República Democrática del Congo

La historia de Marie Paule: Sobrevivir en las calles de Kinshasa

Imagen del UNICEF
© UNICEF DRC/2006/Joyce Brandful
La escuela es un lugar muy especial para Marie Paule, una niña de 14 años de edad. Allí encontró una nueva familia y allí se esfuerza por hacer realidad su sueño de ser doctora.

Por Joyce Brandful

KINSHASA, República Democrática del Congo, 22 de junio de 2006 – Marie Paule, una niña de 14 años, cursa el primer año de escuela secundaria. Los niños y niñas de su edad por lo general ya están en el segundo o tercer año de ese ciclo escolar. Pero aunque la niña puede estar un poco atrasada en sus estudios, para llegar adonde está ha tenido que recorrer un largo y arduo camino.

Los últimos ocho años han resultado muy difíciles para Marie Paule. Su vida sufrió un profundo cambio cuando su padre perdió la vida en un accidente de aviación. Fiel a las costumbres locales, su familia solicitó a un líder religioso ayuda para averiguar quién había ocasionado la desgracia familiar. El prelado acusó a Marie Paule y a su hermana mayor. Esta última confesó bajo la presión de un pastor que la “ungió” con aceite hirviente.

Las niñas se salvaron de que las quemaran vivas porque un vecino alertó a la policía. Esa misma noche, sin embargo, ambas fueron echadas del hogar de su tío e iniciaron su vida en las calles.

Los niños de la calle en peligro

En las calles de Kinshasa, la capital de la República Democrática del Congo, viven y trabajan entre 25.000 y 45.000 niñas y niños. Al igual que Marie Paule, muchos dicen que sus infortunios comenzaron después que perdieron a sus padres o se separaron de ellos.

Poco después de ser expulsadas del hogar de su tío, Marie Paule y su hermana fueron atacadas por una pandilla callejera. Ambas sobrevivieron a la violencia y el abuso, y mal que bien siguieron adelante.

La hermana mayor recurrió a la prostitución al mismo tiempo que vendía agua en la calle, pero un día fue atropellada por un automóvil y sufrió lesiones graves. Debido a que Marie Paule no pudo localizar a su hermana después del accidente, comenzó a mendigar para sobrevivir.

Más adelante, las dos hermanas se reencontraron en un refugio para niños de la calle. Allí se enteraron de la existencia de la organización no gubernamental Solidarity Action for Children in Distress (SACD), que actúa en Funa, uno de los vecindarios de Kinshasa con el número más elevado de niños y niñas de la calle. Las hermanas decidieron entonces aceptar la ayuda de ese programa, que recibe apoyo de UNICEF.

El retorno a la escuela

Los trabajadores sociales del centro de SACD tratan, en la medida de lo posible, de restablecer los vínculos familiares de los niños y niñas separados de sus familias. Se trata de un proceso tedioso que puede durar entre dos semanas y dos años.

Mientras se lleva a cabo la búsqueda de las familias, el centro ofrece cursos de enseñanza de recuperación a los niños y niñas interesados en reanudar sus estudios. Muchos de ellos aprovechan la oportunidad y tratan de terminar su educación primaria, mientras que otros prefieren aprender un oficio o aptitudes prácticas.

UNICEF presta a esos niños y niñas servicios de atención básica de la salud y materiales de recreación, además de suministrar materiales de enseñanza y aprendizaje a los trabajadores sociales.

Cuando Marie Paule comenzó las clases de recuperación, hacía cinco años que no iba a la escuela. Contra todas las previsiones, y con la ayuda y tutoría de los trabajadores de SACD, la niña aprobó el año pasado el examen nacional para alumnos del sexto grado.

Denis, el trabajador social a cargo del caso de Marie Paule, no ha podido localizar a la madre de la niña, que se habría trasladado a la vecina Angola. Sin embargo, Denis consiguió que otra familia –la del propietario de la escuela donde estudia Marie Paule− recibiera a la niña. Por fin, la niña tiene posibilidades de concretar su sueño de ser doctora.

“¡He sufrido tanto!”, confiesa Marie Paule. “Algún día me gustaría llegar a ser alguien importante”.

Protección del abuso

Denis señala que en las calles de Kinshasa hay cada vez más niños y niñas abandonados. “Para esos niños”, explica el trabajador social, “el restablecimiento de los vínculos familiares tiene efectos muy positivos para su autoestima”.

Aunque la historia de Marie Paule tiene un final relativamente feliz, muchos niños y niñas congoleses que son víctimas de la violencia y el abuso no serán tan afortunados. SACD no puede reunir con sus familias a más de un puñado de niños y niñas por año.

“Uno de los aspectos más desalentadores del proceso de reunificación es que con frecuencia la familia no se puede hacer cargo de los gastos escolares, de manera que las niñas deben abandonar sus estudios”, agrega Denis.

La creciente desintegración de las estructuras económicas y sociales del país constituye otra fuente de frustración. Al otro lado de los muros protectores del centro de SACD, nada parece impedir las actividades de quienes siguen sometiendo a los niños al abuso y la violencia.

UNICEF colabora con diversos aliados en la República Democrática del Congo con el objetivo de que se elabore y apruebe a la brevedad posible un nuevo conjunto de leyes que protejan a la niñez y la juventud. Entretanto, las ONG dedicadas a las cuestiones de la niñez concientizan a las familias acerca de las peligrosas consecuencias de abandonar a los niños y niñas en las calles.

Sabine Dolan colaboró en la elaboración de este artículo desde Nueva York.


 

 

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