Chad

Una mujer huye de nuevo en busca de la seguridad, pero esta vez en el Chad

Khadidja Dramane describe el desarraigo que le causó el conflicto, y que ahora se agrava debido a los combates en la República Centroafricana.

 

Por Alex Duval Smith

Una migrante, refugiada y ahora repatriada en su Chad natal, esta mujer que huyó de la violencia con sus hijos no puede aún regresar a casa.

TISSI, Chad, 30 de diciembre de 2013 – Khadidja Dramane* ha alcanzado los 50 años sin saber realmente dónde está su hogar. En el último episodio de su vida, tuvo que huir de la República Centroafricana. “Primero se enfrentaron los rebeldes y el gobierno. Luego vino la guerrilla Janjaweed”, dice refiriéndose a los grupos de milicias que operan al oeste del Sudán. “Son unos ladrones. Matan a las gentes, queman las aldeas y luego roban el ganado. Viajé durante seis días en un camión para llegar aquí”.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Video
“Llegamos en marzo y me gustaría poder viajar a mi región natal, Salamat, en el sur del Chad, donde vive mi madre”, dice Khadidja Dramane (arriba).

La seguridad, por el momento, se llama Tissi –una zona inhóspita, aislada e inestable en la punta suroriental del Chad. En los últimos nueve meses, UNICEF y sus aliados, con el apoyo del Departamento de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea, se han unido a otros organismos en un esfuerzo para albergar a las cerca de 50,000 personas que han llegado hasta aquí.

Han venido principalmente desde el este, escapando a los enfrentamientos étnicos en la región de Darfur, en el Sudán, pero también desde la volátil República Centroafricana, al sur. La única ventaja de Tissi es que se encuentra unos cuantos kilómetros dentro del Chad, y está protegida por el ejército de ese país, pero no tiene mucho más que ofrecer. Hace nueve meses, la única agua disponible para las miles de personas que llegaron con sus ganados era un lago estancado.

“No tenemos nada”

La Sra. Dramane, que se lesionó la cadera al huir de las milicias, vive bajo una lona apuntalada con ramas. Tres de sus siete hijos están con ella, y gana un ingreso reducido limpiando los campos en las granjas locales. “Llegamos en marzo, y realmente me gustaría poder viajar a mi región natal, Salamat, en el sur del Chad, donde vive mi madre”, dice. “Pero pasará algún tiempo antes de que reunamos el dinero suficiente como para salir de este lugar”.

La Sra. Dramane, que creció en la empobrecida región de Salamat, se trasladó a Darfur con su marido en busca de mejores perspectivas. Hace 10 años, la pareja se trasladó a la República Centroafricana para escapar a los enfrentamientos étnicos. Desde marzo, huyendo de nuevo de un conflicto, ha regresado a su nativa Chad.

“Literalmente no tenemos nada, ni siquiera un burro”, dice. “Cada vez que tenemos que abandonar un lugar, lo perdemos todo”.

La Sra. Dramane dice que su marido la abandonó después de que llegaran a Tissi. “Se fue a causa de la cadera”, se lamenta.

Imagen del UNICEF
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La Sra. Dramane y tres de sus hijos ya se han asentado en Tissi, en el extremo sudoriental del Chad. Alrededor de 50.000 personas han huido hasta la zona, algunos de la República Centroafricana, pero la mayoría de Darfur, en la vecina Sudán.

Su historia es sólo una de las muchas que componen el tejido humano de Tissi, un lugar tan alejado de su propia capital, N’Djamena, que la moneda en uso es sudanesa. Para llegar aquí de forma segura –desde el interior del Chad– es preciso conducir durante 11 horas a través de matorrales de arena. Hay un vuelo irregular de un helicóptero de las Naciones Unidas y una ambulancia aérea de Médicos sin Fronteras que vuela ocasionalmente. El esfuerzo para apoyar a una combinación de refugiados de países vecinos y de repatriados que regresan a casa –de los cuales unos 18.000 se encuentran en un campamento de refugiados del ACNUR– no es una tarea fácil..

Desafíos

“El mayor desafío es el agua”, dice el consultor de salud de UNICEF Hormo Amboulmato. “Necesitábamos asegurar un suministro rápido de agua potable, porque si no, la gente habría tenido que seguir caminando hacia el oeste”. Con la financiación del Departamento de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea se perforaron 20 pozos, y se ha equipado a Tissi con una planta de tratamiento de agua impulsada por energía solar.

Los equipos de personal de la salud también se han embarcado en una carrera para vacunar a los niños antes de que una epidemia se propague entre esta oleada humana que cruza desde el Chad hasta Darfur, donde se registró recientemente un brote de fiebre amarilla. Los mismos equipos examinan a los recién nacidos para detectar signos de desnutrición, ofrecen consejos sobre higiene e informan a las madres sobre la prevención del paludismo y la diarrea.

El poder del fuego se utiliza para aliviar el trauma de los niños que han estado expuestos a la violencia y el conflicto. En el pueblo de Kélé, el asesor Hassan Saleh Hassan, de 27 años, dirige uno de los 10 espacios amigos de la infancia, donde los juegos y el canto están a la orden del día. Pelotas, ladrillos para construir y cuerdas de saltar son algunos de los objetos recreativos de colores brillantes que guarda en una gran maleta.

“Normalmente vienen alrededor de 80 niños”, dice. “De vez en cuando les hacemos preguntas. El niño te dice ‘vimos a gente, incluso cadáveres, personas que habían sido arrojadas, muchas de ellas, en agujeros. Y mientras huíamos veíamos cadáveres aquí y allá por el camino’. Nos responden cuando les hacemos preguntas. La razón de ser de los juegos es simplemente ayudarles a olvidar las cosas que han visto”.

El Departamento de Ayuda Humanitaria de la Comisión Europea está complementando la financiación anterior para el suministro de agua con 400.000 euros para la educación. Thomas Dehermann-Roy, que dirige la oficina del Departamento en el Chad, dice: “Vamos a ofrecer acceso a la educación primaria a 9.000 de los refugiados y repatriados. La iniciativa no sólo ofrecerá ayuda inmediata a los refugiados y repatriados, sino que se llevará a cabo en las escuelas y poblados existentes, a fin de que sea sostenible para la región”.

La Sra. Dramane cojea en su camino hacia un pozo que, por suerte, ha sido perforado cerca de su casa. Le gustaría seguir adelante y encontrar un lugar permanente y seguro. Pero tal es el ciclo de la vida en esta región–una carrera por los alimentos en un contexto de conflicto recurrente– que lo mejor que puede esperar es que Tissi siga siendo seguro en los próximos meses.

*El nombre sido cambiado

 

 


 

 

Fotografía UNICEF: Refugiados y desplazados

 

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