Etiopía

Una comunidad de Etiopía toma medidas para proteger a las niñas contra prácticas nocivas como el matrimonio infantil

Imagen del UNICEF
© UNICEF Ethiopia/2012/Yemane
En Boset Woreda (Etiopía), las niñas como Asham (14 años), corren el peligro de ser víctima de prácticas tradicionales nocivas como el matrimonio infantil y el secuestro. En caso Asham, la escuela primaria Borchota intervino cuando se suponía que debía casarse.

El primer Día Internacional de la Niña se celebró el 11 de octubre de 2012.

Por Wossen Mulatu

BOSET WOREDA, Etiopía, 24 de octubre de 2012. Un hermoso paisaje rodea el conjunto de edificios bien vallado y limpio de la escuela primaria Borchota, en Boset Woreda. La escuela cuenta con 168 alumnas y 197 alumnos.

Aberash (15 años) fue secuestrada cuando tenía 14 años. Logró escapar y huir a casa de su abuela.

Lensa (15 años) fue violada un día mientras realizaba el recorrido de dos horas hacia la escuela. También pudo escapar.

A pesar de que quería terminar su educación, Asham (14 años) estuvo a punto de casarse hasta que la escuela intervino.

Las prácticas nocivas responsables de una baja matriculación femenina

En Etiopía, el matrimonio infantil es una de las prácticas tradicionales nocivas que afectan la vida, las opciones y las oportunidades de las niñas. Según la encuesta de demografía y salud de 2011, el 63% de las mujeres se casa a los 18 años.

En los últimos cinco años se ha producido una ligera disminución de las tasas de matrimonio infantil entre las mujeres. La edad media del primer matrimonio ha aumentado desde 16,1 hasta 16,5 entre las que tienen de 25 a 49 años.

Otra práctica tradicional nociva es el secuestro para el matrimonio. La encuesta sitúa la tasa de prevalencia de mujeres que dijeron haberse casado después de un secuestro en el 7,8%.

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Una de las actividades supervisadas por el director de la escuela Leta Tolla Abboo es mantenerse alerta cuando los estudiantes están ausentes, para asegurarse de que permanecen inscritos en la escuela. Otro de sus esfuerzos es que los estudiantes regresen a casa desde la escuela en grupos de diez personas, para garantizar su seguridad.

Woinshet Yadesa, jefe adjunto de la oficina de educación de Boset Woreda, dice que las prácticas tradicionales nocivas como el secuestro, la violación y el matrimonio precoz se están convirtiendo en una amenaza grave para la matriculación de las niñas en la escuela.

Las niñas también tienen que realizar numerosas tareas domésticas, como ir a buscar agua y recoger leña. “A veces caminan cerca de cinco horas para recoger agua”, informa Yadesa. “Como la mayoría de las familias tienen muchos niños, las niñas de la familia se turnan en la comunidad para buscar agua, y la que va a buscar agua ese día se ve obligada a no ir a clase […]. Esto afecta en gran medida el rendimiento escolar debido a la fatiga física y a que no pueden concentrarse bien en el aula”.

Una escuela toma medidas

Leta Tolla Abboo ha sido director de la escuela primaria Borchota durante ocho años. Su rostro se ilumina cuando habla de las chicas del club de 52 miembros compuesto por niños y niñas que desempeñan un papel clave en la solución de estos problemas. “Es como un puesto donde las chicas hablan libremente de sus problemas y buscan una solución a medida que afrontan desafíos vitales similares en su comunidad”, explica.

La escuela está alerta. “Tan pronto como recibamos una denuncia de una niña que se enfrenta a cualquiera de estos problemas, en primer lugar invitamos a los progenitores a que vengan a la escuela y hablen sobre el tema. Asimismo, les pedimos que firmen un formulario donde se indica claramente que se comprometen a no obligar a su hija a contraer matrimonio”, expone Abboo.

Además, si una niña falta a clase por unos días, la escuela se pone en contacto con su familia. El segundo paso consiste en enviar una carta a los funcionarios del kebele, o subdistrito, en relación con la ausencia.

Como medida de seguridad, la escuela ha puesto en marcha un mecanismo por el que los estudiantes caminan a casa desde la escuela en grupos de diez personas, con el fin de proteger a los demás.

Una comunidad establece la ley y ofrece premios a las familias ejemplares

Según Yadesa y Abboo, la oficina de educación, con el apoyo de UNICEF, ha coordinado el debate sobre las prácticas tradicionales nocivas en las comunidades. En estas deliberaciones han participado 35 mujeres y 21 hombres, entre ellos estudiantes, maestros, líderes religiosos y otros miembros de la comunidad.

Después de los debates, la comunidad elaboró su propio conjunto de leyes con el fin de controlar la situación, incluidas sanciones como el ingreso en prisión y las multas.

La oficina de educación ha puesto en marcha un sistema de premios para recompensar a las familias que envían a sus hijas a la escuela a pesar de todos los desafíos.

La ley es cada vez más firme en la comunidad, el club de las niñas se ha fortalecido y continúa el diálogo entre la comunidad y la oficina de educación.

En el complejo educativo, una historia que en un tiempo era de miedo e incertidumbre, es ahora de valor, esperanza y un sueño de llegar a ser alguien algún día.


 

 

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