Etiopía

Con el apoyo de UNICEF y de la Unión Europea, las jóvenes lideran la lucha contra la escisión

Por Chris Niles

IMDIBIR, Etiopía, 24 de agosto de 2010 – Cuando tenía siete años, a Maeza Garedew, que ahora tiene 14, le vendaron los ojos y le ataron las manos y las piernas a la espalda. La tendieron sobre una tabla y la sacaron al jardín.

VÍDEO: UNICEF informa sobre la campaña para acabar con la mutilación genital femenina en Etiopía en una generación.

 

"Me taparon los ojos y me maniataron hasta que ella acabó", recuerda Maeza. "Cuando me desataron y descubrieron mi rostro, la abofeteé en la cara".

Normas nocivas

Los padres de Maeza decidieron que ella y su hermana menor, Tigist, fuesen sometidas a la escisión porque eso era lo que la sociedad esperaba de ellas. En munchas comunidades etíopes existe la creencia común de que la mutilación genital vuelve a las hijas más aptas para el matrimonio y con menor inclinación a expresar sus opiniones sin reservas.

Imagen del UNICEF
© UNICEF/NYHQ2009-2259/Holt
Meaza, de 14 años de edad, en el exterior de la escuela secundaria de la aldea de Imdibir, en el distrito de Cheha (Etiopía).

"En aquel momento no había oído nada de los perjuicios de la escisión genital", comentó con voz queda Tenaya Tessema, madre de Maeza y de otros cuatro hijos. "Simplemente quería que fuesen moderadas y que no las insultaran los demás. Mandé que las mutilasen para ahorrarles esa vergüenza".

Sin embargo, en Etiopía se está produciendo el cambio. Hoy, la práctica profundamente arraigada de la mutilación genital femenina se cuestiona en sus cimientos.

Actitudes de cambio

UNCIEF estima que alrededor de tres cuartas partes de las mujeres en Etiopía con edad comprendida entre los 15 y los 49 años ha sufrido la mutilación genital. Sin embargo y en marcado contraste, tan sólo el 40% de las hijas de estas mujeres se han sometido a esta práctica.

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© UNICEF/NYHQ2009-2293/Holt
Unos niños asisten a clase en la escuela secundaria de Imdibir (Etiopía). UNICEF brinda apoyo para diálogos en las aulas sobre las prácticas sociales nocivas. Tanto niñas como niños participan en los debates.

Para motivar el final universal de la práctica de la escisión, UNICEF y la Unión Europea promueven un cambio social positivo en las tres zonas de Etiopía donde la mutilación genital tiene una prevalencia mayoritaria.

El proceso entraña la colaboración y participación de toda la comunidad. Dado el poder de las nocivas normas sociales, es virtualmente imposible para las personas acabar con la práctica ellas solas, incluso si son conscientes de los riesgos.

Abandono por parte de la comunidad

"Este programa ha puesto en práctica actividades muy importantes, centradas en el dialogo en la comunidad", afirmó Ted Chaiba, Representante de UNICEF en Etiopía, quien añadió que ultimamente los debates abiertos "logran que los líderes de opinion de la comunidad, los líderes religiosos, jefes, personas mayores y las mismas mujeres abandonen la práctica de la escisión genital femenina".

Imagen del UNICEF
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Unas niñas corren hacia el aula de la escuela secundaria de la aldea de Imdibir (Etiopía).

El proceso culmina con una ceremonia pública de abandono en la que la comunidad decide conjuntamente poner fin a una práctica dolorosa.

Maeza y Tigist son símbolos de este cambio importante: si bien ambas han sufrido la escisión, las niñas han recibido educación junto con otras personas de la aldea acerca de los peligros de esta práctica y ahora saben que se trata de una violación de sus derechos humanos. Las niñas asisten a la escuela secundaria de Imdibir, donde UNICEF brinda apoyo para debates regulares sobre las prácticas sociales nocivas.

Jóvenes activistas

Pertrechadas con conocimiento, Maeza y Tigist están determinadas a impedir que otras niñas sufran el mismo destino.

Su primera oportunidad llegó cuando recibieron la visita en casa para tomar café de la madre de su amiga Beza, de 8 años de edad. Las niñas le escucharon decir que había llegado el momento de la escisión de Beza.

Maeza and Tigist decidieron actuar. Visitaron a la madre de Beza para persuadirla de que cambiara de opinión. Al principio se mostró reacia. Creía que Beza sería más dócil si se sometía a esta práctica. Si embargo, las niñas no se dieron por vencidas y fueron capaces posteriormente de persuadir a la madre de su amiga de que la escisión perjudicaría la salud de Beza.

“Estoy muy contenta pior haber impedido que Beza fuese mutilada”, comentó  Maeza. “De este modo, cuando en el futuro se case y tenga hijos no habrá complicaciones”.

El cambio llega hasta casa

Maeza y Tigist han llevado el cambio de comportamiento a su propia familia, que en otro tiempo abrazó creencias muy arraigadas acerca de la mutilación genital.

“El hecho de que mis hijas sean maduras, responsables y tengan educación suficiente para enseñar a otros me enorgullece mucho”, señaló Tessema, la madre de las niñas.

Maeza tiene previsto seguir dando ejemplo para las jóvenes. Es una buena estudiante y espera convertirse en médico. “Me haría muy feliz que se abandonara por completo la mutilación genital en todo el mundo", dijo.


 

 

Alianza de UNICEF y la Unión Europea

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