República Centroafricana

Un espacio seguro para el aprendizaje en un país acosado por la violencia

Serengino Nicolette Divina asiste a un espacio temporal de aprendizaje establecido por UNICEF en el Monasterio Boy Rabe, en Bangui, República Centroafricana.  Descarga este vídeo

 

Por Guy Hubbard

En la República Centroafricana, donde una crisis de violencia, desplazamiento e inestabilidad ha llevado al cierre de muchas escuelas, los espacios temporales de aprendizaje de UNICEF están ayudando a niños como Nicolette, de 13 años, a continuar su educación.

BANGUI, República Centroafricana, 20 de agosto de 2014 – En los jardines del Monasterio Boy Rabe, en Bangui, se escuchan los sonidos de los niños que cantan, cuentan y recitan sus lecciones. Con casi dos tercios de las escuelas cerradas en la República Centroafricana debido a la lucha y la inestabilidad, el monasterio se ha convertido en uno de los 144 espacios temporales de aprendizaje que UNICEF ha puesto en marcha en todo el país.

Serengino Nicolette Divino, de 13 años, huyó a un campamento cercano con su familia después de que los rebeldes atacaran su vecindario.

“Los selekas regresaron el domingo”, dice, refiriéndose a las fuerzas rebeldes que tomaron el poder brevemente el año pasado y no han dejado desde entonces de sembrar la violencia y el miedo. “Cuando regresaron yo no lo sabía, había ido a comprar el pan para el almuerzo y luego me iba a ir a la escuela. Cuando fui a comprar el pan, comenzaron con amenazas. Mi padre dijo que volviera a casa y no saliera. Cuando volví a la casa, había selekas matando y masacrando gente, y saqueando. Por eso mi padre dijo que no podíamos quedarnos en nuestro vecindario”.

Imagen del UNICEF
© UNICEF Video
Una niña escribe en una pizarra mientras sus compañeros observan en un espacio de aprendizaje temporal en Bangui.

Huyeron a un campamento cercano, pero allí no había seguridad para que Nicolette volviera a la escuela, por lo que su padre, que insistía en que su hija reanudara su educación, trasladó de nuevo a la familia, esta vez a un campamento cerca del monasterio Boy Rabe.

“Me dijo que no podía volver a nuestro barrio ni ir allí a la escuela”, dice Nicolette. “Le dijo eso a mi madre. Mi madre dijo que había empezado a funcionar una escuela en el monasterio, así que por eso vine aquí, para poder estudiar”.

Una violencia omnipresente

En la República Centroafricana hay cerca de 508.800 personas desplazadas internamente. Sólo en Bangui, hay 83.800 desplazados que viven en 43 sitios. Si bien la situación en la capital se ha calmado considerablemente, los incidentes esporádicos de violencia hacen que la gente todavía no se sienta lo suficientemente segura como para regresar a sus hogares.

Como miembro de la Operación Sangaris, la fuerza de mantenimiento de la paz dirigida por Francia, el capitán Michaël encabeza una unidad en el barrio PK12, que es notoriamente inestable. Dice que le sorprende constantemente la rapidez con que la situación puede deteriorarse.

“Lo que es muy sorprendente es la omnipresencia de la violencia, que se produce en plena luz del día”, dice. “El 29 de marzo tuvimos un terrible ejemplo de ello, cuando una gran cantidad de civiles resultaron heridos en PK12. El trauma duró un tiempo, y muchos padres se negaron a enviar a sus niños a la escuela. Llevó al menos tres semanas para que la gente se sintiera de nuevo segura, incluso a pesar de que había sangaris presentes allí”.

El deseo de la paz

Junto con la construcción de espacios temporales de aprendizaje, UNICEF también ha estado trabajando con sus aliados para proporcionar a los campamentos de desplazados agua potable y mosquiteros.

Pero para la mayoría de la gente, el verdadero deseo es la paz. La violencia, el trauma y la incertidumbre han durado demasiado tiempo.

Incluso Nicolette, que quiere continuar sus estudios, crecer, encontrar un trabajo y cuidar a sus padres, quiere sobre todo una cosa: “Que la paz regrese a nuestro país”, dice.


 

 

Fotografía UNICEF: Educación

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