Panorama: Guinea-Bissau

En Guinea-Bissau, una víctima de la mutilación genital femenina exige que se ponga fin a esa práctica

Imagen del UNICEF: Guinea-Bissau, FGM
© UNICEF Bissau/2007
Nhima Cisse, promotora de los derechos de las mujeres y miembro del parlamento, cuenta la historia de su mutilación genital, una práctica lesiva a la que ella está decidida a ponerle fin.

Por Sylvana Nzirorera

BISSAU, Guinea-Bissau, 13 de noviembre de 2007 – Nhima Cisse, ahora de 42 años, tenía 8 años de edad cuando la mutilaron. “Nunca podré olvidar el dolor y el trauma que sufrí aquel día”, dice.

La llevaron a casa de su tía en la capital, Bissau. “Éramos cinco niñas en fila frente a un cuarto cerrado”, recuerda ella. “Nadie sabía lo estaba pasando en ese cuarto. Nos engañaron.

“Cuando me llegó el turno de entrar, encontré a las otras cuatro niñas en un rincón, llorando y sangrando”, sigue contando ella. “Me asusté y quise salir corriendo. Una mujer me agarró y me hizo sentar en una sillita, y abruptamente me abrió las piernas. Antes de que me diera cuenta, ya me había cortado”.

La tía de Cisse, que estaba supervisando la operación, le dijo que no llorara, y agregó que la mutilación genital femenina era su única oportunidad de “conseguir un marido y beneficiarse de un matrimonio honorable”.

El dolor persiste

En la actualidad, Cisse –una promotora de los derechos de las mujeres que fue electa al Parlamento en 2005– aún padece las secuelas de esa experiencia. “Mi marido y yo llevamos 20 años de casados”, dice, y agrega que todavía sufre de terribles dolores a pesar de dos cirugías para reparar las huellas de la mutilación”.

“Mi primer bebé vivió sólo 24 horas”, cuenta. “Me llevó 20 días salir del hospital debido a la anemia a causa de una hemorragia después de dar a luz”.

Cisse tuvo otros tres hijos que sobrevivieron, gracias en parte a su oportunidad de dar a luz en el extranjero con asistencia médica, algo que está fuera del alcance de la mayoría de las mujeres de Guinea-Bissau.

Arraigada en la tradición

Cientos de miles de niñas y mujeres han sido víctimas de la mutilación genital en Guinea-Bissau. La práctica está tan profundamente arraigada que muchas personas creen que es una obligación religiosa prescrita por el Corán. Pero algunas organizaciones islámicas, que han estado trabajando con UNICEF en asuntos de desarrollo social a escala comunitaria, han empezado a señalar que el Corán no exige esa costumbre.

Imagen del UNICEF: Guinea-Bissau, FGM
© UNICEF Bissau/2007
Como parte de una ceremonia tradicional que marca el tránsito de la niñez a la edad adulta, la mutilación genital femenina puede dar lugar a daños permanentes e irreversibles para la salud.
Como parte de la ceremonia tradicional que inicia a las niñas en su condición de mujeres, la mutilación genital conlleva la extirpación total o parcial de los genitales femeninos externos, lo cual puede crear daños irreversibles de por vida. Las consecuencias incluyen problemas psicológicos y psicosexuales, disfunción sexual y dificultades en el alumbramiento.

En Guinea-Bissau, la mutilación genital femenina se realiza fundamentalmente en niñas y adolescentes entre los 6 y los 14 años de edad, aunque también se sabe que se ha practicado con lactantes en años recientes.

Apoyo de UNICEF y sus aliados

Cisse está comprometida a seguir batallando en contra de la mutilación genital femenina. “No tengo miedo”, dice, “haré lo que haya que hacer para que cese esta práctica traumática. Esa navaja causa más que heridas físicas en la vida de una mujer”.

Antes de la guerra civil en el país a finales de la década del noventa, un Comité Nacional Contra Prácticas Lesivas –apoyado por UNICEF, el Fondo de Población de Naciones Unidas, Planificación Internacional y otros organismos– llevó a cabo campañas de concienciación con ayuda de organizaciones locales no gubernamentales.

Debido a la inestabilidad política y a la falta de fondos, estas actividades no se han mantenido, pero el gobierno ha manifestado su intención de abordar el problema, a partir de una consulta nacional sobre la mutilación genital femenina que se organizó recientemente con la participación de organizaciones no gubernamentales, agrupaciones comunitarias y organizaciones religiosas.

“Se necesita una ley”

Entre tanto, Cisse y otros miembros del Parlamento están trabajando en la redacción de un proyecto de ley que condene esta práctica perjudicial. El proyecto de ley se encuentra ahora en la mesa del Presidente del Parlamento para ser incluido en la agenda de la próxima sesión de la Asamblea Nacional.

“Estoy consciente de que la ley por si sola no va a cambiar una práctica cultural arraigada entre la gente de Guinea-Bissau, pero creo que se necesita una ley”, afirma Cisse.

La diputada hace notar que las autoridades locales tienen que aprobar la construcción de “barracas” especiales, generalmente en pleno campo, donde se lleva a cabo la mutilación genital femenina. Además, las autoridades son conscientes de que cientos de muchachas tienen que abandonar la escuela durante meses para asistir a la ceremonia y luego recuperarse; algunas de ellas nunca regresan debido al trauma que han sufrido.

“Esto debe cesar”, afirma Cisse.


 

 

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