República Democrática del Congo

La Directora Ejecutiva de UNICEF escucha historias de esperanza en la región oriental de la República Democrática del Congo

Imagen del UNICEF
© UNICEF DR Congo/2009/Asselin
La Directora Ejecutiva de UNICEF, Ann M. Veneman (segunda desde la izq.) junto a la Coordinadora de Programas Lorenza Trulli, de la ONG italiana COOPI, mientras escucha las historias contadas por mujeres que han acogido a niños y niñas secuestrados por el Ejército de Resistencia del Señor en sus hogares de Dungu, en la República Democrática del Congo.

Por Eva Gilliam

La Directora Ejecutiva de UNICEF, Ann M. Veneman, se encuentra en la República Democrática del Congo realizando una visita de cinco días de duración en la que evalúa la situación de los niños, niñas y mujeres en el marco de lo que se considera la peor crisis humanitaria de África. A continuación, un artículo de una serie sobre el tema.

BAKUVA, República Democrática del Congo, 31 de agosto de 2009 – La visita de la Directora Ejecutiva de UNICEF, Ann M. Veneman, a la República Democrática del Congo ha servido para llamar la atención sobre los constantes y profundos problemas que afrontan las mujeres y los niños en la zona oriental del país. 

En esa zona, una región asolada por un conflicto desde mediados de la década de 1990, la violencia sexual se ha utilizado como arma de guerra. Las violaciones han destruido las vidas de numerosas mujeres y niños y de sus familias y comunidades, y las víctimas siguen estando hoy en situación de peligro.

El tratamiento de las agresiones sexuales violentas
En Bakuva, Veneman visitó un hospital que recibe apoyo de UNICEF, donde reciben tratamiento cerca de 4.000 mujeres que han sufrido agresiones sexuales violentas. El personal del hospital realiza operaciones de reparación de fístula. 

“Estos actos de terrorismo tienen como objetivo destruir nuestra humanidad”, dice el Dr. Denis Mukwenge, que creó la fundación y fundó el Hospital Panzi.

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© UNICEF DR Congo/2009/Asselin
La Directora Ejecutiva de UNICEF, Ann M. Veneman, camina junto a representantes de organizaciones no gubernamentales aliadas frente una hilera de refugios básicos en el campamento para personas desplazadas Mugunga I, ubicado en las afueras de Goma, República Democrática del Congo.

UNICEF les presta apoyo para quienes no pueden recibir tratamiento en Bakuva mediante una clínica móvil que ha tratado a cerca de 30.000 mujeres y niños víctimas de la violencia sexual.

Recuerdos de la violencia

En Dungu, el grupo rebelde ugandés denominado Ejército de Resistencia del Señor sigue aterrorizando las comunidades, secuestrando, torturando y violando a los niños, las niñas y los adultos. Durante su visita a la zona, Veneman se reunió con un joven que había sufrido directamente los efectos de la violencia.

“Me hicieron trabajar para ellos transportando cosas”, dice Musa (nombre ficticio), de 13 años. “Pero luego sufrí una infección en el pie y dejé de serles útil. Así que me golpearon salvajemente y me dejaron en el bosque para que muriera”.

UNICEF consiguió que la organización no gubernamental italiana COOPI se ocupara de Musa, que se convirtió en uno de los 400 niños inscritos en el programa de protección de la infancia de la organización. Después de varias operaciones, ahora puede caminar aunque con grandes dificultades. Ha aprendido a montar en bicicleta él solo, y espera tener un día la suya propia para poder ir y venir a la escuela.

“Realmente deseo regresar a la escuela, porque quiero ser un día ministro del gobierno”, dijo Musa.

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© UNICEF DR Congo/2009/Asselin
Una mujer anciana transporta una carga de leña sobre la espalda mientras camina por el campamento Mugunga I, en las afueras de Goma.

Un verdadero ejemplo de humanidad

“Aunque estaba horrorizada por la violencia infligida a estos niños y niñas, me inspiraron la firme voluntad y determinación de ayuda en la comunidad”, dijo Veneman.

“Me reuní con cinco mujeres, cada una de las cuales había acogido a un niño traumatizado a pesar de disponer de recursos limitados y de tener a sus propias familias, ya de por sí grandes”, añadió. “Este tipo de atención comunitaria es un verdadero ejemplo de humanismo”.


 

 

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