Congo

La educación ofrece posibilidades a los niños y niñas indígenas de la República del Congo

Imagen del UNICEF
© UNICEF video
Un niño indígena perteneciente al grupo étnico baka sostiene una pizarra durante una inspección en su escuela de Impfondo, la capital de la provincia de Likouala, al norte de la República del Congo.

Por Guy Hubbard

TOANGANA, República del Congo, 7 de octubre de 2009 – Es una mañana soleada y Rufin Kokolo, de 8 años, se prepara para acudir a la escuela. Vive en el poblado de Tosangana, en las afueras de Impfondo, la capital de la provincia de Likouala.

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Rufin y su hermana pequeña, que acaba de comenzar su preparación en el jardín de infancia, abrazan a su padre, Gerard Kokolo.Kokolo, padre de siete hijos, alienta a Rufin a que preste atención en clase.

Cuando los dos niños se dirigen a la escuela, se unen a ellos amigos que realizan la misma ruta.

Hostigados y ridiculizados
Esto no hubiera pasado hace dos años, y no porque no hubiera una escuela donde los niños pudiesen estudiar, sino porque como integrantes del grupo écnico baka, una de las comunidades indígenas cazadoras del país, se les hostigaba y ridiculizaba. Más conocidos por su etiqueta colonial, pigmeos, los baka son considerados por muchos como personas inferiores y atrasadas.

Para la mayoría de los niños y niñas indígenas de la República del Congo, la discriminación por parte de estudiantes y maestros es algo difícil de soportar. Muchos de ellos nunca han acudido a una escuela.

Como respuesta a este problema, la Iglesia Católica  ha inaugurado con el apoyo de UNICEF 14 escuelas preparatorias en la provincia de Likouala, una amplia zona situada en el norte del Congo. Construidas y mantenidas por las familias baka, las escuelas ofrecen un lugar seguro y acogedor para estos niños y niñas.

Un ciclo de intolerancia

La iniciativa está dirigida por un misionario de Suiza, el padre Lucien Favre, que está comprometido a utilizar la educación para romper el ciclo de intolerancia.

Según Favre, los niños baka se desaniman pronto cuando acuden a la escuela junto a otros estudiantes del grupo étnico mayoritario bantú sin estar preparados. “Mientras los niños bantú acuden a clase, los niños baka cortan la hierba alrededor de la escuela. Por eso el niño pierde su interés y prefiere volver al bosque en lugar de convertirse en un esclavo en la escuela”, explica el padre Favre.

Para la familia de Rufin y otras personas de la comunidad, abandonar el hábitat del bosque y trasladarse a la ciudad ha resultado extremadamente difícil. Escapar a la discriminación y el abuso de la población local es casi imposible.

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Los niños y niñas baka de la República del Congo no suelen acudir a la escuela debido a la discriminación, pero UNICEF, en asociación con la Iglesia Católica, ha estado inaugurando escuelas diseñadas para satisfacer sus necesidades.

Sin embargo, muchos baka esperan que la próxima generación pueda escapar finalmente de la pobreza y la marginación. “Yo quiero que mis hijos vayan a la escuela”, dice Kokolo. “Es la única manera de poder conseguir que nos traten como a los bantú. Los niños no pueden ya sobrevivir en el bosque sin una educación, como lo hicimos nosotros”.

En busca de la integración

Después de media hora de camino, Rufin y sus amigos llegan a la escuela. Los residentes locales construyeron las dos aulas del centro con bambú y hojalata en unas tierras propiedad de la Iglesia Católica.

El maestro principal, Jean Baptiste Ruzinadaza, un refugiado de Rwanda, comienza el día cantando con los niños el himno nacional mientras se alza la bandera. Es su primera lección acerca de la ciudadanía y sus derechos.

El plan de estudios está concebido especialmente para los niños y niñas indígenas trashumantes de África central, con miras a ayudarles a integrarse en el sistema público de educación.

“Hemos encontrado que la solución a la discriminación es la preparación”, dice Ruzinadaza. “Es una especie de enseñanza preescolar para ellos, para enseñarles los hábitos que necesitan para estudiar. Aquellos que han estado en las escuelas gubernamentales se han adaptado bien”.

Ruzinadaza procura que las clases, que incluyen dibujo e idiomas, sean muy creativas. La intención es inspirar confianza y amor al aprendizaje en niños como Rufin. “Voy a la escuela para poder ser presidente... y ayudar a todos aquellos que todavía viven en el bosque", dice orgullosamente Rufin.

Sentar las bases
Debido a que las comunidades baka están muy dispersas, a menudo en zonas remotas, llegar a cada niño es un desafío enorme. También ha resultado difícil obtener tierras para construir las escuelas.

En muchos casos, las escuelas tienen que depender de que las autoridades locales o las iglesias donen los terrenos. Y debido a que las escuelas no forman todavía parte del sistema público, es preciso obtener dinero todos los meses para pagar a los maestros.

Sin embargo, las pruebas demuestran hasta ahora que las escuelas preparatorias contribuyen a lograr que la educación esté disponible para los niños y niñas indígenas en la República del Congo, y están sentando las bases para su aprendizaje en el futuro.

 


 

 

Vídeo (en inglés)

Septiembre de 2009: El corresponsal de UNICEF, Guy Hubbard, informa sobre un nuevo tipo de escolarización para los niños y niñas indígenas en la República del Congo.
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