Chad

La disminución del nivel de las aguas del Lago Chad aumenta el peligro de la desnutrición y las enfermedades

Por Shantha Bloemen

BOL, Chad, 9 de febrero de 2011 – Cuando Yakowra Malloum entra a la residencia del Sultán, en el centro de Bol, su presencia inspira respeto. Con la cabeza cubierta por un pañuelo de colores intensos y los brazos decorados con un elaborado diseño floral pintado con alheña, la Sra. Malloum se parece mucho a las demás mujeres que se han reunido allí al atardecer de un día caluroso. Sin embargo esta mujer, una farmacéutica que trabaja desde hace 20 años en el Ministerio de Salud, es muy diferente a las demás integrantes del grupo.

VÍDEO (en inglés): Jonah Fisher, de UNICEF, informa sobre la crisis de la desnutrición en la región que rodea el Lago Chad, cuya superficie se contrae desde hace varias décadas debido a la disminución del nivel de las aguas.

 

Siendo aún una niña, Yakowra Malloum se enfrentó a sus padres al negarse a contraer matrimonio a los 12 años y al continuar sus estudios. Hoy se encuentra aquí porque quiere hablar sobre un reciente brote de cólera que causó 174 muertes e infectó a más de 6.000 personas y para que las mujeres le hablen de su situación.

La Sra. Malloum ha regresado a Bol, su ciudad natal, como integrante de un equipo de UNICEF que se instalará aquí para combatir diversos problemas de salud, como el cólera y la desnutrición, que están cobrando un número cada vez mayor de víctimas entre los niños y niñas del distrito.

El agua es la vida

Chad, un país sin litoral de África central, tiene unos 11 millones de habitantes, de los cuales más de la mitad son menores de 18 años. Se trata de uno de los países más pobres del mundo. Hace tiempo, cuando el Lago Chad era una de las mayores reservas de agua dulce del continente, Bol estaba ubicada en sus orillas. Pero desde 1960, el tamaño del lago se ha reducido en un 95% y según los científicos, si no se toman medidas con carácter urgente desaparecerá en los próximos 20 años.

Imagen del UNICEF
© UNICEF video
La desnutrición se ha convertido en un problema cada vez más grave debido a la contracción del Lago Chad, que era una de las mayores masas de agua dulce de África.

La Sra. Malloum recuerda la época en que Bol era un importante puerto comercial, con aguas suficientemente profundas para recibir embarcaciones de considerable calado.

“Cuando yo era joven, éste era un sitio hermoso, donde abundaban el agua y los alimentos”, comenta la integrante del equipo de UNICEF mientras recorre el lecho seco de un río que, en otras épocas, fluía desde el lago. “El agua es la vida, y ahora que falta, la gente sufre. Aunque la población local depende de la agricultura, no hay suficiente pasto para alimentar a las vacas, que han dejado de dar leche”.

Debido a ello, aumenta la desnutrición en la región, al igual que en el resto de Chad, donde la carencia de alimentos causa una tercera parte de las muertes de menores de cinco años.

Planes de riego

Ahmat Tidjani Boukar, alcalde de Bol, cree que la situación se relaciona directamente con el cambio climático.

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Desde 1960, el tamaño del Lago Chad ha disminuido en un 95%. Según los científicos, el lago podría desaparecer en un plazo de 20 años.

“Es verdad que hay problemas con la gestión del agua y que parte de las aguas del lago se desvía a otro sitio”, señala. “Pero es evidente que esas no son las razones principales de la crisis. Año tras año hemos ido perdiendo más y más agua del lago, y quienes sufrimos las consecuencias somos nosotros, los africanos, especialmente los que vivimos en esta región”.

Desde hace 20 años, los ingenieros agrónomos han estado diseñando sistemas de riego para aumentar la capacidad productiva de la región del Lago Chad. Hasta la fecha, esos esfuerzos han logrado que la superficie regada aumente a 140.000 hectáreas, entre ellas las 30.000 que reciben agua mediante un sistema de bombas eléctricas que se puso en marcha en 2005. Sin embargo, el nivel de las aguas del lago es demasiado bajo para que los sistemas de riego obtengan los resultados deseados y, en lugar de aumentar, la producción agrícola de la región ha disminuido. La situación ha empeorado aún más debido a que desde hace años llueve muy poco en toda la región, donde se calcula que la producción de alimentos ha sufrido una reducción de 35.000 toneladas por año.

Tras señalar que las vidas de entre 20 y 30 millones de personas dependen del Lago Chad, el alcalde de Bol dice que “a medida que el lago va desapareciendo, más y más hombres chadianos emigran a países vecinos en busca de empleo”.

Debates lejanos

La Sra. Malloum, por su parte, está profundamente preocupada por los niños, niñas y mujeres que permanecen en la región.

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Las vidas de entre 20 y 30 millones de personas dependen del Lago Chad, y a medida que éste va desapareciendo, se acelera el proceso de desertificación y se agrava el problema de la desnutrición.

“Las mujeres chadianas tienen pocas opciones”, señala. “En muchos casos se trata de madres que contrajeron matrimonio cuando aún era niñas y comenzaron a tener hijos de inmediato. La mujer chadiana promedio da a luz seis niños. Por lo general, carece de poder de decisión sobre la salud y la educación de sus hijos y requiere permiso del padre para tomar decisiones. Cuando los hombres se alejan, esas mujeres quedan atrapadas, a la espera del poco dinero que ellos envían”.

En octubre de 2010 se llevó a cabo en N’Djamena, la capital de Chad, una reunión de la Comisión de la Cuenca del Lago Chad, a la que asistieron también dirigentes de los países vecinos y donde se anunció un compromiso de otorgar prioridad a la preservación de lo que queda del lago. En diciembre se llevó a cabo en Cancún, México, una reunión de expertos internacionales cuyo objetivo consistió en elaborar acuerdos mundiales sobre respuestas al problema del cambio climático.

Los pobladores de la región del Lago Chad guardan la esperanza de que esos debates lejanos generen políticas que conserven su medio ambiente y que les suministren agua potable y medios de subsistencia sustitutivos que protejan el futuro de sus hijos.

La lucha contra la desertificación

Pero hay quienes se niegan a cruzarse de brazos y esperar que lleguen soluciones de afuera. Una de esas personas es Saleh Sougoubu, de 25 años, que encabeza una pequeña agrupación local llamada Asociación de Protección del Medio Ambiente. La organización está constituida por medio centenar de jóvenes que plantan árboles en las aldeas más afectadas por la desertificación. La Asociación tiene un pequeño vivero en las afueras de Bol, donde se cultivan plántulas autóctonas.

“Creemos que podemos combatir la desertificación plantando árboles”, afirma Saleh Sougoubu. “Tenemos que trabajar intensamente para convencer a los pobladores acerca de la importancia de los árboles y de su protección”.


 

 

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