Honduras

UNICEF visita un albergue que acoge a los damnificados por Agatha en Honduras

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© UNICEF/Honduras/Maryurietrs Rosales
Un niño juega con unas galletas en la escuela Toribio Bustillo, un centro escolar del barrio de Las Brisas en Tegucigalpa, convertido en albergue para las víctimas de la tormenta tropical Agatha, que azotó recientemente Honduras.

Por Ianire Molero

TEGUCIGALPA, Honduras, 15 de junio de 2010 – Una sábana roída sobre una cama hace de cuna de un bebé que duerme. Raquel tiene dos días y descansa serena envuelta en mantas de lana, a pesar del calor. “Ya sabe, salen de la panza de la mamá calientes y siempre hay que taparles, aunque no haga frío”, explica su madre, Dulce, desde una silla contigua.

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La escuela Toribio Bustillo, un centro escolar del barrio de Las Brisas en Tegucigalpa, ha sido habilitado como albergue durante la primera tormenta tropical Agatha, que ya ha dejado 18 muertos en Honduras. Distribuidas por aulas, un total de 50 familias vecinas de Las Brisas –unas 170 personas, entre ellas 120 niñas y niños- tratan de hacerse un hueco entre la incomodidad de un espacio que no es el suyo.  

“Por supuesto que no es lo mismo estar en casa que aquí. Di a luz el domingo. El lunes, después de tener al bebé, vine directamente con mi hermana y los niños porque aún no es seguro regresar a casa. Trato de reposar, pero en estas condiciones de estrés… es imposible”, comenta Dulce, al tiempo que señala un colchón esparcido en el suelo donde según dice descansa del posparto. La pequeña Raquel es la cuarta de la progenie y, a juzgar por sus diminutos ojos cerrados, no parece alterarse por el ambiente del albergue ni por las conversaciones a su alrededor.

 4.000 evacuados

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© UNICEF/Honduras/Maryurietrs Rosales
Sonriente, esta niña posa ante la cámara en el centro escolar Toribio Bustillo. En total se ha evacuado de sus casas a 4.000 hondureños.

La niña y su madre se cuentan entre los 4.000 hondureños evacuados de sus domicilios por la policía o los bomberos de Honduras a centros comunales o escuelas públicas para protegerse de unas lluvias que destrozado sus casas. Esta tarde, todos en el albergue esperan la respuesta del Comité Permanente de Contingencias (COPECO) de Honduras que, justo en el momento de la visita de UNICEF, analiza la situación de cada casa y la posibilidad o no de que cada familia regrese.

“Van una por una examinando. Los que no sufrieron daños, seguramente, pronto volverán. Sin embargo, hay siete casas destruidas  y están viendo cómo recolocar a la gente”, expone la coordinadora voluntaria del albergue.

Una mujer del grupo, se anima a hablar entre sollozos. Señala la lesión provocada por la mordida de un perro: “Me tiene que ver un médico. Me pasó cuando buscaba comida para los niños. Y mi casa ha quedado en ruinas, no puedo volver”, comenta. Su casa es una de las siete que COPECO –aliado de UNICEF en Honduras- considera inhabitables por su estado después de las lluvias.

Aunque en Tegucigalpa hay varias zonas declaradas “de alto riesgo” por el Gobierno, la hilera de casas de madera con techos de uralita ancladas en la ladera del río Choluteca siguen estableciendo el paisaje capitalino. Cuando la lluvia cae con fuerza, quienes viven en ellas corren el peligro de ser engullidos por el desbordamiento del río. Por eso, cuando el Gobierno declara la Emergencia Nacional por las lluvias, como ahora, esas personas son las primeras en ser evacuadas.

"Invasiones"

“Ya sabemos que es peligroso. Construimos allí porque no tenemos dinero para un alquiler. Con mi trabajo como comerciante gano 150 lempiras al día –nueve dólares estadounidenses- y con ello viven los cinco integrantes de mi familia”, arguye José, con su hijo en sus hombros. Él y varios compañeros del albergue habitan la hilera de casas que conforman su pequeño barrio en primera línea del río Choluteca, que el resto de capitalinos denomina “invasión”.

En la “invasión”, el conjunto de viviendas está asentado a pocos metros de la orilla, entre el río y un gran muro de contención construido tras el paso del huracán Mitch para frenar futuros desbordamientos. Del otro lado del paredón comienza un nuevo vecindario con casas de material consistente. Los niños, las madres y los padres que caminan decididos sobre la estrecha superficie en lo alto del muro.

Esta práctica es habitual todos los días para entrar en sus hogares, según explican estos residentes evacuados, y por el momento nadie se ha caído. Mientras tanto y a escasos metros, en el albergue de Las Brisas, las niñas y niños ordenan las sillas en fila y limpian el suelo. “Esta tarde llega el presidente a ver nuestra situación”, interviene una maestra que hace de voluntaria en la organización del refugio.

Hasta el momento, COPECO estima que hay más de 13.000 afectados en Honduras por las tormentas, más de 4.000 albergados –unos 600 damnificados- casi 1.500 viviendas dañadas y casi 13.000 evacuados. Además, la tormenta Agatha ha dañado cuatro centros de salud, 13 líneas de agua potable, casi 900 alcantarillados, 12 fuentes de energía eléctrica, más de 5.000 zonas de cultivo y más de 200 cabezas de ganado. UNICEF ha contribuido en la emergencia con conjuntos de higiene y cocina, sobre todo en el sur de Honduras, donde Agatha ha causado más estragos.


 

 

Vídeo

Vea un vídeo sobre las familias que permanecen albergadas semanas después de la tormenta tropical Agatha.
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