República Democrática del Congo

En el marco de una prolongada crisis en la República Democrática del Congo, las Naciones Unidas declaran a la violación sexual un arma de guerra

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La campaña “Poner fin a la violación de nuestros mejores recursos. Poder para las niñas y mujeres de la República Democrática del Congo”, que cuenta con el apoyo de UNICEF, brinda capacitación a las mujeres para que ocupen posiciones de liderazgo en sus comunidades.

Por Tanya Turkovich

GOMA, República Democrática del Congo, 24 de junio de 2008 – En lo que constituye un avance histórico en materia de protección de las mujeres y niñas en la República Democrática del Congo y en el resto del mundo, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aprobó por unanimidad una resolución que clasifica a la violación sexual como arma de guerra.

La Resolución 1820, que fue aprobada la semana pasada, confirma que la violencia sexual constituye un crimen de guerra, un crimen de lesa humanidad, una forma de tortura y un acto constitutivo de genocidio. La Resolución también impulsa las medidas para sancionar a los culpables de esos crímenes e impone un mayor costo político, militar y económico a las partes involucradas en las violaciones.

Brutalidad sin paralelo

En la República Democrática del Congo, donde los largos años de guerra y enfrentamientos armados han tenido consecuencias devastadoras, la violencia sexual se practica en una escala masiva. Desde 1994, cientos de miles de mujeres y niñas han sido víctimas de ese crimen.

Pero debido a la falta de severidad de las normas jurídicas vigentes, las sobrevivientes de la violencia sexual confrontan obstáculos enormes cuando tratan de que se les haga justicia. Muchas de esas niñas y mujeres congolesas ni siquiera denuncian lo que les ha sucedido.

“En la República Democrática del Congo, la violencia sexual ocurre en una escala de brutalidad sin paralelo en el mundo”, comenta Pernille Ironside, Especialista en Protección de la Infancia de la Oficina de UNICEF en la región oriental de la República Democrática del Congo. “Pese a que la violación sexual existía antes de la guerra, ese brutal crimen ha adquirido ahora características aún más sobrecogedoras, ya que el número de niñas y mujeres agredidas supera el millar por mes”.

“En ese contexto, la violencia sexual ha adquirido una nueva dimensión”, agrega la funcionaria.

Miedo de regresar al hogar

La violación sexual tiene ribetes particularmente horribles cuando se produce en el marco de una guerra. Además de las lesiones emocionales, las sobrevivientes pueden quedar embarazadas contra su voluntad e infectadas con enfermedades de transmisión sexual.

Muchas niñas y mujeres son sometidas a actos tan brutales de violencia que sufren fístulas traumáticas, una lesión que les impide retener la orina o la materia fecal. La cura de las fístulas de ese tipo requiere prolongadas operaciones y un largo período de recuperación. En la República Democrática del Congo sólo existen dos hospitales donde se pueden atender lesiones de tal gravedad. Uno de ellos es el Hospital PANZI, que recibe apoyo de UNICEF.

Las experiencias de las mujeres y niñas internadas en ese hospital son aterradoras. Algunas recuerdan que fueron violadas repetidamente frente a sus maridos o que, tras ser testigos del asesinato de sus familias, fueron dejadas por muertas por los agresores.

En el caso de que esas mujeres o niñas puedan regresar a sus hogares, sus familias y comunidades suelen condenarlas al ostracismo. Peor aún, con frecuencia sus violadores continúan en libertad.

“Tienen miedo de regresar a sus aldeas”, explica el Director del Hospital PANZI, Dr. Denis Mukwege.

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Desde 1994, centenares de miles de niñas y mujeres congolesas han sido víctimas de violaciones sexuales. Muchas de ellas están demasiado asustadas para denunciar los crímenes de los que han sido víctimas y sufren en silencio.

Poner fin a la violación de nuestros mejores recursos

UNICEF ha tomado diversas medidas para dar respuesta a la violencia sexual en la República Democrática del Congo. Una de las más recientes es la campaña mundial “Poner fin a la violación de nuestros mejores recursos. Poder para las niñas y mujeres de la República Democrática del Congo”.

Como parte de ese movimiento popular, UNICEF y sus aliados colaboran para que las mujeres de todos los sectores de la sociedad hablen acerca de la violencia sexual en foros de mujeres y se conviertan en activistas en sus respectivas comunidades. Las mujeres que participan en el proyecto debaten acerca de sus derechos en una cultura que tradicionalmente les ha negado la posibilidad de opinar. Muchas de esas mujeres jamás habían escuchado que la violencia sexual constituye una violación de sus derechos.

“Uno de los cambios que he notado es que las mujeres están más decididas a expresar sus opiniones en tono más firme”, explica una participante. “Además, las mujeres que reciben capacitación y potenciación en los foros tienen más influencia en sus comunidades”.

Uno de los aspectos más importantes de la campaña mundial es el apoyo a la reintegración de las sobrevivientes en sus comunidades. Eso se logra mediante los Centros de la Alegría, que son establecimientos donde las mujeres reciben apoyo psicológico y llevan a cabo actividades que les ayudan a adquirir conocimientos prácticos mediante los cuales pueden ganarse la vida.

La necesidad de medidas concretas

Pese a que los programas de este tipo son motivo de esperanza, constituyen apenas los pasos iniciales de una acción mucho más amplia. Aunque es posible sanar con el correr del tiempo las lesiones físicas de las niñas y mujeres violadas, éstas continúan sufriendo el estigma de la violación y el temor de saber que los hombres que cometieron ese crimen probablemente siguen libres.

Además, en la República Democrática del Congo aumenta el número de violaciones sexuales cometidas por civiles que no pertenecen a las agrupaciones armadas.

Las labores de protección de las niñas y mujeres contra la violación que ha llevado a cabo la comunidad humanitaria son muy importantes, pero el problema persistirá mientras no exista la voluntad política de poner fin a las hostilidades. Por ello, UNICEF celebra la nueva resolución de las Naciones Unidas que otorga a la violación sexual carácter de arma de guerra y tiene la esperanza de que se tomen medidas complementarias que garanticen la seguridad y justicia de las niñas y mujeres de la República Democrática del Congo y el resto del mundo.

En esta nación africana, entretanto, muchas mujeres se transforman en activistas, salen a las calles, organizan actividades populares y llevan a cabo otras labores para poder recuperar sus vidas.


 

 

Vídeo (en inglés)

Mayo de 2008: Tanya Turkovich, corresponsal UNICEF, informa sobre las labores que se llevan a cabo en la República Democrática del Congo para poner fin a las violaciones sexuales y brindar atención a quienes han sufrido ese crimen.
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