Haití

Diario de campo: Una integrante de UNICEF regresa a Haití, donde encuentra esperanza

Imagen del UNICEF
© UNICEF/Haiti/2010/Cifora Monier
Varias mujeres y niños lavan ropa en el campamento Hope, localizado a 5 kilómetros de la frontera con la República Dominicana.

Tamar Hahn, Oficial Regional de Comunicaciones de UNICEF, elaboró este diario de campo tras visitar un asentamiento provisional para niños, niñas y familias afectadas por el terremoto en Haití.

CIUDAD DE PANAMÁ, Panamá, 5 de mayo de 2010 – Acabo de regresar de mi primera visita a Haití desde poco después del terremoto del 12 de enero, cuando fui testigo de la destrucción indescriptible que había provocado ese desastre natural.

En aquella oportunidad, viajé a Haití inmediatamente después del sismo y desde entonces he estado colaborando con la respuesta de emergencia de UNICEF. En cambio ahora, más de tres meses después, quise ver con mis propios ojos en qué estado se encuentran el país, sus pobladores y, en especial, los niños y niñas haitianos.

La vida en el campamento Hope

Viajé a Haití buscando esperanza y eso es exactamente lo que encontré en el campamento Hope, un asentamiento que alberga a unos 1.500 desplazados. En el campamento, situado en un amplio terreno desolado a sólo 5 kilómetros de la frontera con la República Dominicana, los refugiados viven en tiendas de campaña suministradas por la Cruz Roja y UNICEF.

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Varios niños juegan en el campamento Hope, localizado en las cercanías de la frontera con la República Dominicana. En el campamento se mantiene un registro de todos los niños y niñas no acompañados.

Durante mi recorrido por el campamento se me informó que todos los niños sin acompañantes que llegaron al mismo fueron inscritos en un registro. Las personas adultas que fueron al campamento Hope en busca de sus hijos en las semanas posteriores al terremoto tuvieron que probar que eran parientes de los menores, un requisito muy importante si se tiene en cuenta que la trata transfronteriza de menores es motivo de grave preocupación.

A corta distancia del campamento, en el hospital de campaña donde inmediatamente después del terremoto se atendió a más de 2.000 haitianos heridos y lesionados, ahora sólo recibían tratamiento unas 25 personas. El equipo de doctores y enfermeras de la Universidad de Harvard a cargo del centro sanitario estaba poniendo fin a sus operaciones y sus integrantes se preparaban para regresar a casa.

Aparentemente, aunque Haití ya no se desangraba, aún estaba muy lejos de haber sanado completamente.

La escuela es la vida

En el campamento, los niños y niñas se protegían de los intensos rayos del sol sentados en bancos de madera bajo toldos de láminas de plástico. Me senté junto a un pequeño grupo de niñas y les pregunté cómo estaban.

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El terremoto del 12 de enero destruyó unas 4.700 escuelas haitianas. UNICEF y sus aliados han comenzado a reabrir las puertas de varios centenares de establecimientos de enseñanza.

“Estoy muy bien”, dijo Jessica, de 17 años, “aunque me siento aburrida. No tengo nada que hacer, y tengo hambre”.

Jessica también comentó acerca de los problemas de saneamiento del campamento. “El agua da asco, al igual que los retretes”, afirmó. “Todos tenemos sarpullido porque el agua está sucia”. Los médicos del hospital de campaña me confirmaron que el agua del campamento está contaminada y que los análisis del líquido habían detectado la bacteria E. coli.
Al igual que muchos otros adultos del campamento, la madre de Jessica pasa el día en Puerto Príncipe, la capital de Haití, tratando de volver a poner en marcha su negocio. Mientras la madre atiende su puesto de venta de ropa usada, Jessica permanece en el campamento.

El terremoto de Haití destruyó o provocó daños a unas 4.700 escuelas, pero el mes pasado UNICEF comenzó a reabrir varios centenares de esos centros de enseñanza. Sin embargo, Jessica me contó que, al igual que muchos otros niños y niñas, carece de medios para comprar el uniforme, los zapatos y los libros que necesita para volver a clases. Añadió que le haría muy feliz volver a la escuela. Cuando le pregunté por qué, la niña sonrió y exclamó “¡Porque la escuela es la vida!”.

Seguir sobreviviendo

En esta nueva visita percibí un evidente cambio en Puerto Príncipe. La ciudad está nuevamente llena de vida y ha recuperado su carácter caótico, ruidoso y vertiginoso. Las calles parecen de nuevo un colorido bazar con cientos de puestos donde se venden productos de toda clase, como zapatos que los comerciantes cuelgan de las ramas de los árboles, maíz asado en las aceras, neumáticos, almohadas y hasta champán francés.

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Jessica, de 17 años, vive en el campamento Hope, cerca de la frontera con la República Dominicana. Gracias a la ayuda de UNICEF, en esta zona se han comenzado a reabrir las escuelas, pero Jessica, al igual que muchos otros niños desplazados, carece de medios para volver a clases.

En medio del bullicio, sin embargo, se percibe una muda ansiedad. En todos lados hay campamentos cuyos pobladores viven hacinados. Los improvisados refugios iniciales han sido reemplazados por tiendas de campaña con los logotipos de organismos de las Naciones Unidas y de organizaciones no gubernamentales. Los habitantes de los campamentos cuentan con alimentos, letrinas y agua, aunque ésta no sea siempre suficiente y las letrinas estén con frecuencia anegadas o inutilizadas.

De noche, los campamentos se transforman en sitios oscuros y peligrosos, donde se han ocurrido casos de violaciones de niñas y mujeres. Los trabajadores sociales aconsejan a los padres y madres mantener cerca a sus hijos.

Para los cientos de miles de haitianos que aún viven en esas condiciones precarias, la vida es sólo un poco mejor que inmediatamente después del terremoto, cuando tuvieron que reunir las pocas pertenencias que pudieron rescatar del desastre y lanzarse a las calles. El Gobierno ha comenzado a instalar a los desplazados en sitios más permanentes, donde estarán protegidos durante la cercana temporada de lluvias. Pero esas labores avanzan de manera dolorosamente lenta.

Entre tanto, los habitantes de Puerto Príncipe siguen sobreviviendo.


 

 

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