Haití

Un centro de asistencia residencial ofrece protección a los niños de la calle de Cap-Haitian

Los niños y niñas de Haití aún se están recuperando de los efectos del terremoto del 12 de enero de 2010. A continuación, un artículo de una serie dedicada al largo camino que separa las labores de socorro de la recuperación a más de un año de aquel sismo.

CAP-HAITIAN, Haití, 15 de febrero de 2011. Esta apacible ciudad portuaria ubicada al norte de Puerto Príncipe, la capital de Haití, prácticamente no sufrió daños durante el terremoto de enero de 2010, de manera que sus edificios están intactos, y los comerciantes, empleados públicos y peones llevan a cabo sus actividades habituales con toda normalidad. Sin embargo, eso no significa que aquí no se sientan otros efectos del desastre natural.

VÍDEO (en inglés): 23 de enero de 2011. Gabrielle Menezes, de UNICEF, informa sobre los centros de asistencia residencial para los niños de la calle de Haití, que en muchos casos provienen de familias a las que el terremoto de enero de 2010 hundió aún más en la pobreza.  Véalo en RealPlayer

 

El sismo agravó aún más la situación de pobreza de muchas familias pobres haitianas, especialmente en las zonas rurales y sus integrantes se vieron obligados a emigrar a ciudades como Cap-Haitian en búsqueda de empleo. Entre quienes debieron desplazarse a los centros urbanos también había niños y niñas.

Algunos de esos menores terminaron en la calle debido a que sus familias no podían mantenerles o cuidarles. Otros huyeron de sus hogares para buscar trabajo. Y algunos más se alejaron para escapar de situaciones de abuso y violencia. En las calles de Cap-Haitian es frecuente ver niños que mendigan entre los automóviles o que duermen en cajas de cartón, rodeados de desperdicios.

Recuperar la niñez

“En Haití, el problema de los niños de la calle está empeorando”, explica Gallianne, Especialista en Protección infantil de UNICEF. “Debido a ello, UNICEF presta apoyo a aliados que ayudan a esos niños a recuperar la niñez, pero brindar ayuda a los niños y niñas de la calle es un proceso complicado, porque requiere afrontar las numerosas experiencias terribles que han sufrido y darles el apoyo psicosocial específico, así como la educación, que necesitan”.

Imagen del UNICEF
© UNICEF video
El centro de asistencia residencial de Lakaye alberga a 25 niños, se encuentra en la ciudad haitiana de Cap-Haitian y recibe apoyo de UNICEF.

El centro Lakaye, uno de los establecimientos donde se brinda ese apoyo, funciona en un pequeño edificio de paredes descascaradas localizado en la ladera de una montaña en Cap-Haitian. Para los 60 niños que juegan y reciben y apoyo escolar y formación laboral básica en el centro, se trata de lo más parecido a un hogar con que pueden contar.

De esos 60 niños, UNICEF suministra colchones y materiales de educación y recreación a 25 viven que en el centro.

Lecciones para el futuro

El ingreso de cada niño de la calle al centro Lakaye es un proceso gradual. Inicialmente, el niño visita el centro sólo durante el día y luego comienza a pasar allí las noches, siempre que se comprometa a cumplir con las estrictas normas de no violencia y colaboración que caracterizan la vida en el centro. Acostumbrados a la vida en la calle, muchos niños tardan meses en adaptarse a esa nueva vida.

Imagen del UNICEF
© UNICEF video
Varios niños descansan en el centro de asistencia residencial de la ciudad haitiana de Cap-Haitian. Además de alojamiento, en el centro reciben apoyo psicosocial y educacional.

Todos los niños que se alojan en el centro asisten a clases en la escuela pública local. Sin embargo, debido a que durante años no han recibido educación elemental, muchos tienen problemas con sus estudios. Para que todos tengan oportunidad de encontrar empleo, en el centro Lakaye los niños se les brinda formación práctica como electricistas o sastres.

Pese a los retos que les presenta el nuevo ámbito en que viven, los niños del centro Lakaye están agradecidos por la ayuda que reciben.

“La oportunidad de cambiar”

“En cuanto llegué al centro, me resultó muy fácil acostumbrarme a la vida aquí”, señala Jerôme, de 17 años de edad. “Vivir en la calle es mucho más difícil debido a la violencia, las violaciones, las personas que quieren robarle lo poco que uno tiene o las personas que venden drogas. En Lakaye tengo la oportunidad de cambiar”.

Pese a que hay muchos niños que querrían vivir en el centro, el establecimiento aún no puede darles cabida, pero con la ayuda de UNICEF, el personal espera poder ampliar las instalaciones para que los niños como Jerôme, que necesitan el apoyo y la estabilidad que se les brinda en Lakaye, puedan recuperar la niñez.


 

 

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