Chad

“Nos obligaron a matar”

Por Ferso Dohou Pascal y Manuel Moreno

N’DJAMENA, Chad, 30 de junio de 2014 – Sentado en el tronco de un árbol y mirando al suelo, Ibrahim* recuerda cómo un grupo rebelde del norte de Chad lo reclutó hace tres años. Su voz es monótona, como si la experiencia le hubiese ocurrido otra persona y no a él.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Chad/2014/Pirozzi
Un grupo de niños en un centro social de apoyo a los niños liberados de grupos armados en el que participa UNICEF en N'Djamena, Chad.

A los 15 años le coaccionaron, le drogaron y le obligaron a matar.

“Cuando el grupo rebelde llegó, encontraron nuestra escuela”, dice. “Los rebeldes nos intimidaron. Nos golpearon y nos dijeron que nos uniéramos a ellos. Dijeron que así nuestras familias estarían protegidas”.

Los rebeldes condujeron a Ibrahim y sus compañeros a una base situada en las montañas. Fue entonces cuando le robaron la infancia, cuando dejó de ser un niño y se convirtió en un instrumento de la guerra.

Sin escapatoria

“Durante tres meses [los nuevos jóvenes reclutas] aprendimos a manejar las armas y la forma en que debíamos saludar a nuestro jefe. Nos enseñaron también como desmontar y reparar los morteros y disparar con precisión en las dianas”, dice Ibrahim.

“Tuvimos que hacer un montón de disparos”, recuerda. “Nos obligaron a matar sin miedo, a violar a las niñas y las mujeres, para probar que éramos muy fuertes”.

Dice que les ordenaron cortar los pechos o los oídos de aquellas mujeres o niñas que resistían a la violación. La mayoría del tiempo, y especialmente durante estos incidentes violentos, tanto él como sus amigos habían consumido drogas.

Aquellos que intentaban escapar fueron asesinados o torturados, a veces frente a otros niños, para evitar que hicieran lo mismo.

Una acción desesperada

En una acción desesperada, Ibrahim logró escapar y regresar a su pueblo. Pero cuando llegó allí, no encontró lo que esperaba.

“Un día me escapé para ver a mis padres porque estaba cansado de esa vida. Cuando mis padres me vieron llegar, todos huyeron”, dice. “Nadie me quería en el pueblo”.

El rechazo por parte de su familia le hizo volver a los rebeldes. Pasó dos años luchando antes de que un acuerdo de paz condujera a una amnistía general para los movimientos rebeldes y su integración en el ejército nacional.

El gobierno llevó a cabo un proceso de verificación de la edad, pero Ibrahim se vio obligado a mentir para permanecer en el ejército.
 
“Muchos de mis amigos de mi edad fueron liberados”, dice. “Pero el día antes de la verificación de la edad, mi jefe me dio instrucciones para que dijera que tenía 18 años. Dijo que yo era mejor que los otros en el manejo de las armas y que no quería perderme”.

El día de la verificación de la edad Ibrahim trató de ocultarse, pero su comandante lo encontró. “Mientras me preguntaban reiteradamente, me obligó a decir una y otra vez que mi edad era 18 años”, dice Ibrahim. “Sin embargo, yo sólo tenía 17 años”.

Un largo proceso

Conseguir la liberación de los niños puede resultar difícil, ya que a menudo no tienen una prueba oficial de la edad. Y su liberación es solamente el comienzo de un largo proceso. En primer lugar se les envía a un centro de tránsito, donde se les somete a una evaluación psicológica y se les ofrece asesoramiento. Luego les capacitan en formación profesional antes de reunirlos con sus familias y reintegrarlos a sus comunidades.

Debido a las experiencias con niños como Ibrahim, el Gobierno del Chad apareció en el informe del Secretario General de las Naciones Unidas sobre los niños y los conflictos armados, y en 2011 el Gobierno firmó un plan de acción para poner fin al reclutamiento y a la utilización de los niños por las fuerzas armadas.

Las bases de un país próspero

“El reclutamiento de los niños es moralmente inaceptable y está prohibido por el derecho internacional”, dice Bruno Maes, representante de UNICEF en Chad. “UNICEF seguirá apoyando el compromiso del Gobierno para poner fin a estas violaciones y evitar que vuelvan a ocurrir en el futuro”.
 
De manera conjunta con varios aliados, UNICEF apoya la liberación de los niños de los grupos armados con un conjunto de servicios que incluye atención de la salud, apoyo psicosocial, búsqueda de los familiares y reunificación, y regreso a la escuela.

“Cuando llevamos a un niño ex soldado a superar una experiencia tan terrible y logramos que el niño se reintegre en la sociedad, hacemos algo más que reparar una infancia robada”, dice el Sr. Maes. “Sentamos las bases para un país próspero”.

“Estoy dispuesto a ir a la escuela. Pero mis jefes nunca me lo permitieron. Hoy tengo 18 años y me doy cuenta de que estoy perdiéndome algo”, dice Ibrahim. “Regresar a la escuela me permitiría expresarme en francés y también leer y escribir”.

*Nombre cambiado


 

 

Fotografía UNICEF: liberados de los grupos armados

 

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