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| © UNICEF Sri Lanka/2005/Dan Thomas |
| Supendrini Thavabalasingham, de 13 años, perdió a su madre, a dos hermanas y a un hermano bebé en el tsunami. |
Por Feizal Samath
MULLAITIVU, Sri Lanka, 22 de abril de 2005 – Andando por esta playa desolada del nordeste de Sri Lanka, Supendrini Thavabalasingham, una niña de 13 años, sujeta firmemente la mano de su padre mientras ambos contemplan el mar que deshizo sus vidas.
Ellos son los únicos sobrevivientes de una familia de seis personas que fue diezmada por el tsunami. Tres meses después, con la ayuda del UNICEF y sus aliados, el padre y la hija intentan recuperar sus vidas, esperando sobreponerse a los trágicos sucesos del 26 de diciembre de 2004.
“Mi madre me dijo que debía estudiar mucho y ayudar a mis padres cuando creciera. Ahora debo estudiar mucho y velar por mi padre”, dice tranquilamente Supendrini luego de recorrer los escombros que quedan de lo que fue la casa de su familia.
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| © UNICEF Sri Lanka/2005/Dan Thomas |
| Supendrini de pie sobre lo que queda de su casa. |
Perdió a su madre, a dos hermanas de 10 y cinco años de edad, y a un hermanito que habría celebrado su segundo cumpleaños el mes próximo.
Para Poobalasingham, su padre, un hombre de 40 años, la pérdida es difícil de soportar.
“Perdí todo. Vivo tan sólo por esta hija”, dice, abrazando a Supendrini que lo mira con preocupación mientras se sientan entre las ruinas de su antigua casa a sólo 100 metros de la playa.
Ahora viven en una casa provisional de un campamento de refugiados que hay en las cercanías, donde ponen flores y oran todas las mañanas ante un santuario improvisado con fotografías de cada uno de los miembros de la familia que murieron.
Miles de cingaleses como Supendrini y su padre perdieron a seres queridos en el tsunami. En el campamento provisional de Unnapulavi donde viven los Thavabalasinghams, 500 familias tienen acceso a cisternas de agua potable, en tanto hileras de letrinas proporcionan facilidades sanitarias para hombres, mujeres y niños. Se dispone de áreas separadas de baños para mujeres y hombres, y unos tanques gigantescos garantizan el suministro regular de agua.
Inmediatamente después de las diarias oraciones rituales, Supendrini sale para la escuela con su impecable uniforme blanco provisto por el UNICEF. Ella debe andar más de dos kilómetros hasta la escuela provisional de Mullaitivu donde cursa el octavo grado.
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| © UNICEF Sri Lanka/2005/Dan Thomas |
| Supendrini y su padre caminan por la playa cerca de su antiguo hogar. |
Hay tres cobertizos con varias aulas cada uno. La escuela, que estaba cerca de la playa –expuesta a la plena furia del tsunami– perdió 88 de sus 975 alumnos, de los cuales 20 aún están desaparecidos. En lugar de aulas, los árboles les sirven de albergue a unos cuantos estudiantes de los grados más avanzados, como en el que Sharmila Ganeswaran, de 19 años, aprende comercio.
“Quiero obtener una buena educación para poder ayudar a mi familia. Quiero trabajar en un banco”, dice, admitiendo llorosa que le resulta muy difícil concentrarse. “Me acuerdo constantemente de mi hermano y de mi hermana [que murieron], porque también estudiaban en esta escuela”.
Supendrini encuentra que la escuela le da tiempo para estar con sus amigos y una oportunidad de aprender. Al llegar de la escuela, su padre la saluda cariñosamente.
Poobalasingham quiere encarrilar su vida. “Quiero recuperarme. ¡Ojalá pudiéramos regresar a nuestras antiguas casas! Pero el gobierno debe brindarnos algunas facilidades”, dice mientras recoge un retazo del sari de su esposa y abraza a su hija en un momento de tristeza.
Desde el 26 de diciembre, la oficina del UNICEF en Sri Lanka ha realizado labores de socorro humanitario a partir a su compromiso básico con la infancia en situaciones de emergencia: suministro de agua potable, saneamiento e higiene; así como de servicios esenciales de salud y nutrición, de oportunidades de aprendizaje, y protección y apoyo psicosocial de la niñez.
Vídeo (en inglés)
Marzo de 2005:
Rob McBride, corresponsal del UNICEF, cuenta la trágica historia de una familia destrozada por el tsunami.
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