Haití

“No perdamos nada más”: La educación da esperanzas a los niños de Haití

Imagen del UNICEF
© UNICEF Haiti/2010/Carwardine
Los estudiantes de L'Institution Sacré Coeur, una escuela de Puerto Príncipe (Haití) entran a una tienda de campaña que funciona como aula y que fue suministrada por UNICEF.

Por Edward Carwardine

PUERTO PRÍNCIPE, Haití, 8 de abril de 2010 – Desde las colinas que rodean Puerto Príncipe se pueden divisar las tranquilas aguas azules del mar Caribe bajo los brillantes rayos del sol. Las empinadas calles circundantes vibran de actividad entre el tránsito frenético, los gritos de los vendedores ambulantes y los movimientos de la muchedumbre, que parece estar yendo y viniendo constantemente. A primera vista, parece un día normal en esta ciudad de dos millones de habitantes.

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Sin embargo, si uno aleja la mirada de la zona costera y la vuelve en dirección de las filas de edificios que cubren las colinas, lo que ve es algo completamente diferente. De los esqueletos de los edificios penden peligrosamente grandes trozos de cemento que se mecen con el viento, sostenidos apenas por alambres o tramas metálicas. Los patios y jardines de los edificios están cubiertos de rocas, escombros y muebles despedazados.

En algunos sitios se pueden distinguir restos de automóviles, semienterrados bajo bloques de cemento. Entre las montañas de escombros y en las aceras que les rodean se ven pequeños refugios improvisados, hechos con láminas de plástico.

Una sensación de pérdida en todos los rincones
Tres meses después del devastador terremoto que sacudió Haití, el costo físico y humano del desastre aún está a la vista. Nada de lo que he visto durante mi trabajo en diversos países que sufrieron las consecuencias de terremotos es comparable a lo que veo hoy en este vecindario de Puerto Príncipe. Es una experiencia incomparable, conmovedora y apabullante.

Cientos de miles de habitantes continúan desamparados, ya que temen volver a sus viviendas aún en el caso de que éstas aún estén en pie.

Las interminables filas de tiendas de campaña y albergues provisionales que cubren casi todos los escasos espacios abiertos disponibles ilustran la dimensión de la tragedia del desplazamiento. Los niños y niñas han perdido sus escuelas, sus maestros, sus amigos, sus posesiones y sus mascotas. El terremoto no hizo distinciones entre los ricos y los pobres ni entre los analfabetos y quienes sabían leer y escribir.

Mientras UNICEF hace frente a la gigantesca tarea de respaldar el suministro de agua potable y saneamiento ambiental adecuado; de proteger la salud y la alimentación de los damnificados; de ayudar a los niños y niñas que han perdido sus progenitores o que están en una situación de creciente vulnerabilidad, en Haití se han comenzado a adoptar medidas que ofrecen esperanzas a más de un millón de niños y niñas afectados por el desastre. Muchas escuelas de Puerto Príncipe y alrededores han comenzado a reabrir sus puertas a los alumnos.

La restauración del aprendizaje

Antes del terremoto, un 50% de los niños haitianos en edad escolar no asistía a clases. Sin embargo, muchos niños y niñas —incluso muchos de los que nunca fueron a la escuela— han dicho que lo que más desean es recibir educación para poder colaborar con la rehabilitación de su país. Sin duda, es importante que los niños de esta generación, que ha sido marcada de manera indeleble por el desastre natural, recuerden la época posterior al terremoto no sólo como una era de recuperación sino también de desarrollo.

La puesta en marcha del proceso de regreso de los niños a las escuelas ha requerido semanas de esfuerzos en los que no sólo participaron el Ministerio de Educación de Haití, UNICEF y diversas organizaciones no gubernamentales, como Save the Children International, sino también los directivos y maestros de las escuelas y los padres y madres de los alumnos.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Haiti/2010/Carwardine
Los estudiantes de L'Institution Sacré Coeur, una escuela de Puerto Príncipe (Haití) entran a una tienda de campaña que funciona como aula y que fue suministrada por UNICEF.

En un marco de difíciles obstáculos logísticos, se suministraron casi 3.000 tiendas de campaña que se emplean como aulas provisionales y se entregaron artículos y elementos escolares a los espacios de enseñanza organizados en los campamentos de refugiados y a las escuelas listas para reanudar las clases. Asimismo, se contrató equipos de habitantes locales desempleados para que limpiaran y prepararan los terrenos donde luego se erigieron las tiendas de campaña. Asimismo, se ofrecieron cursos de orientación rápida a los maestros sobre un nuevo programa de estudios diseñado especialmente para que los niños y niñas se reintegren más fácilmente en el proceso de aprendizaje.

Los haitianos se ayudan entre sí

Hoy han regresado a clases unos 1.500 alumnos de L'Institution Sacré Coeur, una escuela ubicada en estas colinas que fue destruida por el terremoto. A ellos se les han sumado otros 300 niños y niñas provenientes de otros centros de enseñanza de la zona que aún no han sido reacondicionados.

En épocas normales, Sacré Coeur es una escuela privada, pero esos nuevos estudiantes están exentos del pago de la matrícula. Las familias han colaborado con el costo de varias  aulas de madera que se suman a las tiendas de campaña suministradas por UNICEF. Una alianza formada por UNICEF y la ONG ACTED (por las iniciales en francés de Organismo de cooperación técnica y desarrollo) ha instalado en la escuela un sistema de suministro de agua y saneamiento.

Esta escuela, a la que el terremoto redujo a escombros, se ha convertido en un símbolo de la solidaridad entre haitianos y de la colaboración de la comunidad internacional por el bien de los niños y niñas de esta nación.

La educación como símbolo de esperanza

Aunque por encima de todo, la reapertura de la escuela es un símbolo de esperanza, ya que les confirma a esos niños que tanto perdieron que a pesar de lo sucedido se hacen todos los esfuerzos posibles por devolverles la confianza y la seguridad y para que sus vidas se encaminen hacia la normalidad.

Gaille, una alumna del Sacré Coeur de 12 años de edad, sabe perfectamente por qué es importante regresar a la escuela. “Aquí puedo jugar y puedo conversar con mis amigos y contarles todos mis problemas”, explica. “Lo que me gustaría decirles a todos los demás niños y niñas, y especialmente a los que perdieron a sus padres durante el terremoto, es que no se preocupen demasiado por el futuro. Que traten de jugar y de sentirse bien”.

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© UNICEF Haiti/2010/Carwardine
Françoise Gruloos, Representante Interina de UNICEF en Haití, muestra algunos de los materiales suministrados por la organización a un grupo de alumnos de L'Institution Sacré Coeur, una escuela de Puerto Príncipe que reabrió sus puertas el 6 de abril.

Dos calles abajo, la escuela Saint François d’Assise se propone volver a abrir sus malogradas puertas dentro de pocos días. En estos momentos, la directora de la escuela estudia de qué manera un camión de saneamiento puede entrar al patio del centro donde se han instalado las tiendas de campaña que se emplean como a aulas sin sacrificar un alto árbol en flor cuya elegancia contrasta con los escombros y metales retorcidos que lo rodean.

Un ingeniero de saneamiento de UNICEF calma la inquietud de la directora cuando le explica que eliminando parte de una pared ya dañada por el terremoto se hará sitio suficiente para que el camión entre al patio y se puedan vaciar los retretes portátiles allí ubicados. De manera que el elegante árbol sobrevivirá.

"No perdamos nada más"

“Es que perdimos todo lo demás”, comenta la directora con una leve sonrisa. “No perdamos nada más”.

Frente a la escuela Saint François d’Assise hay una escuela secundaria en ruinas. La mitad del edificio se desplomó sobre el patio del centro, ahora cubierto de ladrillos,  escritorios y asientos. Los restos y escombros se apilan varios metros, como doloroso recordatorio de que allí hubo hasta hace poco una casa de estudios. Hasta ahora, nadie se ha aventurado a explorar las ruinas, de manera que no se sabe qué puede haber quedado enterrado bajo las mismas.

En el caso de los niños y niñas de las escuelas Sacré Coeur y Saint François d’Assise, los dolorosos recuerdos de la tragedia irán perdiendo intensidad porque ya están regresando a la escuela, a los estudios, a sus amigos y a los juegos, y pueden volver a imaginar el futuro. Se trata sólo de un paso inicial, pero probablemente es el paso más importante que se ha dado en Puerto Príncipe en los últimos meses.


 

 

Vídeo (en inglés)

6 de abril de 2010: El corresponsal de UNICEF, Thomas Nybo, informa sobre la manera en que el organismo internacional y sus aliados ayudan a que los niños y niñas haitianos vuelvan a clases.
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