Chad

UNICEF y sus aliados responden a una situación de emergencia causada por la sequía y la desnutrición en Chad

“Si no llueve, moriremos”

MAO, Chad, 24 de enero de 2011. Tras pasar cuatro semanas internada en el centro de alimentación del hospital, Fatime, de cinco años de edad, pesa ahora 7 kg, la mitad de lo que debería pesar una niña de su edad. Se trata de una buena noticia.

VÍDEO: Dailo Alli, de UNICEF, informa sobre la creciente situación de emergencia alimentaria que amenaza a los niños y niñas de Chad, y sobre el apoyo que brinda UNICEF a las labores de prevención y tratamiento de la desnutrición aguda en ese país africano.  Véalo en RealPlayer

 

Cuando llegó al centro, casi inerte en brazos de su madre, Halima Owye Fatime pesaba mucho menos aún. Dos hermanos suyos ya habían muerto debido a enfermedades relacionadas con la desnutrición. Preocupada por la posibilidad de perder a sus otros dos hijos, la madre los llevó a lomo de camello hasta la ciudad de Mao, en una travesía de cientos de kilómetros por el desierto del Sahel.

“Al principio estaba muy asustada, porque Fatime tenía fiebre y diarrea”, cuenta la mujer mientras le da leche terapéutica a su débil hija. “Pero sé que todo lo que sucede está en manos de Dios, de manera que tengo fe en Él”.

Los Owye son una familia nómada. El padre de Fatime se dedicaba a la compraventa de camellos, pero como resultado de las recientes sequías, se quedó sin recursos para mantener a los animales. La familia no sabe nada de él desde hace siete meses, cuando partió hacia Libia en busca de trabajo.

Desnutrición aguda

Imagen del UNICEF
© UNICEF Chad/2010/Bloemen
Zara Abakar, de 20 años, junto a sus cuatro hijos, uno de los cuales recibe atención médica en un centro de nutrición de Chad que cuenta con el apoyo de UNICEF.

Según cálculos de UNICEF, la desnutrición afecta a uno de cada tres niños del distrito de Kanem, donde vive la familia Owye y que está situado en la región septentrional de Chad. Un reciente estudio conjunto de UNICEF y la Organización Mundial de la Salud (OMS) indicó que las tasas de desnutrición aguda de la región del Sahel superan generalmente el 15%, que según la OMS es el indicador mínimo de una situación de emergencia alimentaria.

El hambre es un problema que aqueja hace tiempo al Sahel, una franja del territorio africano que se extiende al sur de la región del Sahara. Desde hace una década, la zona del Sahel recibe cada vez menos lluvias, un fenómeno que disminuye la producción de alimentos para la población humana y de forraje para el ganado. Según cálculos gubernamentales, en 2010 se produjeron en el distrito de Kanem unas 8.000 toneladas de alimentos, una cantidad que sólo cubre las necesidades de la población durante cuatro meses.

“No se han producido lluvias y por eso no hemos podido cultivar nada”, comenta Zara Abakar, de 20 años de edad. Madre de cuatro niños, uno de los cuales recibe tratamiento en un centro de alimentación, Abakar agrega que carece de medios para comprar alimentos. Su marido, al igual que el padre de la familia Owye y muchos otros hombres del distrito, se ha alejado de la región en busca de empleo. Una vez por año, regresa a ver a su familia con el poco dinero que obtiene como obrero de la construcción o realizando modestas operaciones comerciales.

Un sistema eficiente de atención de la salud

Todas esas circunstancias han dado lugar a una crisis alimentaria a la que resulta difícil responder.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Chad/2010/Bloemen
Un grupo de madres con sus hijos en una clínica comunitaria de Chad, donde UNICEF colabora con el Ministerio de Salud y varias ONG aliadas para detectar los casos de desnutrición infantil y tratar a los niños afectados.

“Las distancias son enormes y en la región no hay caminos, sino apenas senderos en la arena que sólo pueden seguir quienes conocen el desierto”, explica John Ntambi, Especialista en Nutrición de UNICEF.

El problema se agrava aún más debido a las deficiencias del sistema de atención de la salud del país. El distrito de Kanem por ejemplo, sólo cuenta con cinco médicos para tratar a 350.000 habitantes, lo que significa que hasta las enfermedades tratables pueden adquirir carácter mortífero.

Clínicas comunitarias

UNICEF colabora con el Ministerio de Salud de Chad y con sus ONG aliadas para ampliar la red de clínicas comunitarias que cuentan con los elementos y el personal necesarios para detectar los casos de desnutrición infantil y tratar a los niños afectados. En Chad ya funcionan 204 centros de alimentación, lo que constituye un aumento de 145 centros con respecto a los que existían en 2009.

Esas clínicas constituyen la primera línea de ataque en la lucha por salvar vidas o prevenir que los niños y niñas caigan gravemente enfermos, como la pequeña Fatime. El centro de salud de Mampal, en el distrito de Nokou, es una de esas clínicas. Allí, unas 20 mujeres esperan turno sentadas sobre el piso de cemento junto a sus hijos. Aunque la clínica dista sólo 25 km del hospital de Mao, llegar este último requiere viajar varias horas a lomo de asno o camello a través de las arenas del desierto. Y esa demora puede representar la diferencia entre la vida y la muerte del paciente.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Chad/2010/Bloemen
El personal médico mide la circunferencia del brazo de un niño para determinar su estado nutricional. UNICEF brinda apoyo a un original programa de prevención de la desnutrición aguda que se aplica de manera experimental en Chad.

El personal del centro de salud de Mampal pesa a cada niño y si descubre que tiene un peso inferior al normal para su edad le entrega a la madre raciones de Plumpy’nut, un alimento a base de una pasta de sabor dulce que se confecciona con cacahuetes, aceite de cacahuete, leche en polvo y azúcar, además de vitaminas y suplementos minerales.

Plumpy’nut, que se distribuye en paquetes cuyo contenido tiene unas 500 calorías, no requiere refrigeración ni es necesario agregarle agua.

“No hemos cosechado nada”

Desde julio, esas clínicas en primera línea de ataque también ponen en práctica un original programa experimental destinado a prevenir la desnutrición aguda. El programa suministra una ración semanal de Plumpy’nut a todos los niños cuyas madres dejan de amamantarles de manera exclusiva entre los seis meses y los dos años de edad, que es cuando los niños corren más peligro de sufrir desnutrición. Hasta la fecha, se ha entregado el alimento terapéutico a unos 23.000 niños y niñas.

Sin embargo, mientras el viento siga depositando en el Sahel grandes cantidades de arena que arrastra desde el desierto del Sahara, la región seguirá sufriendo la actual crisis alimentaria.

“Ya no llueve, y si no llueve, moriremos”, afirma Hedeta Maina, de 70 años de edad, mientras recorre con la mirada la arena que cubre su aldea en Nokou y recuerda los días en que el Sahel estaba cubierto de vegetación y abundaban los camellos, las cabras y hasta los animales salvajes.

“No sabemos qué vamos a hacer. No hemos cosechado nada y nos hemos quedado sin ganado”, añade la mujer. “Lo único que podemos hacer es rezarle a Dios y quizá conseguir alguna ayuda”.


 

 

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