República Democrática del Congo

En la región oriental de la República Democrática del Congo, azotada por conflictos armados, los niños desplazados tienen la oportunidad de seguir sus estudios

Imagen del UNICEF
© UNICEF Democratic Republic of the Congo/2012/Seck
La situación en materia de acceso a la educación ha ido de mal en peor en la región oriental de la República Democrática del Congo. Sin embargo, lograr que los niños regresen a las aulas es fundamental para su protección.

GOMA, República Democrática del Congo, 19 de diciembre de 2012. Mushasi Muhera (15 años) huyó de Karuba, a 30 kilómetros al oeste de Goma, para escapar de los enfrentamientos armados entre los efectivos del Movimiento 23 de Marzo (M23) y del ejército congoleño (FARDC). El padre de Mushasi murió y su madre ya no puede hacerse cargo del niño.

La difícil travesía de Mushasi terminó en Mugunga 1, un campamento de desplazados que se encuentra en las inmediaciones de Goma, la ciudad capital de Kivu del Norte. Ahora, el niño vive por su cuenta. Duerme en una choza precaria y se alimenta con lo que le puede suministrar una vecina llamada Simire Sibonera.

“Conocí al niño aquí, en el campamento”, explica Sibonera, que huyó en julio de Rutshuru poco después de desatarse los conflictos en esa región. Sibonera escapó junto a sus cinco hijos, a quienes apenas puede alimentar. “Pero él es un estudiante y no sabe cocinar, de manera que yo lo cuido”.

De mal en peor

Desde el 19 noviembre, más de 130.000 habitantes de Goma y alrededores debieron huir y viven ahora con familias de acogida, en campamentos, en asentamientos improvisados o en edificios públicos. Los niños desplazados cuentan con limitado acceso a la educación y muchas escuelas han sido saqueadas, destruidas u ocupadas por grupos armados, tropas del ejército o personas desplazadas.

“Durante el último mes, el acceso a la educación en la región oriental de la República Democrática del Congo ha ido de mal en peor”, afirma Barbara Bentein, representante de UNICEF en el país. “Algunas escuelas que habían resultado afectadas en abril aún no se habían recuperado y el recrudecimiento de los enfrentamientos priva ahora en mayor medida a los niños del Congo de su derecho a la educación. Lograr su regreso a las aulas es fundamental para su protección, especialmente en esta época de crisis. Si no van a la escuela, los niños de Kivu del Norte corren mayor peligro de explotación, abuso y hasta reclutamiento militar”.

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© UNICEF Democratic Republic of the Congo/2012/Seck
Al reanudarse las clases en la escuela primaria La Paix del campamento de desplazados Mugunga 1, los jóvenes alumnos reciben materiales escolares. Los conjuntos de materiales escolares, al igual que los diseñados para los maestros, contienen lapiceras, lápices, reglas, anotadores, tizas y borradores.

Retorno a clases

En noviembre de 2012, UNICEF y sus ONG aliadas Consejo Noruego para los Refugiados y Solidarité International suministraron a más de 20.000 familias desplazadas unas 15 toneladas de jabón y bidones de 10 litros de capacidad para reducir la propagación de las enfermedades transmitidas por el agua, como el cólera. Por su parte, el Programa Mundial de Alimentos entregó a cada familia raciones de alimentos suficientes para tres días.

UNICEF también moviliza fondos para ayudar a que los niños afectados por el conflicto armado en la región oriental de la República Democrática del Congo continúen recibiendo educación escolar.

En Mugunga 1, UNICEF se ha aliado con la ONG italiana AVSI para la prestación de ayuda educativa a los alumnos de la escuela primaria La Paix. Gracias a esa ayuda, Muhera, el hijo de Sibonera, así como los demás niños desplazados pueden continuar sus estudios en mejores condiciones. “Sin esa ayuda”, explica Sibonera, “no tendríamos comida o no podríamos comprar los útiles escolares de mi hijo”.

Al finalizar el año, UNICEF y sus aliados habrán distribuido, en colaboración con el Ministerio de Educación primaria, secundaria y profesional, conjuntos de materiales escolares a unos 80.000 niños de Kivu del Norte.

No hay tiempo que perder

Desde el comienzo de la actual crisis, en las escuelas de las zonas donde se refugiaron los desplazados se ha producido un agudo aumento del número de alumnos. En la escuela primaria La Paix, por ejemplo, hoy hay 1.250 estudiantes, cuatro veces más que los 300 que había antes de la crisis. Para dar respuesta a esta nueva situación, la escuela ha implantado un sistema de dos turnos de enseñanza y los maestros dictan clases por la mañana y por la tarde.

“Nos preocupa las futuras dificultades de los niños para ponerse al día con sus estudios y presentarse a sus exámenes”, afirma Maker Mwangu Famba, ministro de Educación primaria, secundaria y profesional de la República Democrática del Congo. “Muchos corren peligro de perder el año académico o de abandonar sus estudios. No hay tiempo que perder. Junto a nuestros aliados, estamos haciendo todos los esfuerzos posibles por garantizar que todas las escuelas abran sus puertas y funcionen a la brevedad posible”.

Muhera ya ha perdido tres años de educación. Hoy en día cursa el sexto grado en la escuela primaria La Paix, aunque tiene esperanzas sobre sus estudios futuros. “La educación es muy importante”, comenta con firmeza. “Los únicos que pueden conseguir trabajo son los que van a la escuela y aprenden a leer, escribir y hacer cálculos”.


 

 

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