Panorama: El Salvador

Las inundaciones en El Salvador ponen a prueba la resistencia de las familias y la eficacia de la ayuda humanitaria

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© UNICEF/2009/Ledwith
Ismael Linares, de 13 años, observa la zona donde él y su familia vivían en la aldea de Melara, en la provincia de La Libertad. Sus hogares quedaron destruidos debido a las inundaciones que azotaron El Salvador en noviembre.

Por Tim Ledwith

LA LIBERTAD, El Salvador, 11 de diciembre de 2009 - Ismael Linares, de 13 años, trata de poner buena cara cuando cuenta la historia de cómo su familia tuvo que huir para salvar la vida durante las inundaciones que afectaron a El Salvador a principios de noviembre. En la pequeña aldea de Melara, el tramo de rocas y tierra estéril que apunta con el dedo es todo lo que queda de la casa donde él y su familia solían vivir.

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Las lluvias torrenciales del huracán Ida, combinadas con los efectos de otro sistema de tormentas en el Pacífico, asolaron el 7 y 8 de noviembre varios departamentos de El Salvador: Cuscatlán, La Libertad (donde se encuentra Melara), La Paz, San Martín, San Salvador y Verapaz.

Alrededor de 75.000 salvadoreños quedaron desplazadas de sus hogares en las zonas más afectadas. Alrededor de 15.000 se refugiaron en los centros de acogida que se establecieron rápidamente, sobre todo en los edificios de escuelas locales.

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Una madre y su hijo se lavan en el lavadero comunal de un centro de acogida instalado en una escuela en La Libertad, El Salvador. Los carteles más arriba ofrecen a los residentes instrucciones sobre salud y prácticas de higiene.

Un mes más tarde, cerca de 6.000 personas siguen viviendo en las aulas. Más de 25 familias de Melara, por ejemplo, permanecen en la Escuela Eduardo Guirola, a la que normalmente asiste a Ismael. Sus perspectivas de obtener viviendas permanentes son todavía inciertas.
 
“Estas familias lo han perdido todo”, dijo la administradora del centro de acogida Tanya Roque.

Vidas y bienes perdidos

Ismael contó una historia de supervivencia muy similar –casi palabra por palabra– a la que cuentan por lo menos una docena de niños de los centros de acogida de La Libertad y otras comunidades afectadas. A primeras horas de la madrugada del 8 de noviembre, recordó, la rápida crecida de las inundaciones tomó por sorpresa a su familia mientras dormía. Tuvieron que huir, dejando atrás su hogar y todas sus pertenencias, que se perdieron debido al diluvio.
 
“La casa de mi abuela también quedó rajada”, dijo Ismael. “La cocina no servía. Nada”.

La devastación en Melara se produjo debido a que un río adyacente se desbordó, arrasando las casas y hasta los pilotes de hormigón de un puente de carretera. En otras zonas, las viviendas y las infraestructuras quedaron dañadas o fueron destruidas por avalanchas de lodo y piedras procedentes de las laderas deforestadas de las colinas y las montañas.

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En las afueras de San Salvador, un equipo de reparación limpia los daños de las inundaciones en el municipio de Joya Grande, donde 175 casas fueron destruidas o dañadas, y murieron cinco personas, incluidos tres niños.

En general, las inundaciones y deslizamientos de tierra mataron a unas 200 personas, destruyeron o dañaron miles de casas y arrasaron el suministro de sistemas vitales de agua y de energía.

Suministros para los desplazados

En el período inmediatamente posterior a la catástrofe, las familias desplazadas necesitaban desesperadamente suministros básicos, incluidos alimentos y agua potable. El Gobierno y los organismos humanitarios respondieron con la suficiente rapidez como para evitar que se produjeran brotes generalizados de enfermedades. UNICEF proporcionó 250.000 litros de agua embotellada y 140 conjuntos de higiene en las primeras semanas.
 
UNICEF también distribuyó 3.500 conjuntos con artículos domésticos destinados a las familias cuyas pertenencias habían quedado enterradas en el lodo o que arrastraron las aguas. Alrededor de un tercio de los residentes de los centros de acogida son niños.
 
“Hay tres niños pequeños aquí que tienen 2, 3 y 4 meses de edad”, dijo Emma Rojas, directora de un centro de acogida en Ilopango, en las afueras de San Salvador. “El resto tienen de 2 a 12 años de edad”.
 
A principios de diciembre, 160 familias permanecían en el centro, la mayoría de ellos procedentes de uno de los municipios más afectados, Joya Grande, donde 175 casas fueron destruidas o dañadas. “La mayoría de la gente no tiene un hogar adonde regresar”, dijo Rojas. “Sus casas están completamente enterradas”.

Un sentimiento de normalidad

A pesar de que se atienden sus necesidades básicas, todavía hay muchos niños que padecen miedo e inseguridad. Para ayudar a aliviar su estrés, UNICEF ha proporcionado servicios de asesoramiento psicosocial y conjuntos recreativos para varios miles de niños. 

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Adeleci Cruz, que ahora vive con su único hijo sobreviviente y su esposo en un centro de acogida del departamento de San Vicente, perdió a otros dos hijos, de entre 12 y 15 años, en la avalancha de rocas y lodo que destruyó su casa a primeras horas de la mañana del 8 de noviembre.

Las actividades recreativas en los centros de acogida están diseñadas para ayudar a los niños a recuperar un sentimiento de normalidad, y parecen estar dando resultados.
 
“Tenía miedo, pero me siento mejor”, dijo Jocelyn Beatriz a la Costa, de 11 años, que estaba jugando con sus amigos en un centro del departamento de San Vicente. “Aquí, puedo olvidar un poco lo que pasó”.

 

Se necesita más ayuda internacional

Ahora, UNICEF y sus aliados en El Salvador están pasando de la fase de recuperación inicial a la de rehabilitación. Con cientos de miles de casas destruidas y dañadas, la construcción de viviendas permanentes para familias desplazadas supondrá un desafío enorme. Además resulta necesaria una mayor financiación internacional para reparar la infraestructura del país.
 
A mediados de noviembre, las Naciones Unidas emitieron un llamamiento urgente solicitando a los donantes internacionales ayuda humanitaria adicional para las víctimas de las inundaciones de El Salvador. El llamamiento incluye 3,2 millones de dólares para programas de emergencia de UNICEF. Hasta la fecha, sin embargo, la respuesta de los donantes ha sido decepcionante.
 
“Con el llamamiento de urgencia, nos proponemos apoyar al país mediante la rehabilitación del sistema de agua, higiene y saneamiento que quedó realmente afectado por la emergencia”, dijo Miriam de Figueroa, Representante de UNICEF en El Salvador.
 
Para recuperarse, añadió, las familias afectadas por las inundaciones necesitan “una intervención urgente”.
 
Mientras tanto, Ismael pasa sus días y sus noches en el centro de acogida de La Libertad. No hay escuela por ahora, pero cuando se reanuden las clases en enero, el refugio se convertirá de nuevo en una escuela. Junto con todas las otras personas que ahora están refugiadas en los edificios escolares, la familia de Ismael tendrá que encontrar otro lugar para vivir, y una vez más se pondrá a prueba la capacidad para sobreponerse que han demostrado después de un desastre que les ha cambiado la vida.


 

 

Vídeo

1 de diciembre de 2009:
El corresponsal de UNICEF, Tim Ledwith, informa sobre el período inmediatamente posterior a las inundaciones responsables del desplazamiento en noviembre de miles de familias en El Salvador.
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La Representante de UNICEF en El Salvador, Miriam de Figueroa, habla sobre la crisis originada por las inundaciones y la respuesta de UNICEF y sus aliados. 
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