Haití

Los padres y maestros ayudan a los niños a sobrellevar los efectos del seísmo

El terremoto en Haití: informe después de un año

Imagen del UNICEF
© UNICEF Haiti/2010/McBride
Mackintosh Durvier (izq.) y Freddy Durvier (der.), junto a su padre, Jean André Durvier. Jean André y sus dos hijos sobrevivieron al terremoto, pero desde entonces dependen de la generosidad de sus amigos y del apoyo de la escuela comunitaria.

A un año del terremoto del 12 de enero de 2010, los niños haitianos continúan sufriendo las consecuencias del desastre. A continuación, un artículo de una serie sobre el largo camino que recorre Haití del socorro a la recuperación tras un año.

Por Tania McBride

PUERTO PRÍNCIPE, Haití, 4 de enero de 2011 - Al igual que la mayoría de los habitantes de Puerto Príncipe, Jean André Durvier no puede olvidar el momento en que la ciudad fue sacudida por un violento terremoto hace casi un año. Protegido del sol por un toldo que cubre la parte trasera de la pequeña escuela primaria Dalmas 33 Dei Gloria —la escuela temporal a la que asisten sus dos hijos—Durvier habla en voz baja entre el estrépito constante del tráfico de la capital de Haití.

“A las 4.15 de la tarde del día del terremoto decidí por casualidad ir a buscar a Mackintosh y Freddy a la escuela”, recuerda. “Trabajo de mecánico en mi casa y la escuela queda a 15 minutos de aquí”.

Durvier, que había enviudado antes del terremoto, se aclara la garganta y hace una pausa para recobrar la compostura. “A las 4:52, cuando estaba a punto de estacionar frente a casa”, continúa, “sentí que algo torcía y empujaba a mi automóvil. No sabía qué estaba pasando. Mis hijos vieron cómo nuestro hogar se derrumbaba ante sus ojos. Fue una escena demasiado terrible para ellos”.

Volver a la normalidad

Gracias a la rutina escolar, Mackintosh Durvier y Freddy, su hermano menor, han logrado restablecer una cierta sensación de normalidad en sus vidas.

“Aquí están con sus amigos, lo que tiene una enorme importancia, y pueden aprender. Es mucho mejor que estén en la escuela y no en su casa, rodeados de los recuerdos del 12 de enero, o en los campamentos”, comenta Elizabeth Myrtha Hyppolite, la directora de escuela.

Durvier está de acuerdo con que la vida en una tienda de campaña no es adecuada para los niños. Dice que sus dos hijos han afrontado muchas experiencias intensas este año y que tienen miles de preguntas.

Una estabilidad necesaria

“¡Este año sucedieron tantas cosas! Mis hijos me preguntan qué es lo que pasa con Haití. Están muy confundidos”, explica Durvier. “Yo soy su padre, la persona más importante en sus vidas. Tengo que mantenerles la moral y darles estabilidad, especialmente en estas circunstancias. Tengo que ser su sostén”.

Mientras Durvier habla, la directora de la escuela asiente con la cabeza. Hyppolite reanudó la actividad escolar pocos días después que el terremoto dejara en ruinas el edificio en el que había estado enseñando durante muchos años.

Un equipo de ingenieros de UNICEF hizo una evaluación de los terrenos con vistas a construir cinco aulas semipermanentes, que contarán también con instalaciones sanitarias y de agua potable.

Heridas que tardan en cicatrizar

Pese a que padres y madres conforman la primera línea de apoyo, según explica Hyppolite, la comunidad escolar constituye un ámbito en el que los niños pueden recuperar la sensación de normalidad en sus vidas, lejos del caos de la vida cotidiana. El entorno físico puede repararse y modificarse, pero ella previene que las heridas y traumas que sufrieron muchos niños y niñas haitianos no se curarán de la noche a la mañana.

“No debemos olvidarnos de los padres, porque ellos también sufren”, advierte Hyppolite. “Muchos niños tienen problemas para sobrevivir, ya que sus padres no cuentan con dinero suficiente para alimentarles o para mantenerles como sucedía en el pasado”.

Jean André añade: “Pienso en eso todos los días”, dice de pronto con los ojos llenos de lágrimas. “Mis hijos y yo vivimos al día, y dependemos de la generosidad de amigos y familiares y del poco trabajo que puedo encontrar. Pero tengo la responsabilidad de protegerles y mantenerles... ¡Es muy difícil!”.


 

 

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