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| © UNICEF Haiti/2006/Linton |
| La futbolista Ivna Chérie, de 11 años, y sus compañeras de escuela esperan a que dé comienzo su partido en un estadio situado en el extrarradio de la capital haitiana, Puerto Príncipe. |
Para la Copa Mundial FIFA 2006, UNICEF y FIFA hacen campana para asegurar un mundo más pacifico para niños y niñas. Este es el perfil de una de las estrellas del Equipo UNICEF.
Por Malcolm Linton
PORT-AU-PRINCE, Haití – Un caluroso sábado por la mañana en que la mayoría de los haitianos se resguardan del sol, Ivna Chérie juega al fútbol con sus compañeras de escuela en un campo lleno de rastrojos de un estadio en ruinas a las afueras de la capital, Puerto Príncipe.
Ivna, de 11 años de edad, lleva cerca de un año jugando dos veces por semana, desde que ella y su tía, Germaine Chérie, tuvieron que dejar su casa en el barrio de Nazon, en el interior de la ciudad, debido a la presencia creciente de bandas violentas. Cuenta Ivna que a menudo sentía miedo de salir a la calle por causa de los tiroteos y los secuestros.
Ella y su tía se mudaron al barrio de Bois Monquette, situado en la ladera de un monte, a un complejo de pequeñas viviendas construidas con bloques de hormigón y comunicadas mediante estrechos pasadizos. Comparten la casa con un tío y sus cinco hijos. La habitación más grande mide aproximadamente 2,5 por 3 metros, y en ella hay una cama de matrimonio, un televisor que apenas se ve, montones de libros y objetos apilados en mesas y estanterías, imágenes de santos en las paredes y, tendida, una cuerda para colgar la ropa.
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| © UNICEF Haiti/2006/Linton |
| La futbolista Ivna Chérie, de 11 años, entrena antes de un partido un sábado por la mañana con sus compañeras de escuela en un estadio situado en el extrarradio de la capital haitiana, Puerto Príncipe. |
Una escuela en la que se practica el fútbol
Germaine es estoica. “Es difícil cuando no se tiene nada; uno ha de resignarse a vivir así,” dice.
Una de sus preocupaciones cuando se mudaron a Bois Monquette era encontrar una escuela para Ivna. No tenía dinero para afrontar los pagos porque la imprenta en la que trabajaba en Nazon había cerrado. Pero cuenta que tuvo suerte, pues una amiga de la familia consiguió una plaza para Ivna en una escuela gratuita perteneciente a una parroquia cercana.
Además de contar con un buen programa de estudios, en la escuela de Timkatec se practica el fútbol, lo cual agrada mucho a Germaine, que es una fan incondicional del equipo nacional de fútbol brasileño, en especial de las estrellas Ronaldo y Ronaldinho.
“Siempre he dicho que si tuviera que criar a un niño o una niña, me gustaría que jugara al fútbol,” cuenta. “Quiero animar a Ivna a que continúe jugando, porque el fútbol podría darle la oportunidad de viajar y visitar otros países y tener acceso a cosas que de otro modo jamás tendría.”
Aprender el juego justo
Germaine, que está soltera, se llevó a Ivna a vivir con ella debido a que Ivna vivía en el campo con sus padres que, al ser agricultores, a menudo se veían obligados a dejarla sola en casa. Germaine cuenta que es estricta porque no quiere que su sobrina se convierta en una joven promiscua, lo cual constituye un verdadero riesgo en un país donde, debido a décadas de conflicto, la gente es tan pobre que muchas niñas se ven obligadas a prostituirse para poder sobrevivir.
El entrenador de fútbol de Timkatec, Fritz Cariotte, cree que este deporte encierra una lección social importante para los niños y niñas que crecen en sociedades injustas y brutales. “El fútbol les enseña a perdonarse unos a otros cuando se hacen daño, en lugar de reaccionar de forma violenta. Aprenden en qué consiste el juego justo.”
Puede que el fútbol contribuya a compensar a Ivna por la vida tan dura que ha vivido hasta ahora. “Se la ve más feliz,” afirma su profesora, Sophia Pierre, que ayudó a Germaine para que Ivna ingresara en Timkatec. “Me doy cuenta de que está feliz incluso cuando ve un partido; y muchísimo más todavía cuando lo juega.”
Ivna lo corrobora: “El fútbol me hace sentir mejor”, dice. “Me ayuda a no pensar en todo lo malo que está ocurriendo en el mundo.” La jugadora Ivna Chérie, de 11 años, y sus compañeras de escuela esperan a que dé comienzo su partido en un estadio situado en el extrarradio de la capital haitiana, Puerto Príncipe.
Vídeo (en inglés)
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