Haití

UNICEF ayuda a proteger a los niños haitianos alojados en centros de acogida

Imagen del UNICEF
© UNICEF Haiti/2011/Steinlechner
Amélie (nombre ficticio), de 12 años de edad, descansa sobre una cama en un centro de acogida para niños en Haití. El centro será clausurado en breve debido a sus condiciones deficientes.

A un año del terremoto del 12 de enero de 2010, los niños haitianos continúan sufriendo las consecuencias del desastre. A continuación, un artículo de una serie sobre el largo camino que recorre Haití del socorro a la recuperación tras un año.

Por Benjamin Steinlechner

PUERTO PRÍNCIPE, Haití, 24 de enero de 2011. Después del terremoto de enero de 2010, y aun antes de ese desastre natural, algunas familias pobres de Haití enviaron a sus hijos a centros de acogida con la esperanza de que de esa manera tuvieran una vida mejor, pero como demuestra la experiencia de Amélie*, esas esperanzas no siempre se hicieron realidad.

Amélie, de 12 años de edad, vive en uno de los varios centros de acogida de Puerto Príncipe, la capital de Haití, y sus alrededores. “Mis padres estuvieron de acuerdo con que mi tía me trajera aquí”, recuerda tímidamente la niña, que está sentada en un colchón sobre una cama de metal oxidado. “Aquí me dan de comer y voy a la escuela”.

Condiciones miserables

Las condiciones del centro donde se aloja Amélie dejan mucho que desear. En la habitación hay unas pocas literas cubiertas de ropa sucia y se escucha el constante zumbido de moscas. En ese centro no hay juguetes, y los excrementos salpicados sobre las baldosas blancas parecen indicar que hay pocas diferencias entre el retrete y el suelo.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Haiti/2011/Steinlechner
Un grupo de niñas alojadas en un centro de acogida de Puerto Príncipe, la capital de Haití, que pronto cerrará sus puertas debido a su mala administración.

Pero no todas las instituciones de acogida de Haití son como ésta.

Aldine, de 16 años, vive en un centro cercano al de Amélie, y la diferencia entre los dos centros no podría ser mayor. En el de Aldine, un portón de hierro protege el acceso a un conjunto de viviendas pequeñas y limpias distribuidas con bastante espacio entre ellas sobre un amplio prado. Cada una de las viviendas de lo que parece una pequeña aldea alberga a un grupo de niños de edad similar bajo la supervisión de una persona adulta.

Aldine, que llegó al centro cuando tenía siete años, sabe que ha sido relativamente afortunada. “Mi madre y mi padre murieron y quedé a cargo de mi abuela, que no tenía suficiente dinero para que fuera a la escuela”, explica.

Niños vulnerables

El terremoto del año pasado puso de relieve el peligro que corren muchos niños y niñas haitianos de ser víctimas del abandono y el abuso, y sirvió de recordatorio de sus necesidades básicas, que deben ser satisfechas. Ante esa situación, UNICEF y sus aliados han adoptado un enfoque bidireccional, que consiste en ayudar a los progenitores con el cuidado y la atención de sus hijos al mismo tiempo que se garantiza que los centros de acogida existentes se vigilen adecuadamente y reciban la ayuda que requieren.

La posición de UNICEF es que, en la medida de lo posible, los niños y niñas deberían permanecer con sus familias o recibir atención basada en la familia. Además de que los niños y niñas que no pueden ser criados por sus familias deberían crecer en ámbitos de cuidado sustitutivo que se adapten a las necesidades específicas de cada niño.

“Los niños haitianos confrontan muchas amenazas”, comenta Jean Lieby, Jefe de Protección infantil de la Oficina de UNICEF en Haití. “Dada la situación de emergencia por la que está pasando Haití, las instituciones de acogida constituyen un medio esencial para brindarles protección”.

“Estoy muy feliz por los 10 años que viví aquí”, añade Aldine. “Aquí aprendí muchas cosas. Lo único que me ha faltado ha sido el afecto de mi familia, pero he recibido seguridad, atención de la salud y educación”.

La vigilancia de los centros

IBESR, el organismo de protección de la infancia del Gobierno haitiano que recibe apoyo de UNICEF, realiza inspecciones y evaluaciones sin previo aviso de las más de 600 instituciones de acogida del país. Esas evaluaciones ayudan a garantizar la gestión adecuada de los centros y sirven también para brindar protección a los niños y niñas como Amélie, ya que permiten mantener un registro actualizado de su paradero.

“El centro donde está alojada Amélie debe ser clausurado”, informa Yvette Aubergiste, inspectora del IBESR. “Hemos realizado tres visitas y no hemos observado ninguna modificación. Por el contrario, cada vez que hemos visitado el centro, la situación había empeorado”.

Cuando las autoridades clausuren definitivamente el centro donde está Amélie, UNICEF colaborará con el IBESR y la brigada de protección de menores de la policía haitiana para encontrar alojamiento temporal para ella y los otros niños allí albergados, o para reunirlos con sus familias, de ser posible.

“En Haití, la situación es alarmante”, comenta Yvette Aubergiste. “Cuando veo situaciones como ésta me siento terriblemente mal. En su mayoría, estos niños y niñas tienen padres y deberían vivir con ellos. Pero sus familias no pueden mantenerles”.

* Los nombres de los niños que aparecen en este artículo fueron modificados para proteger su identidad.


 

 

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