Colombia

En Colombia, los grupos armados le roban la infancia a los niños y las niñas

Imagen del UNICEF
© UNICEF Colombia/2008
Algunos grupos armados colombianos descienden sobre las comunidades rurales y reclutan a todos los niños y niñas que encuentran.

BOGOTÁ, Colombia, 25 de agosto de 2008 – Juan, de 15 años de edad, y Gloria, de 12, vivían con sus padres en la comunidad rural colombiana de Antioquia. La apacible vida de esa familia fue violentamente interrumpida cuando ambos niños fueron capturados y reclutados por una de las agrupaciones armadas ilícitas del país.

Durante el tiempo que pasaron como niños soldados, Juan y Gloria fueron separados y asignados a dos grupos distintos. Cada grupo funcionaba como una columna móvil de apoyo a otros grupos estables que llevaban a cabo acciones armadas en las calles de diversos municipios y distritos menores, o “veredas”, del país.

Lamentablemente, las historias de Juan y Gloria no son raras en Colombia, que quizá sea país del mundo donde las actividades de los grupos armados afectan más a los niños y niñas.

Un problema persistente

El reclutamiento de niños y adolescentes constituye un crimen de guerra condenado y prohibido explícitamente por la Convención de Ginebra y la Convención sobre los Derechos del Niño, que estipula que ningún menor de 15 años puede participar en hostilidades, y que los niños y niñas que estén expuestos a los conflictos armados deben recibir protección especial. Además de ello, el reclutamiento de personas que son menores de edad constituye una acción criminal según el Código Penal colombiano.

Pese a esas prohibiciones, miles de niños y niñas colombianos participan activamente en las agrupaciones armadas. Según el Secretario General de las Naciones Unidas, en 2003 unos 7.000 niños y niñas colombianos formaban parte de esos grupos y otros 7.000 integraban las milicias urbanas.

El reclutamiento de las niñas

Muchos de los niños que se integran en esos grupos armados dicen hacerlo voluntariamente. Sin embargo, resulta imposible defender moral o jurídicamente el empleo de niños en los conflictos armados. El derecho nacional o internacional no establece distinciones entre la participación voluntaria y el reclutamiento forzado de los niños.

Las niñas como Gloria constituyen una proporción importante de los jóvenes reclutados. Según la organización no gubernamental Human Rights Watch, las niñas representan un 25% de todos los combatientes menores de edad en Colombia.

Algunas niñas que se suman “voluntariamente” a los grupos armados dicen hacerlo para huir de los abusos sexuales que sufren en sus hogares. Con frecuencia, esa decisión no las pone a salvo de los abusos, ya que en los grupos armados siguen siendo víctimas de la violencia sexual, incluso de la explotación y las violaciones.

Fugas separadas

Después de vivir durante dos años con el grupo armado que los había capturado, tanto Juan como Gloria lograron darse a la fuga por separado.

El primero en escapar fue Juan,  y la venganza de sus captores no se hizo esperar. Cuando se enteraron de su fuga, los integrantes del grupo armado fueron a la comunidad rural de sus padres y les obligaron a alejarse de su vivienda. De esa manera perdieron no sólo su hogar sino sus cosechas, su ganado y todas sus pertenencias.

Tras la fuga de Gloria, la familia solicitó ayuda a la Oficina de Derechos Humanos de Colombia, que remitió a la niña al Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, conocido por las iniciales ICBF, que recibe apoyo de UNICEF.

Apoyo y prevención

En ICBF, Gloria ingresó en un programa especial para personas jóvenes desmovilizadas de las agrupaciones armadas. Esa organización dio todos los pasos necesarios para que Gloria pudiera normalizar su situación legal y obtener el correspondiente certificado, que emite el Comité Operativo para la Dejación de las Armas, el organismo oficial que supervisa el desarme de los combatientes irregulares.

Gloria también se integró en un programa de ICBF que le brindó un estipendio mensual y asistencia psicosocial de un equipo especializado.

UNICEF mantiene su compromiso de ayudar a que las vidas de los ex niños y niñas soldados vuelvan a normalidad. Sin embargo, la meta final consiste en poner fin al reclutamiento de niños como Juan y Gloria por parte de los grupos armados.


 

 

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