Panorama: Guatemala

Los jóvenes en Guatemala encuentran una alternativa a la violencia de las pandillas

Imagen del UNICEF
© UNICEF Guatemala/2007/Medina
Los jóvenes reciben preparación tecnológica en el local del Grupo Ceiba, que les ofrece una manera de eludir la participación en las pandillas y las actividades delictivas en los vecindarios más pobres y peligrosos de la capital de Guatemala.

Por Blue Chevigny

GUATEMALA, Guatemala, 7 de septiembre de 2007 – Una de las cosas que la mayoría de la gente sabe sobre la capital de Guatemala por haberlo escuchado o leído en informes periodísticos es que se trata de un sitio violento donde las pandillas protagonizan robos y donde los asesinatos son frecuentes.

En realidad, los jóvenes de esta ciudad sufren especialmente los efectos de una epidemia de violencia, ya se trate de los integrantes de las pandillas o de las juveniles víctimas de un 80% de los delitos violentos.

Algunos, sin embargo, transitan un camino alternativo que les aleja de la delincuencia y la violencia.

El legado de un conflicto civil

Manuel Manrique, Representante de UNICEF en Guatemala, afirma que los jóvenes de este país disponen de muy pocas oportunidades. “Existen estas bandas”, explica, “que utilizan a los adolescentes, porque es una manera de tener una amplia red de extorsión”.

El Sr. Manrique agrega que tanto las pandillas como la violencia relacionada con las mismas han aumentado durante el último decenio pese a la declaración de paz de 1996, que puso fin a más de tres décadas de una brutal guerra civil en Guatemala.

En cierta medida, las pandillas fueron el resultado de la violencia civil. “A fines de los 80 y 90 empezaron a volver de los Estado Unidos, de Los Ángeles principalmente, jóvenes guatemaltecos que se organizaron en lo que se llaman las maras. Y esas maras importaron la metodología de la violencia que aquí se ha reproducido fácilmente porque hay terreno fértil y porque hay muchos jóvenes que no tienen ninguna oportunidad”, explica el funcionario.

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Dos niñas estudian en las aulas donde el Grupo Ceiba ofrece refugio a los jóvenes vulnerables del vecindario El Limón, uno de los más castigados por la pobreza y la criminalidad de la ciudad de Guatemala.
Poner fin al “ciclo de frustración”

Con el propósito de combatir ese enorme problema y avanzar hacia un mejor futuro para la juventud guatemalteca, la organización no gubernamental Grupo Ceiba ofrece varios programas en el vecindario El Limón y otras zonas de la ciudad en las que las pandillas están especialmente activas.

Carlos de León Andrade, que coordina las actividades del centro del Grupo Ceiba en El Limón, afirma que las labores de la organización se concentran en la prevención. “Lo que hemos hecho es crear ciertos programas que pretenden desde la niñez, desde la primera infancia, empezarlos en el camino de la prevención. Se capaciten, y eviten estar en las esquinas en las calles, buscando pandilleros buscando serias personas y hacen contrario de lo que nosotros queremos hacer”, explica.

En El Limón, al igual que en muchas otras zonas de la ciudad, todas las familias sufren las consecuencias de la pobreza. En ese contexto, el Grupo Ceiba trabaja con cientos de niños, niñas y adolescentes. Uno de los aspectos principales del programa es una escuela primaria que cuenta con una biblioteca abierta al público. El programa también brinda a los jóvenes capacitación en materia de informática.

“Muchos de ellos han interrumpido sus estudios”, comenta Carlos de León Andrade. “Los expulsan porque tienen serios problemas con la disciplina.  Entonces nosotros los acogemos, para que ellos puedan seguir sus estudios, para romper ese ciclo de frustración”.

Un niño menos en la calle

Mynor Amílcar Vásquez, de 18 años de edad, vive al otro lado de la ciudad, en una zona económicamente pobre, y viaja todos los días en autobús hasta el local donde funciona el programa.

“Me gusta el método que utiliza el Grupo Ceiba”, comenta. “Es diferente. Por ejemplo, en otras escuelas no utilizan mucho la tecnología y las computadoras.  Y tal vez en otras escuelas los métodos de estudio son más estrictos. Aquí también es estricto, pero siempre nos dan una chance”.

Los alumnos del programa pueden elegir varios cursos distintos, desde los de diseño gráfico y de sitios Web hasta los de reparación de computadoras y construcción de robots de su propia invención. Durante los recreos, los adolescentes esperan en los pasillos y salones, riendo y comiendo tortillas con salsa.

Todo el edificio vibra con la energía juvenil. Resulta difícil imaginar que al otro lado de sus paredes pululan las peligrosas pandillas que amenazan a Mynor y sus compañeros.

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Los jóvenes de El Limón, que en muchos casos viven en estructuras precarias construidas con planchas metálicas, acuden a las instalaciones del Grupo Ceiba en busca de oportunidades de aprender y mejorar su futuro.
“Son un problema muy grande”, dice el joven al referirse a las pandillas. “Como yo no soy de aquí, a veces nosotros vamos allá abajo, nos ven y piensan que somos de otras pandillas. Y tal vez por eso nos asaltan, siempre nos andan vigilando. Por ejemplo, a mí me esperaron a que saliera, sacaron una arma y me dijeron que les diera todas mis pertenencias”.

Mynor dice que el incidente lo atemorizó, pero no impidió que al día siguiente regresara en autobús al local del Grupo Ceiba.

La defensa de la juventud vulnerable

En un país donde la mitad de los niños y niñas no termina sus estudios primarios, los programas como el del Grupo Ceiba sólo pueden satisfacer una pequeña parte de las necesidades en materia de educación. Muchos niños, niñas y jóvenes guatemaltecos se encuentran en un callejón sin salida.

“Generalmente, el pandillero es un joven que quiere salir adelante, que quiere oportunidades, que quiere que lo escuchen, que quiere que lo comprendan”, explica Carlos de León Andrade. “Son símbolos de la expresión popular de los jóvenes que no han logrado tener su expresión en otros espacios, porque no hay espacios para la expresión juvenil. Y allí sí lo logran. En las pandillas encuentran una identidad que no encuentran en casa. Encuentran seguridad y respeto”.

Muchos de los candidatos de las elecciones nacionales que se llevaron a cabo este fin de semana en Guatemala tomaron posiciones con respecto al complicado problema de la violencia en la capital y opinaron sobre las mejores maneras de resolverlo. UNICEF sostiene que se debe dar prioridad a los derechos de los niños y niñas y que uno de los aspectos más importantes en materia de protección de la infancia son las labores que alienten el buen trato de los jóvenes por parte del sistema de justicia penal.

A pesar de ello, el número de jóvenes a disposición de ese sistema de justicia continúa siendo demasiado elevado.

El Sr. Justo Solórzano, Oficial de Protección para UNICEF Guatemala, afirma que las pandillas son causa de tanto temor que todos los jóvenes resultan cada vez más sospechosos ante los ojos de la policía y los jueces, y que UNICEF debe hacer todos los esfuerzos posibles por modificar esa impresión.

“Ellos tienen muchísimas fuerzas, ideas y creatividad”, comenta. “Si utilizamos todas esas ideas, y la fuerza y energía que tienen, si la orientamos como aspectos positivos de la misma comunidad, creo que las pandillas juveniles cambiarían la imagen que tienen hoy por hoy para el ciudadano guatemalteco”.


 

 

Audio

Agosto de 2007: Lucia Rovi informa sobre un reportaje de Blue Chevigny, corresponsal de Radio UNICEF, que trata sobre un grupo de jóvenes de la capital guatemalteca que han encontrado una vía alternativa a la violenta vida de las pandillas.
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Estudio del secretario general de la ONU sobre la violencia contra los niños

Radio UNICEF

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