Haití

Diario de campo: La lucha contra la trata de menores en la frontera de Haití

Imagen del UNICEF
© UNICEF/Haiti/2011/Palayret
Gallianne Palayret, Especialista en Protección infantil de UNICEF, en la permeable frontera entre Haití y la República Dominicana, que cruzan muchos niños y niñas forzados por los tratantes de menores o por su propia voluntad en búsqueda de trabajo.

Gallianne Palayret se desempeña como Especialista en Protección infantil de la oficina de UNICEF en Haití. Su trabajo consiste en proteger a los niños y niñas de los tratantes de menores que les transportan entre Haití y la República Dominicana. En enero pasado, Paylaret inspeccionó dos cruces fronterizos oficiales y varios más no oficiales del lado haitiano para evaluar el grado de protección que reciben los niños.

Por Gallianne Palayret

PUERTO PRÍNCIPE, Haití, 16 febrero 2011. Son las ocho de la mañana, y somos los primeros en llegar a Ouanaminthe, el punto más septentrional de la frontera entre Haití y la República Dominicana, donde nos reuniremos para comenzar a inspeccionar varios cruces fronterizos no oficiales. La patrulla fue organizada por la brigada de protección de menores de la policía de Haití, que recibe apoyo de UNICEF. Lamentablemente, las labores de patrullaje no se realizan todos los días. En las zonas limítrofes, un número limitado de agentes fronterizos debe responder a un elevado número de situaciones de emergencia, y no siempre se otorga prioridad a la prevención de la trata de menores.

Tras un viaje de 45 minutos por caminos accidentados, nos bajamos de los automóviles y recorremos a pie una estrecha senda que lleva a uno de los puntos fronterizos no oficiales entre Haití y la República Dominicana. Para pasar al otro lado de la frontera basta con cruzar un arroyo casi seco, lo que no requiere mucho esfuerzo.

“Conozco este paso. Lo suelen usar los tratantes de personas”, comenta un agente de policía de Capotille que nos acompaña.

El apoyo de UNICEF

En los alrededores de los cruces fronterizos oficiales existen decenas de pasos no oficiales a los que resulta imposible vigilar día y noche durante toda la semana. Sin embargo, las patrullas imprevistas como la que acompañamos hoy son importantes porque preocupan y despiertan en los tratantes de menores el temor de ser atrapados, lo que dificulta sus operaciones. UNICEF presta ayuda a la brigada de protección de los menores para que pueda aumentar el número y la frecuencia de las operaciones de patrullaje.

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MINUSTAH, la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití, la policía de las Naciones Unidas y Heartland Alliance colaboran con la brigada de protección de menores de la policía de Haití, que cuenta con el apoyo de UNICEF, en el patrullaje de las zonas de tránsito fronterizo ilícito.

Horas después, encontramos a dos niños que pocos días antes habían sido abandonados en la frontera. Lamentablemente, la familia de una aldea cercana que les acogió después que fueron rescatados es muy pobre y no puede hacerse cargo de los niños. Se trata de Marie, de ocho años de edad, y de su hermano Francisco, de cuatro, que viajaban en compañía de un hombre. El hombre intentaba cruzar la frontera hacia la República Dominicana con los niños cuando fue descubierto por una mujer de la aldea. El hombre huyó dejando atrás a Marie y Francisco.

UNICEF brinda apoyo a un refugio en la localidad de Ouanaminthe. El albergue está a cargo de la orden religiosa Sœurs Saint Jean, cuyas integrantes acogen y cuidan a los niños y niñas víctimas de los tratantes de menores, hasta que pueden reunirse con sus familias o ser trasladados a un centro de asistencia residencial. A ese centro llevamos a Marie y Francisco, quienes, tras recibir juguetes, conocer nuevos amigos y devorar un enorme plato de comida, recuperan la alegría y las ganas de jugar propias de su edad.

Los niños cruzan la frontera

Partimos de Ouanaminthe la mañana siguiente sin saber exactamente qué nos depara el día. Unos 40 km al sur de la zona fronteriza de Ouanaminthe/Dajabon se encuentra, del lado dominicano, la ciudad de Restauración. Allí termina el pavimento y comienza un camino de tierra. Tras recorrerlo durante 10 minutos, el paisaje comienza a cambiar. Desaparecen las coloridas viviendas y jardines dominicanos y aparecen construcciones precarias cubiertas de carteles alusivos a la primera vuelta electoral de Haití. En esta zona, los habitantes hablan criollo, pues del lado derecho del camino se extiende Haití y del izquierdo la República Dominicana, y sin darnos cuenta hemos cruzado la frontera.

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Entre mayo y diciembre de 2010, la brigada de protección de los menores detuvo a 1.437 niños y niñas indocumentados que estaban a punto de cruzar la frontera entre Haití y la República Dominicana en la localidad de Belladère. Se trata de un número entre cuatro y cinco veces superior a la cantidad de niños detenidos en cualquier otro punto de la frontera entre ambas naciones caribeñas.

Nos encontramos en la aldea de Ti Lory, que no figura en mi mapa. Pese a que se trata de una localidad aparentemente olvidada por las organizaciones de ayuda nacionales e internacionales, los niños y niñas de la región son tan vulnerables como los del resto de las zonas afectadas del país.

“Las familias de aquí puede tener hasta 15 hijos, pero son tan pobres que no pueden enviarles a la escuela, y a veces ni siquiera pueden alimentarles”, explica el alcalde de Ti Lory, que insiste en que UNICEF debería volver pronto para ayudar a que esos niños tengan una vida mejor.

Entre mayo y diciembre de 2010, la brigada de protección de los menores detuvo a 1.437 niños y niñas indocumentados cuando estaban a punto de cruzar la frontera entre Haití y la República Dominicana en la localidad de Belladère. Se trata de un número entre cuatro y cinco veces superior a la cantidad de niños detenidos en cualquier otro punto de la frontera entre ambas naciones caribeñas.

Ignorantes de los peligros

La aldea de Baptiste, ubicada en una zona montañosa a 18 km de Belladère, ilustra la situación reinante. La población local solía cultivar cacao, pero la erosión de los suelos y la caída vertiginosa de los precios de ese producto dejaron a muchos sin trabajo. Los habitantes nos miran con curiosidad cuando llegamos a la aldea en compañía de nuestros aliados de Heartland Alliance para llevar a cabo labores de concienciación sobre la trata de menores. No están acostumbrados a recibir visitas, de manera que de inmediato nos rodea una pequeña multitud.

Los facilitadores de nuestro grupo comienzan a hablar sobre los derechos de los niños y la importancia de que éstos crezcan con sus familias. Agregan que los niños y niñas que cruzan la frontera corren grave peligro.

“Los niños y niñas haitianos que son transportados a la República Dominicana suelen terminar prostituyéndose, mendigando por las calles o realizando trabajos domésticos en hogares donde a veces se les trata como esclavos. En algunos casos, se les obliga a contrabandear armas y drogas”, explica Nicolás, uno de los facilitadores.

Y pregunta: “¿Quiénes tienen uno o más niños en la República Dominicana?”.

Tras un minuto de silencio, se levantan varias manos. Varios habitantes de la aldea indican tímidamente que han enviado a sus hijos e hijas a la República Dominicana. La pequeña muchedumbre comienza a animarse, y los aldeanos empiezan a comentar que no estaban al tanto de los peligros que corrían sus hijos cuando pasaban al otro de la frontera. Dicen que creían que les estaban dando oportunidades de tener una vida mejor.


 

 

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