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| © UNICEF Côte d’Ivoire/2006/Westerbeek |
| Gracias a un sistema de educación escolar no estructurada, los niños y niñas en esta comunidad campesina de Côte d’Ivoire tienen la oportunidad de asistir a clases y seguir ayudando con las labores agrícolas. |
Por Sacha Westerbeek y Thomas Nybo
KONOVOHOGHO, Côte d’Ivoire, 2 de enero de 2007 – Cuando los niños y niñas de la aldea de Konovohogho, en la Côte d’Ivoire, llegan a la edad escolar, sus padres se encuentran ante una grave disyuntiva, ya que deben decidir si los envían a la escuela o los ponen a trabajar en el campo.
En este país azotado por la guerra hay casi un millón de niños y niñas que no asisten a clases, lo que constituye una de las causas principales de la baja tasa nacional de alfabetización, que apenas supera el 50%.
Desde hace tres años, ARK, una organización no gubernamental local respaldada por UNICEF, ofrece una solución a esa disyuntiva de las familias. Éstas ya no tienen que elegir entre enviar a sus hijos a la escuela o ponerlos a trabajar, sino que los niños y niñas tienen la oportunidad de asistir a clases cuando no están cultivando la tierra o cuidando el ganado.
Del campo al aula
Dos de los alumnos más promisorios son los hermanos Waodjanga y Kadokan Silue, de 12 y 8 años, respectivamente. Ambos pertenecen a una familia que tiene 10 hijos, todos los cuales ayudan con las labores agrícolas.
Los niños trabajan durante una hora en el campo todas las mañanas, y varias horas más al final de la tarde. Durante el resto del día, asisten a la escuela.
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| © UNICEF Côte d’Ivoire/2006/Westerbeek |
| Las clases se adecuan a los horarios de las labores agrícolas, y los estudios se intensifican durante la época de menos trabajo en los campos. |
En las temporadas del año en que tienen más trabajo –como en las épocas en que tienen que acompañar durante varios días al ganado a sitios donde pueda pastar– los niños y niñas asisten a clases con menos frecuencia. Pero durante la temporada de menos trabajo agrícola, pueden dedicarse casi exclusivamente a sus estudios.
“Puedo compartir con mi familia lo que aprendo en la escuela”, explica Waodjanga. “Puedo enseñarles a los que no pueden ir a clases. Y mis estudios también me serán útiles para conseguir empleo”.
La educación es un derecho
A las clases no estructuradas de Konovohogho también asisten niños y niñas de varias aldeas vecinas, debido a lo cual el número total de alumnos llega a 63. UNICEF les suministra libros y elementos escolares, además de brindar capacitación a los docentes. Muchos de los niños y niñas comienzan sus estudios aquí, donde adquieren conocimientos básicos de lectura y escritura, y luego siguen estudiando en escuelas de enseñanza estructurada.
Kassoum Coulibaly N’Djanbile, integrante del personal de ARK, dice que los beneficios de la educación escolar son evidentes en muchos aspectos de la vida en la aldea.
“La educación escolar ha provocado cambios reales en la vida cotidiana de la región”, explica. “Una de las ventajas de contar con un sistema de educación en la aldea radica en que los niños y niñas aprenden a leer y escribir para poder comunicarse. No sólo para poder hablar y expresarse con claridad, sino también para leer cartas y encargarse de sus operaciones cotidianas como la administración y contabilidad del dinero”.
El programa de educación escolar no estructurada de Konovohogho refleja la convicción de UNICEF de que la educación de buena calidad es un derecho humano básico. La protección de ese derecho exige con frecuencia ideas y prácticas que se adecuen a las tradiciones y culturas locales, en lugar de oponerse a las mismas.
Vídeo (en inglés)
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