República Democrática del Congo

La lucha contra el cólera, que pone en peligro la supervivencia de los niños en la República Democrática del Congo

Imagen del UNICEF
© UNICEF DR Congo/2011/Walther
Yesifa Kaonda, un niño de 13 años, y su madre están profundamente conmovidos tras pasar cinco días en un centro de tratamiento contra el cólera de la República Democrática del Congo, durante los cuales Yesifa se debatió entre la vida y la muerte.

Por Cornelia Walther

KINSHASA, República Democrática del Congo, 13 de julio de 2011. “Jamás sentí tanta preocupación como en estos últimos tres días”, dice Maman Vombi Sidania entre suspiros. Tras pasar una noche con constantes ataques de vómitos y diarrea, Mimi, su nieta de 11 años de edad, fue llevada hasta el centro de salud de Maluku donde se determinó que sufría de cólera, una enfermedad que provoca deshidratación y que es potencialmente mortífera.

Sin embargo, Mimi recibió a tiempo tratamiento a base de sales de rehidratación oral en el centro de tratamiento del cólera de COOPI, una organización aliada de UNICEF situada en Kinshasa, y hoy puede volver a sonreír.

El brote de cólera desatado en la República Democrática del Congo ha dejado ya un saldo de miles de personas enfermas. El brote comenzó en marzo en la ciudad de Kisangani, en la región oriental del país, donde afectó a más de 1.400 personas y provocó 74 muertes. Posteriormente, la enfermedad se propagó río abajo, transmitida por las aguas, las embarcaciones y los viajeros a las provincias de Equateur, Bandundu y Kinshasa, donde está la capital congoleña, de 10 millones de habitantes.

Condiciones de hacinamiento

En los países industrializados, el cólera ha sido prácticamente eliminado gracias a los sistemas de alcantarillado modernos y la depuración del agua. Pero la enfermedad persiste en otros puntos del mundo, como la República Democrática del Congo, donde en varias provincias, como las de Kivu del Norte, Kivu del Sur y Katanga del Norte, tiene carácter endémico.

El peligro de propagación del cólera es mayor cuando, debido a la pobreza o a los desastres, los habitantes de determinado lugar viven en condiciones de hacinamiento y no cuentan con saneamiento adecuado.

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© UNICEF DR Congo/2011/Walther
Entre las precauciones que deben tomar los trabajadores de este centro de tratamiento contra el cólera de la República Democrática del Congo figuran el lavado de manos con una solución de cloro diluido y la desinfección del calzado.

En la actualidad, menos de uno de cada siete habitantes de la República Democrática del Congo vive en condiciones de higiene aceptables y sólo la mitad de la población tiene acceso al agua potable. Se trata de una situación que prácticamente no ha cambiado en los últimos 10 años. La defecación al aire libre y el consumo de agua de fuentes no protegidas son prácticas comunes en todo el país y en especial en las zonas rurales.

La importancia de la rehidratación

El cólera, que puede ocasionar la pérdida de más de un 10% de los fluidos corporales, puede tener efectos fatales en cuestión de horas. Sin embargo, en la mayoría de los casos se puede controlar mediante la terapia de la rehidratación oral. En los casos más graves, se suele emplear la rehidratación intravenosa, para lo cual se prefiere el uso de una solución del lactato de Ringer.

Desde el inicio del actual brote de cólera en la República Democrática del Congo, UNICEF ha suministrado a los centros de salud de las tres provincias afectadas unos 2.700 litros de esa solución y 20.000 paquetes de sales de rehidratación oral.

Uno de los pacientes del centro de tratamiento del cólera, Yesifa Kaonda, de 13 años, recibió en el lapso de tres días 11 litros de lactato de Ringer que le permitieron recuperar los fluidos corporales que había perdido. Ahora, Yesifa puede alimentarse nuevamente. “Me sentía muy mal”, comenta. “Creí que iba a morir. Pero ahora he comenzado a sentirme mejor”.

Los niños son más susceptibles al contagio

Para que un adulto saludable contraiga el cólera debe ingerir, como promedio, unos 100 millones de bacterias, que es la cantidad de esos microorganismos que contiene un vaso de agua contaminada. Los niños, sin embargo son más susceptibles al contagio y las tasas más elevadas de infección corresponden a los niños de 2 a 4 años de edad. Pese a que sólo 1 de cada 10 personas infectadas muestra los síntomas típicos del cólera, todos los infectados pueden contagiar a otros en los 14 días posteriores a la aparición de esos síntomas mediante la contaminación del agua con las bacterias de sus excrementos.

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Tras recibir tratamiento contra el cólera en la República Democrática del Congo, Mimi Vombi, de 11 años, que aquí aparece junto a su abuela, está fuera de peligro inmediato. Sin embargo, la niña continúa bajo observación médica.

Para prevenir la propagación de la epidemia, en la República Democrática del Congo se está haciendo hincapié en dos formas de prevención básicas. Una es el acceso al agua potable de la población, que constituye una responsabilidad del gobierno. La otra forma de prevención son las prácticas adecuadas de higiene, cuya adopción depende de cada individuo.

“La buena salud empieza en el hogar”, comentó el Dr. Victor Makwenge Kaput, Ministro de Salud Pública, durante una conferencia de prensa que se llevó a cabo el 8 de julio en esta ciudad. “Hay cinco prácticas de higiene que todos deberíamos adoptar como actividades habituales. Se trata de lavarse las manos con jabón antes de comer y después de ir al baño; de usar letrinas adecuadas; de consumir sólo alimentos completamente cocidos; de hervir el agua antes de beberla; y de evitar el contacto con cadáveres humanos”.

Agua potable e higiene

Con el propósito de garantizar que la población cuente con suficiente agua para el consumo, UNICEF ha suministrado 460.000 pastillas Aquatab de potabilización del agua. Además, se han instalado sistemas de depuración del agua a lo largo del río en las regiones afectadas por la epidemia.

“Es importante que la población comprenda la importancia de lavarse las manos y mantener limpios los ámbitos donde viven”, apuntó Pierrette Vu Thi, Representante de UNICEF en la República Democrática del Congo. “Pero esas medidas de precaución no son suficientes si no se garantiza también el suministro de agua potable. Todos tenemos la responsabilidad individual y compartida de proteger a los niños y niñas de la enfermedad”.


 

 

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