentinamente en medio de la realidad: un lugar donde la tierra desapareció desde hace varios días.

Estamos flotando por encima de las copas de los árboles y los techos de las viviendas. Un jefe de aldea que viaja con nosotros dice: “Lo que se ve son los árboles más altos y las casas más altas”. Nos rodea un silencio total. En el camino, vemos serpientes que nadan hacia los árboles más cercanos. Los insectos y las aves se posan en pequeñas ramas, hojas o cualquier cosa que flote. Incluso el personal del Ejército que está acostumbrado a estas situaciones, está pasmado frente al peligro que amenaza a quienes han quedado rezagados.

Nuestra primera parada es una gran colina donde se han congregado los habitantes de varias aldeas vecinas. Algunos vienen vadeando la corriente hasta nosotros. Quieren alimentos y agua potable. “¿Tienen ustedes algo para comer?”, dice un anciano cuya familia aún está en la aldea, en lugar de acompañarlo. Nos hablan de Lukhee Paswan, quien se ahogó tratando de llegar a la colina desde su aldea; su hijo, solo, al borde de los sollozos, pide a un aldeano: “Por favor, encuentren su cadáver”.

Embarcamos a un anciano que no puede respirar y a dos niños con diarrea grave y seguimos avanzando. Después de un par de millas, llegamos a otra aldea casi completamente sumergida, donde la gente está en los techos de las viviendas. Nadie quiere marcharse de su hogar, salvo una embarazada y una mujer enferma, quienes se embarcan cuando se les dice que se las llevará a un lugar seguro.

En todas las aldeas que visitamos, la gente ha estado alimentándose con cereales húmedos y podridos y bebiendo aguas turbias. “Las bombas manuales nos dan la misma agua ustedes ven por aquí”, dice un hombre de Asaram Tikra. Los alimentos escasean y están expuestos a la frecuente lluvia. Grandes cantidades de personas se han enfermado y tienen fiebre, vómitos y diarreas.

Regresamos a la carrera Darbhanga-Muzaffarpur, donde ayer se ahogó una niña. Su cadáver fue incinerado. Hace unos días, hubo otra víctima. Al regresar, vemos nuevamente a la gente que se abalanza sobre los vehículos que distribuyen alimentos. Estallan rencillas y los puestos de control vial dificultan la situación.

La vida se ha paralizado. Lo único que se mueve es el agua. Prometemos regresar. “Llámenme por mi nombre; si no estoy muerto, acudiré”, dice Umesh Sahni, el padre de otra niña ahogada hace un par de días.


 

 

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22 julio 2004: la lucha de los niños y niñas de Asia meridional por sobrevivir a las inundaciones.

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La situación en Bihar, India

Graves inundaciones desplazan a miles en Asia meridional

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