Chad

Las mujeres activistas dicen “no” a la violencia sexual y de género en Chad

Por Cheryl Uys-Allie

LAI, Chad, 7 de septiembre de 2011. Hadjara Oumarou, una madre valiente, estaba sentada bajo un árbol con su marido, Oumar Sidik, del que está separada, a las puertas del juzgado de su aldea situada en el distrito de Tandjilé (Chad). Su hija de 10 años, Amira (nombre ficticio), estaba sentada entre ellos.

VÍDEO (en inglés): Cheryl Uys-Allie, de UNICEF, informa sobre las iniciativas lideradas por mujeres para hacer frente a la violencia de género contra las mujeres y las niñas en Chad.  Véalo en RealPlayer

 

Se encontraban en el juzgado porque Sidik había vendido a Amira por el equivalente de 120 dólares. Cuando el hombre que la “compró” visitó a la madre para exigir que le entregaran a su novia, ella se negó a hacerlo, insistiendo en que tenía que asistir a la escuela antes de casarse.

En el mismo distrito se ha producido un número alarmante de violaciones de niñas.

“Estas jóvenes tienen entre 9 y 15 años”, dijo Rosalie Narhodji, un activista del Foro de Mujeres Africanas Especialistas en Pedagogía. “La situación es grave, así que es necesario reaccionar. Hemos decidido crear conciencia en todo el distrito para decir ‘no’ a la violación en Tandjilé”.

Hacer realidad los derechos de las mujeres

Imagen del UNICEF
© UNICEF video
Las mujeres tienen que cuestionar la violencia sexual y de género, un factor importante para la consolidación de la paz en Chad.

Una delegación de UNICEF se reunió con Narhodji y otras activistas del Foro en Tandjilé a principios de este año para defender ante las autoridades y los miembros de la comunidad la necesidad de asumir una posición contra la violencia sexual y de género. En abril, el Foro reunió a cientos de mujeres y niñas de los poblados vecinos en una marcha frente a la oficina del gobernador de distrito para exigir protección y justicia.

En Chad, las mujeres son ciudadanas con derecho a voto pero muchas desconocen su derecho a la protección contra la violencia de género. “Hasta ahora, no ha habido justicia”, dijo Narhodji. “Ellos no consideran [la violación] como un delito, sino como un acto indecente”.

Ndoidjim Boidi, fiscal de distrito de Lai, señaló que “la violación es un crimen. La pena en virtud del artículo 275 de nuestro Código Penal es la cadena perpetua con trabajos forzados. Vas a la cárcel y te quedas allí”. Sin embargo, los activistas dicen que los tribunales no juzgan sistemáticamente a los perpetradores.

Micheline Tchangle es una madre soltera de unos 40 años que dedica su tiempo a dirigir un centro de rehabilitación en Lai llamado Talita-Kum, que significa “Levantarse y caminar”. Ella nos contó la historia de una niña, Aline (nombre ficticio), a quien su tío violó de una manera tan brutal que ahora tiene que usar muletas.

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Las mujeres de Chad son ciudadanas con derecho a voto, pero muchas desconocen su derecho a la protección contra la violencia de género.

Según Tchangle, Aline tuvo que irse a vivir con su tía y su tío a un pueblo vecino después de que su madre muriera, y allí fue donde se llevó a cabo el ataque que cambió su vida para siempre. Después de la agresión, Aline sufrió una fractura de la pelvis y la cadera, y quedó discapacitada. Cuando la llevaron al hospital, dos meses más tarde, era demasiado tarde.

Tchangle acogió a Aline y le enseñó a caminar de nuevo con muletas. “Para mí, un hombre que hace eso a una niña... es un crimen”, dijo sacudiendo la cabeza. “Tiene que ir a la cárcel”.

Afrontar la violencia

Hay muchos problemas con ciertas prácticas aceptadas en Chad, desde la obligación de que las niñas se casen hasta la mutilación genital femenina, e incluso el pago de indemnizaciones a las familias de las niñas violadas, en lugar de perseguir a los violadores.

“Son prácticas arraigadas que atentan contra los derechos de las niñas y las mujeres y que es necesario cuestionar”, dijo el Dr. Marzio Babille, Representante de UNICEF en Chad.

Reforzar el papel de las mujeres es un factor importante para hacer frente a la violencia y consolidar la paz en Chad. La esperanza reside en los esfuerzos de madres como Oumarou, la Sra. Narhodji y la Sra. Tchangle, pero necesitan un apoyo continuo en la tarea de hacer frente a la violencia de género y al abuso de niñas y mujeres en sus propias comunidades.


 

 

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